SALTA.— El herpes zóster, conocido popularmente como "culebrilla", es una enfermedad infecciosa causada por la reactivación del virus de la varicela-zóster, el mismo que provoca la varicela durante la infancia. Aunque suele asociarse con personas mayores, puede afectar a cualquier individuo cuyo sistema inmunológico se encuentre debilitado.Si bien no existen estadísticas provinciales debido a que no se trata de una enfermedad de notificación obligatoria, especialistas consultados por El Tribuno coincidieron en que se trata de una patología frecuente en la práctica médica cotidiana y cuyo diagnóstico temprano resulta clave para evitar complicaciones severas.Según datos de la Sociedad Argentina de Dermatología, a nivel nacional se estima una incidencia de tres casos cada mil habitantes, equivalente al 0,3% de la población.

Asimismo, se calcula que entre el 1% y el 2% de las consultas dermatológicas corresponden a patologías virales, entre las que el herpes zóster ocupa un lugar destacado.Un virus que permanece de por vidaLa doctora Alejandra Falú, especialista en dermatología y vice decana de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad Nacional de Salta (UNSa), explicó que el virus permanece en el organismo durante toda la vida luego de la infección inicial por varicela."El virus de la varicela-zóster queda alojado en los ganglios nerviosos sensitivos y permanece latente durante años. No todas las personas que tuvieron varicela desarrollarán herpes zóster, pero sí conservan el virus en su organismo", indicó.La especialista aclaró que estos ganglios nerviosos no deben confundirse con los ganglios linfáticos que suelen inflamarse durante otras infecciones."La reactivación del virus depende fundamentalmente del estado inmunológico del paciente.

Cuando existe una disminución de las defensas, el virus puede volver a activarse y manifestarse como herpes zóster", explicó.Entre los principales factores desencadenantes se encuentran el envejecimiento, enfermedades como el VIH, tratamientos oncológicos, diabetes mal controlada y situaciones de estrés intenso.El estrés, un factor cada vez más frecuenteFalú destacó que el estrés se ha convertido en uno de los principales desencadenantes observados en los consultorios."Muchas veces vemos pacientes que desarrollan herpes zóster luego de atravesar situaciones emocionalmente complejas como la pérdida de un familiar, problemas laborales, mudanzas o períodos de gran presión psicológica", aseveró.Como ejemplo, recordó el caso del entrenador de la selección argentina, Lionel Scaloni, quien dio a conocer haber padecido herpes zóster luego de el Mundial de Qatar 2022 en un contexto de enorme desgaste físico y emocional. "El estrés deteriora la respuesta inmunológica y facilita la reactivación del virus", remarcó.

Cómo reconocer los primeros síntomasUno de los aspectos más importantes de la enfermedad es identificar los síntomas iniciales para comenzar el tratamiento dentro de las primeras 72 horas.La dermatóloga explicó que la enfermedad suele iniciar con una fase denominada "prodrómica", caracterizada por ardor, dolor, hormigueo o sensación de pinchazos sobre una determinada zona de la piel.Posteriormente aparece un enrojecimiento cutáneo sobre el que se desarrollan pequeñas vesículas agrupadas, similares a las de la varicela. "Las lesiones siguen el trayecto de un nervio sensitivo, por eso suelen presentarse en forma de banda o faja sobre un lado del cuerpo", indicó.Las localizaciones más frecuentes son el tórax, el abdomen y el rostro.

La evolución habitual dura entre tres y cuatro semanas. Durante los primeros diez días las vesículas se transforman en costras hasta completar el proceso de cicatrización.Las complicaciones que más preocupanAunque en muchos casos la enfermedad evoluciona favorablemente, existen complicaciones que pueden afectar seriamente la calidad de vida.Una de las más importantes es el compromiso de los nervios craneales cuando las lesiones aparecen en la cara.

"Si el herpes afecta el nervio trigémino puede comprometer la visión o la audición. Por eso, cuando aparece en el rostro, el tratamiento debe iniciarse de manera urgente", advirtió Falu.Otra de las complicaciones más frecuentes es la neuralgia posherpética, una secuela caracterizada por dolor persistente incluso después de que las lesiones hayan desaparecido.

"Puede quedar un ardor o dolor permanente durante meses e incluso años. Hay casos documentados en los que la intensidad del dolor ha provocado intentos de suicidio", alertó.Por esta razón, los especialistas recomiendan iniciar rápidamente el tratamiento antiviral para disminuir el riesgo de desarrollar esta complicación.

