La amenaza productiva del "Súper Niño"

No existe discusión entre los climatólogos sobre si habrá o no Fenómeno de El Niño. Porque la temida condición climática empezó oficialmente la semana pasada.
La conversación hoy es si se tratará de un escenario fuerte o extremo. Y los números apuntan a lo peor, al que llaman “Súper Niño”. “El Niño-Oscilación del Sur” (ENSO por su sigla en inglés) es el nombre oficial de este fenómeno, que normalmente trae a Chile fuertes lluvias en la temporada invierno-primavera y calor extremo en el verano.
Todo a partir de un alza en la temperatura de la superficie marina, en la zona ecuatorial del océano Pacífico, superior a los 0,5 grados. Y esta condición ya sucedió, según expresó el 11 de junio la estadounidense Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA por su sigla en inglés): “el sistema acoplado océano-atmósfera reflejó el inicio de las condiciones de El Niño”, al evaluar la temperatura superficial del océano en el Ecuador, que se elevó 0,7 grados.El modelo matemático del NOAA anticipa que El Niño se intensificará durante el verano austral de 2026-27, pero la peor predicción es que “existe un 63% de probabilidad de un El Niño muy fuerte entre noviembre y enero”.“Los modelos estacionales sugieren que el evento en desarrollo probablemente sea uno de los cuatro más intensos registrados en los últimos 50 años.
Es decir, que alcanzaría a la categoría conocida como ‘Súper Niño’. La última vez que tuvimos un evento así fue el 2015-2016″, advierte Raúl Cordero, profesor de la Universidad de Santiago.El climatólogo comenta que estos fenómenos duran en la actualidad cerca de 12 meses, entre el segundo semestre de un año y el primero del siguiente, por lo que se prevé que El Niño dure hasta el otoño austral de 2027.Con la certeza de que el fenómeno ya está en desarrollo, pero con las dudas respecto a cuán intenso será y cuánto tiempo se prolongará, tanto la ciudadanía como los sectores productivos del país deberán estar atentos a su evolución.
No obstante, lo ocurrido antes puede dar cuenta de cómo la economía al menos podría resentirse.Y las empresas están analizando riesgos y adelantándose para aminorar impactos, especialmente en aquellas zonas geográficas que normalmente son afectadas: norte y centro-sur de Chile.Pesca, la que recibe el primer golpeComo El Niño es un fenómeno que parte en el océano, son justamente los sectores asociados al mar, como la pesca, los que observan sus primeros efectos. El sector asume que El Niño es un fenómeno recurrente, que se ve cada cierto número de años -6 o 7 años en general, pero esta vez el último fue en 2023-24-, por lo que saben a qué atenerse. “Lo que se afecta principalmente es a la zona norte, donde se captura anchoveta.
Primero le afecta a Perú y luego a Chile”, explica Héctor Bacigalupe, gerente general de Sonapesca.Ante el calentamiento del oceáno, los bancos de anchoveta, la pesca más utilizada para harina de pescado, viajan desde Perú al sur en busca de mejor temperatura y salinidad. Y cuando las condiciones impactan al norte de Chile, los cardúmenes se van a profundidades mayores, por lo que no se puede capturar. “El año de El Niño es muy malo en captura, puede bajar en 70% la anchoveta en el norte”, dice Bacigalupe.Según un estudio del Instituto de Fomento Pesquero del 2017 sobre la evolución de captura de anchoveta, en los años cuando se ha producido El Niño las capturas han descendido violentamente: 1982-83, 1987, 1997-98, 2002-03 y 2015-16.
