Alarma en el césped de Nueva York: crecen dudas sobre el campo que albergará la final del Mundial

La Copa del Mundo de 2026 presume estadios futuristas, tecnología de punta y una inversión multimillonaria. No obstante, a menos de un mes de la final, una de las mayores preocupaciones del torneo está bajo los pies de los futbolistas.
El césped del Estadio de Nueva York-Nueva Jersey, sede de la final del 19 de julio, ha comenzado a generar dudas entre jugadores y entrenadores que ya disputaron encuentros en el inmueble. Las críticas no apuntan a la visibilidad, al clima o a la organización.
Apuntan directamente al terreno de juego. Brasil fue el primer equipo en levantar la voz.
Luego de enfrentar a Marruecos en East Rutherford, Vinicius Junior describió una superficie lenta y complicada para desarrollar el futbol que pretende su selección. Días después, Francia encontró sensaciones parecidas.
Didier Deschamps eligió cuidadosamente sus palabras, aunque su mensaje resultó evidente. El entrenador francés definió el campo como una superficie "especial".
Adrien Rabiot fue menos diplomático y afirmó que por momentos parecía más un campo artificial que una cancha de césped natural. Las observaciones han resultado incómodas para la FIFA porque llegan precisamente en el escenario que albergará el partido más importante del torneo.
La organización respondió defendiendo el trabajo realizado durante más de cinco años para adaptar los estadios estadounidenses a las exigencias del futbol internacional. Según la FIFA, las 16 sedes mundialistas presentan condiciones excelentes y cumplen con todos los estándares de rendimiento y seguridad.
La discusión, no obstante, no es nueva. Ya durante el Mundial de Clubes de 2025 varios equipos habían expresado inquietud por la calidad de algunas superficies utilizadas en Estados Unidos.
El estadio de Nueva York-Nueva Jersey fue uno de los inmuebles observados con mayor atención debido a que originalmente fue diseñado para futbol americano y requiere una transformación completa para albergar partidos de futbol. Para el Mundial, la FIFA instaló una superficie traída desde Carolina del Norte, respaldada por sistemas especiales de drenaje, ventilación y riego.
El objetivo era garantizar una cancha capaz de soportar las altas temperaturas del verano y una intensa carga de partidos. Aun así, los signos de desgaste han aparecido temprano.
Durante los encuentros disputados en East Rutherford es habitual observar cuadrillas de mantenimiento trabajando contrarreloj. Entre los tiempos del partido entre Francia y Senegal, trabajadores ingresaron para reparar zonas castigadas, retirar material seco y regar nuevamente el campo antes de la reanudación.
Cada intervención refleja la importancia que tiene la superficie para el éxito del torneo. Después de todo, la final todavía está a varias semanas de distancia y antes deberán disputarse otros seis partidos en el mismo escenario.
Cada encuentro representará una nueva prueba para un césped que se encuentra bajo observación constante. La FIFA sostiene que no existe motivo de alarma.
Jugadores y entrenadores, en cambio, continúan formulando preguntas. Y en una Copa del Mundo donde los detalles suelen definir campeonatos, ninguna pregunta parece más importante que la que apunta directamente al suelo donde se coronará el próximo campeón del mundo.
Información de Excélsior (México). Edición y redacción: Noticias Today.
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