El tratamiento: antivirales y control médicoLos medicamentos antivirales constituyen la principal herramienta terapéutica.Aciclovir, valaciclovir y famciclovir son algunos de los fármacos utilizados para frenar la replicación viral. "Lo ideal es comenzar el tratamiento dentro de las primeras 72 horas desde la aparición de los síntomas", explicó la especialista.Asimismo, suelen indicarse antiinflamatorios y complejos vitamínicos del grupo B para proteger los nervios afectados.En los casos de neuralgia posherpética también puede utilizarse pregabalina, un medicamento frecuentemente empleado en neurología para el manejo del dolor neuropático.

Una enfermedad que obliga a buscar causas subyacentesLos especialistas remarcan que el herpes zóster no debe considerarse únicamente una afección dermatológica.Su aparición puede ser una señal de alerta sobre otros problemas de salud. "Cuando un paciente consulta por herpes zóster es fundamental investigar qué factor provocó la disminución de sus defensas", explicó Falu.Por ello, suelen solicitarse estudios de laboratorio para evaluar glucemia, enfermedades inmunológicas, infecciones como VIH y otros factores asociados.

"La aparición del herpes muchas veces permite detectar enfermedades que hasta ese momento no habían sido diagnosticadas", indicó. El riesgo de las infecciones secundariasOtro aspecto que preocupa a los profesionales es la posibilidad de sobreinfecciones bacterianas.Las lesiones provocadas por el virus alteran la barrera protectora de la piel y facilitan el ingreso de bacterias.

"Si el paciente se rasca o manipula las lesiones puede desarrollar infecciones secundarias que requieran tratamiento antibiótico y dejen cicatrices permanentes", advirtió.Por ello recomiendan mantener una adecuada higiene de la zona afectada y evitar la automedicación. La vacuna, una herramienta clave para la prevenciónMaría Paula Herrera, infectóloga, jefa del Programa de Infecciones Asociadas al Cuidado de la Salud del Ministerio de Salud Pública de Salta, destacó la importancia de la vacunación como estrategia preventiva.Explicó que en la actualidad existe una vacuna específica contra el herpes zóster recomendada principalmente para adultos mayores de 50 años y personas inmunocomprometidas."La reactivación del virus ocurre con mayor frecuencia después de los 50 años y puede generar neuralgia posherpética, una complicación muy incapacitante", indicó.La vacuna se aplica en dos dosis y ha demostrado una elevada eficacia para reducir tanto la aparición de la enfermedad como sus formas graves.No obstante, aclaró que en la actualidad no forma parte del Calendario Nacional de Vacunación, por lo que debe adquirirse de manera particular.Hábitos saludables para reducir el riesgoLos especialistas coinciden en que, asimismo de la vacunación, existen medidas que ayudan a disminuir el riesgo de reactivación viral.Entre ellas destacan: realizar controles médicos periódicos, mantener controladas enfermedades crónicas como la diabetes, practicar actividad física regularmente, mejorar la calidad del sueño, incorporar técnicas para el manejo del estrés, mantener una alimentación equilibrada, evitar el consumo de tabaco y consultar tempranamente ante síntomas compatibles."Cada persona encuentra distintas herramientas para reducir el estrés.

Puede ser actividad física, caminatas, yoga, meditación o técnicas de respiración. Lo importante es cuidar la salud integral", remarcó Falu.

Diferencias con el herpes simpleDurante la entrevista, la especialista también aclaró una confusión frecuente entre la población.El denominado "beso de la araña", que suele aparecer en los labios cuando una persona atraviesa situaciones de estrés, corresponde al herpes simple y no al herpes zóster.Aunque pertenecen a la misma familia viral, son enfermedades diferentes.El herpes simple también permanece latente en el organismo y puede reactivarse por estrés, exposición excesiva al sol o disminución de las defensas."Cuando es muy recurrente puede requerir tratamiento con aciclovir, pero se trata de un virus distinto al que produce la varicela y el herpes zóster", explicó. Una enfermedad cada vez más observadaLa Sociedad Argentina de Dermatología advirtió que la incidencia del herpes zóster se encuentra en aumento y que constituye un motivo de consulta cada vez más frecuente.Se estima que el 95% de la población estuvo expuesta al virus de la varicela-zóster durante la infancia y que aproximadamente el 30% de esas personas podría desarrollar herpes zóster en algún momento de su vida.Frente a este escenario, los especialistas insisten en la importancia de reconocer los síntomas tempranos, consultar rápidamente y adoptar medidas preventivas que permitan evitar complicaciones potencialmente incapacitantes."El tratamiento oportuno marca la diferencia.

Cuanto antes se consulte, mayores son las posibilidades de evitar secuelas y lograr una recuperación completa", concluyó Falú.