El optimismo que trajo el viernes en Bolivia un acuerdo de paz entre el Gobierno y los manifestantes que hace más de 50 días exigen la renuncia del presidente Rodrigo Paz se desvaneció pronto. En la madrugada del sábado, horas después de la firma del documento que intentaba poner fin a una crisis que ha dejado 14 muertos, según la Defensoría del Pueblo, el mandatario decretó un estado de excepción por 90 días que permite el despliegue de las Fuerzas Armadas para “restablecer el orden público”.

La decisión es una respuesta al rechazo del movimiento campesino indígena, uno de los pilares de los movilizados, a la negociación de paz con el Gobierno entablada por otra de las bases de las protestas, la Central Obrera Boliviana (COB).Seguir leyendo