A un año del asesinato del opositor nicaragüense Roberto Samcam, su esposa, Claudia Vargas, lo recuerda de muchas formas, pero sobre todo desde los rasgos más íntimos de su personalidad. Rememora su sentido del humor, sus risas y su capacidad para conectar con la juventud.

A los jóvenes, dice, les dedicaba tiempo y atención. Conversaba con ellos y escuchaba sus inquietudes, porque estaba profundamente comprometido con la tarea de preparar el relevo generacional, convencido de que el futuro de su país dependía de quienes vendrían después de él.Para Claudia, Roberto fue mucho más que la figura que durante el último año acaparó los titulares en periódicos costarricenses y medios internacionales; mucho más que uno de los rostros más visibles de lo que considera la represión transnacional ejercida por la dictadura nicaragüense, comandada por Daniel Ortega y Rosario Murillo.“Roberto no puede ser reducido únicamente a esa forma de morir, sino a toda la complejidad que significó vivir y actuar en medio de contextos tan turbulentos como los que nos tocó atravesar (...) Era demasiado grande para poder silenciarlo.

Roberto sigue siendo demasiado grande, aún después de su asesinato, para poder silenciarlo. No lo van a poder silenciar”, reflexiona.“Era un ciudadano comprometido con su país, con la democracia.

Fue una persona que atravesó la historia de Nicaragua como protagonista. Tomó la decisión de no quedarse al margen de la historia, de no ser un espectador”, agregó.Esa convicción, según cuenta, marcó el compás de su vida.

Samcam era un mayor retirado del Ejército Popular Sandinista (EPS), con estudios militares de artillería terrestre en la Escuela de Artillería de las Fuerzas Armadas de Cuba. Esto lo llevó a desempeñar varias jefaturas militares, entre ellas, la de operaciones de artillería del Ejército.De la milicia se retiró; no obstante, años después, cuando percibió que las bases democráticas en Nicaragua estaban bajo amenaza, regresó a la vida política pública.En 2018, durante las protestas en el país vecino, Samcam denunció el uso de armamento militar contra manifestantes y ciudadanos armados “únicamente con su bandera”.

En 2019 publicó un primer ensayo titulado: “Uso de armas de guerra en la crisis de abril por el régimen de Daniel Ortega”. Tanto en Nicaragua como desde el exilio, se mantuvo activo en sus señalamientos contra la dictadura.El disidente nicaragüense fue asesinado el 19 de junio del 2025 en su propia casa, en Moravia, donde residía junto a su esposa e hija.

El presunto homicida logró llegar hasta la puerta de la vivienda, llamó el extranjero por su nombre y de inmediato lo acribilló.La Dirección de Inteligencia y Seguridad (DIS) tuvo conocimiento de que la vida del exiliado corría peligro. En setiembre de ese mismo año, el fiscal general de la República, Carlo Díaz, confirmó que una de las líneas más fuertes de investigación apuntaba a un crimen político.

El pasado 10 de junio el Ministerio Público formuló la acusación contra cuatro hombres, sospechosos de ejecutar por encargo el homicidio del disidente, y a una mujer de pagar parte de la operación criminal. Todos permanecen detenidos.La pieza acusatoria sostiene que personas aún no identificadas contrataron a los acusados para acabar con la vida del general en retiro y que existió una “promesa remunerada” para ejecutar el crimen.Un año de resistencia“Estaba todavía en el condominio tratando de entender el sinsentido de lo que había pasado, el asesinato de Roberto.

Estaba esperando que me dieran las llaves del condominio, que sacaran el cuerpo, que bajara mi hija de donde había estado sosteniendo la mano de su padre y yo dije: ‘Lo que querían hacer era silenciar a Roberto y me dio a conocer el mandato político del silenciamiento’”, aseveró la esposa del exmilitar este viernes, durante un conversatorio en la Universidad de Costa Rica.“No me van a callar. Callarme sería asumir una victoria sobre el cuerpo de Roberto, sobre el mío, sobre toda la resistencia y el exilio’”, agregó.Lejos de replegarse, Vargas afirma que en el último año ha convertido la palabra en una forma de resistencia.“Hemos tratado de colaborar con este país (Costa Rica), nos hemos organizado, hemos ideado estrategias para seguir resistiendo, hemos convertido a Costa Rica en una trinchera de lucha.

Hemos hecho círculos de escucha, hemos hecho círculos de paz, hemos conformado organizaciones de la sociedad civil”, aseveró. Desde la muerte de Roberto, cuenta que, junto a un grupo de nicaragüenses en el exilio, han construido también espacios para mujeres feministas, redes intergeneracionales de resistencia y otros frentes de lucha desde los cuales continúan hablando de lo que ocurre en Nicaragua.Lo han hecho, explica, desde el cariño y el amor, guiados por un sentido de preocupación por el otro que se intensificó mucho más luego de la muerte de Roberto.“Hemos hecho una cantidad de cosas increíbles para ser percibidos nada más como refugiados políticos (...) Este exilio, asimismo viene de la violencia y de una medida fuerte, de una resistencia feroz que ha cruzado la frontera para atentar contra nuestras vidas”, aseveró.“Le estamos diciendo al mundo que nuestra resistencia tiene el fundamento político del amor, y desde el amor estamos resignificando esta lucha”, concluyó.