RÍO GALLEGOS.— Con una mirada analítica que contrapone las urgencias del corto plazo con las tendencias estructurales, el especialista calificó la gestión actual con un ocho, argumentando que se atacaron los problemas centrales que arrastraba el país. El paciente macroeconómico: del estancamiento a la corrección Para comprender el escenario actual, Tiscornia propone levantar la perspectiva y mirar la película completa desde el quiebre de ciclo en 2011. “Desde 2011 en adelante, todos los indicadores macroeconómicos de la Argentina han sido malos“, puntualizó, recordando que el empleo asalariado privado formal estuvo estancado durante 13 años y que la generación de puestos de trabajo se refugió de manera artificial en el sector público o en modalidades de menor calidad como el monotributo.

Bajo este diagnóstico, el economista defiende el actual cambio de rumbo como algo positivo y necesario. Si bien reconoce que toda transformación genera costos y tensiones, considera que, en términos históricos, el impacto actual es moderado.

El economista Camilo Tiscornia analizó el rumbo económico de la Argentina. El “Yin y Yang” de la economía: Inflación a la baja vs.

Costo de servicios El análisis de Tiscornia desmenuza la aparente contradicción entre la desaceleración inflacionaria y la persistente dificultad de los hogares para llegar a fin de mes. La clave, según explica, radica en una distorsión que arrastra un cuarto de siglo: el precio de las tarifas públicas (luz, gas, agua y transporte).

La herencia de las tarifas pisadas Desde la salida de la convertibilidad en 2002, los sucesivos gobiernos (con la excepción de la gestión de Macri) utilizaron el poder político para congelar estos valores. Esto beneficiaba el bolsillo inmediato del consumidor, pero destruía las cuentas públicas del Estado.

Respecto al mercado laboral, Tiscornia relativizó el salto de la desocupación comparándolo con crisis anteriores: “Si te vas a la década del 90, en el 95 ya tenías 12% de desempleo y saltó al 17%, para terminar en 2002 arriba del 20%. No es ni por casualidad el tipo de situación que estamos viviendo”.

Asimismo, anticipó que el empleo del futuro mutará hacia los servicios y los complejos vinculados a las ventajas comparativas del país (cadena agroindustrial, minería y energía), dejando atrás estructuras manufactureras rezagadas tecnológicamente o sostenidas por un proteccionismo artificial con precios astronómicos. El dilema cambiario y la escasez de crédito Consultado sobre el debate del atraso cambiario y la permanencia de restricciones financieras (cepo), el director de Tiscornia & Asociados relativizó el impacto de la brecha cambiaria actual, que se ubica en torno al 5%.

Para el economista, el destino final de la economía argentina debe ser un régimen de flotación libre, un objetivo hacia el cual se avanza de manera gradual. En otro orden, explicó que la falta de crédito bancario en el país -que apenas representa un 10% del PBI- excede las decisiones de tasas del corto plazo y responde a una profunda desconfianza histórica y a la falta de seguridad jurídica.

Balance y asignaturas pendientes Para concluir, Tiscornia justificó su calificación de 8 para el equipo económico señalando que se modificaron variables esenciales que explicaban el declive de los últimos 50 años. Para alcanzar una nota de excelencia, el analista concluyó que el Gobierno requiere avanzar decididamente en dos frentes específicos: acelerar la convergencia hacia la total flotación cambiaria sin restricciones y mejorar de manera sustancial la gestión operativa y la eficiencia del propio Estado.