SAN PEDRO.— Existen muchas maneras de homenajear a los padres en su día. Algunos lo hacen con un regalo, otros con un abrazo, una visita o un simple “te quiero”.

En Terciados Paraíso, rodeado de caminos terrados, chacras y montes, el homenaje adopta una forma muy especial, la de continuar una obra de vida. Es el caso de los hermanos Mattje, quienes decidieron seguir el camino que inició su padre hace más de tres décadas, transformando el esfuerzo de una familia en un legado que hoy beneficia a decenas de productores.A sus 75 años, Ilvo Mattje observa con emoción el fruto de una vida marcada por el sacrificio.

Oriundo de Brasil, llegó a la Argentina junto a su familia cuando la región todavía carecía de energía eléctrica, los caminos eran apenas senderos y la comunicación dependía más del caballo que de cualquier otro medio. En aquel escenario, entre jornadas interminables de trabajo manual y una realidad dura para los pequeños productores, nació el sueño de mejorar la calidad de vida de las familias rurales a través del cooperativismo.Una historia pioneraLa historia inició mucho antes de que existieran oficinas, sucursales o fábricas.

Empezó en la tierra colorada, entre manos callosas y la convicción de que el trabajo colectivo podía abrir oportunidades donde parecía no haberlas. Durante años, Ilvo trabajó en la chacra, en el obraje y en distintas actividades para sostener a su familia.

Junto a su esposa inculcó a sus hijos una enseñanza simple pero profunda: el trabajo dignifica y la palabra vale."Mis padres trabajaron muy duro para sostenernos, darnos de comer y brindarnos educación. Desde chicos nos enseñaron la cultura del trabajo.

No como una obligación, sino como una forma de vida", recuerda Airton Mattje (53), hoy presidente de la potente Cooperativa Agropecuaria y Forestal de Paraíso Limitada.Mientras su padre recorría colonias y participaba en reuniones detrás de alternativas para los productores, los hijos crecían y observaban el ejemplo silencioso de quien nunca dejó de creer en un proyecto colectivo.La semilla de la actual cooperativa inició a gestarse a principios de los 90. Primero fue una asociación de productores porcinos integrada por una docena de familias de Paraíso y Fortaleza.

Las dificultades para comercializar la producción impulsaron una nueva idea, la de crear una cooperativa que permita negociar en mejores condiciones y generar oportunidades para quienes viven en la producción de las chacras.El camino estuvo lejos de ser sencillo. Hubo proyectos que fracasaron, trámites interminables y obstáculos económicos.

No obstante, la perseverancia pudo más. Luego de reorganizar la iniciativa y convocar nuevamente a los productores, la cooperativa obtuvo su aprobación en 1994.Pequeños pasos y expansiónA partir de entonces comenzaron los pequeños pasos que, con el tiempo, se transformaron en grandes avances.

Llegaron proyectos de semillas, acciones para recuperar suelos, herramientas para mejorar la producción y distintas iniciativas destinadas a fortalecer a las familias rurales. “Eran cosas pequeñas, pero cada paso servía para mejorar la calidad de vida de los productores”, recuerda Ilvo quien hoy disfruta los logros en la tranquilidad del campo y algunas actividades que todavía realiza en su chacra con entusiasmo y vigor.Con los años, la entidad amplió sus actividades. Participó en programas de apoyo a la producción yerbatera durante tiempos difíciles, promovió la producción de maíz y avanzó hacia la elaboración de alimentos balanceados para la ganadería.

Lo que nació como una modesta iniciativa rural logró expandirse más allá de los límites de la colonia.En la actualidad, la cooperativa cuenta con presencia en Paraíso, San Pedro y Andresito. Asimismo, comercializa sus productos en distintas localidades de la provincia y recibe productores de lugares como Dos de Mayo y San Vicente.

Su estructura involucra a catorce trabajadores vinculados directamente a los servicios de la entidad ya una treintena de pequeños productores que abastecen con maíz a la fábrica de alimentos balanceados. No obstante, detrás de cada logro existe una historia de sacrificio pocas veces contada.Ilvo dedicó gran parte de su vida a la cooperativa sin percibir remuneración.

Durante años llevó a cabo gestiones, viajes y trámites convencidos de que el proyecto valía la pena. Incluso sufrió un grave siniestro vial cuando transportaba documentación vinculada a la actividad cooperativa."Casi me morí en ese accidente.

Hasta hoy siento las secuelas. Muchas veces salía de madrugada, caminando con dos muletas y un paraguas bajo la lluvia para llegar al colectivo y cumplir compromisos en Posadas.

No quería perder ninguna oportunidad para la cooperativa", relata con la voz quebrada.Las lágrimas aparecen cuando recuerda aquellos años difíciles. No son lágrimas de tristeza.

Son la emoción de quien mira hacia atrás y comprende que el esfuerzo tuvo sentido. “Estoy agradecido porque valió la pena”, resume.Airton, el mayor de los hijos, conoce cada uno de esos sacrificios porque los vivieron desde adentro. Fue socio fundador con apenas 18 años y fue testigo de las dificultades que enfrentaron los productores para sostener la organización.

"He visto el sacrificio enorme que hicieron muchos padres de la colonia. Todo se construyó con recursos propios.

No había ayuda. Había que hacer las cosas con lo que se tenía", recuerda.

También reconoce que uno de los mayores aprendizajes que les dejó su padre fue la honestidad. "La palabra empeñada, la transparencia y el trabajo correcto fueron valores que siempre nos transmitió.

Mi papá pagó caro muchas veces por confiar en las personas, pero nunca dejó de actuar según esos principios".Unión y continuidadEse legado hoy se refleja en la continuidad familiar. De los seis hijos de Ilvo, tres eligieron vincularse directamente con la cooperativa.

Airton ocupa la presidencia, Cristian se desempeña en la sede central de Paraíso y Raúl trabaja en la sucursal de San Pedro. A ellos se suman hijos de otros socios fundadores que también decidieron continuar el legado de sus padres."Trabajar en familia es un orgullo.

No todas las familias logran mantenerse unidas detrás de un objetivo común. Nosotros seguimos juntos gracias a la educación que recibimos de nuestros padres", afirma Airton.Mientras habla, Ilvo escucha en silencio.

Su rostro refleja cansancio, pero también satisfacción. El mismo hombre que alguna vez recorrió caminos de tierra buscando oportunidades para los productores hoy observa cómo sus hijos continúan aquella tarea.En una época donde muchas historias rurales quedan invisibilizadas, la de los Mattje recuerda que detrás de cada emprendimiento exitoso existen personas que apostaron cuando nadie más lo hacía.

Personas que trabajaron sin horarios, que soportaron crisis, y que nunca abandonaron sus convicciones. En el Día del Padre, el mejor homenaje para Ilvo no llegó en papel de regalo.

Llegó en forma de continuidad.