Esta última temporada marcó un mínimo de 236 mil toneladas, su peor año desde 1997-98, cuando registró 141 mil toneladas.En Sonapesca explican que, dada la reducción de los desembarques en estos eventos, las flotas deben destinar más esfuerzo para localizar los cardúmenes. Para ello, empresas como Corpesca, la mayor pesquera del norte, filial de Empresas Copec, ha incorporado tecnología: un modelo predictivo que permite determinar las áreas con mayor probabilidad de pesca, a través de una plataforma de big data que integra variables como datos satelitales, biológicos, de navegación, geográficos y pesqueros.Ahora, en la industria dicen, y las estadísticas los acompañan, que cuando una mala temporada como la de El Niño pasa, al año siguiente viene uno normal o incluso uno muy bueno. “Es algo con lo que la industria ha sabido convivir”, asegura Bacigalupe.El problema es que el fenómeno no sólo afecta al norte, sino también a la zona centro-sur, donde el 85% de la operación pesquera es de jurel.
Y esta especie ha exhibido un comportamiento anormal durante la temporada de pesca hoy en desarrollo, que ha implicado que los industriales han capturado sólo el 30% de la cuota asignada. Una situación que aunque no se plantea como consecuencia directa de El Niño, ya sucedió en 2015, justo antes de que se produjera el fenómeno.“Desde diciembre de 2025 comenzamos a observar la presencia de aguas más cálidas frente a la costa chilena y también peruana, una condición oceanográfica anómala que modifica el hábitat habitual de especies pelágicas como el jurel y altera su distribución”, advierte el director ejecutivo del Instituto de Investigación Pesquera (Inpesca), Aquiles Sepúlveda.
El alza de la temperatura superficial provoca la migración de los bancos de jureles en busca de más profundidad o de aguas más frías, como sucedió en 2016.“En estos últimos dos meses, hemos visto algunas señales preocupantes en la pesquería de la anchoveta del norte y en el jurel en la zona centro-sur”, advierte Ricardo García, gerente general de Camanchaca. “La mayor temperatura ha hecho que los peces se dispersen y busquen la temperatura que les corresponde, a mayor profundidad, lejos del alcance de la pesca”, acota. Cuenta que en las zonas habituales de trabajo ahora se observan peces pequeños que no pueden capturarse, lo que ha afectado su operación: una disminución del 50% frente al nivel de un año normal, que los obligó a cerrar la planta de conserva de jurel en Coronel. “Este fenómeno de El Niño no se presentaba con esta magnitud, desde 1997″, asegura.Ahora, en la pesca más asociada al consumo humano cotidiano, como la merluza, no se observan afectaciones hasta ahora. “Normalmente, los fenómenos oceanográficos que ocurren en la superficie no afectan el fondo, son dinámicas oceanográficas distintas”, explica Marcel Moenne, gerente general de Pacific Blu.Tampoco se prevé impactos en mariscos, salvo en ostiones, que, cuando sube la temperatura del mar, reacciona con una alta reproducción, lo que podría generar sobreoferta y un impacto sobre el precio, explica Bacigalupe.Salmón, a la expectativaAnteriores ocurrencias de El Niño han modificado “las condiciones oceanográficas a través de múltiples mecanismos: alzas de temperatura superficial del mar, reducción del oxígeno disuelto, proliferación de floraciones algales nocivas y alteraciones en la circulación de masas de agua”, explica el gerente general de SalmonChile, Tomás Monge.
La industria salmonera ha sufrido las consecuencias de estas condiciones, especialmente en la fase de cultivo de mar, que es cuando se concentra la mayor biomasa de salmones. Ante escenarios de reducción de oxígeno o de floraciones de algas nocivas, están expuestos a grandes mortalidades de peces, como la ocurrida en Chiloé, que alcanzó las 40 mil toneladas, en 2016, justamente en un año con presencia de El Niño.Esa temporada fue la de peor producción salmonera de los últimos 10 años, con sólo 728 mil toneladas.
En 2025, registró un récord de 1,14 millón de toneladas.Ante la certeza de encontrarse frente al fenómeno climático y luego de las graves crisis que les tocó enfrentar, el sector ha debido desarrollar planes de prevención.“La industria trabaja sobre la base de información proveniente de organismos técnicos, reportes meteorológicos y oceanográficos, asimismo del monitoreo propio que realizan las empresas en sus operaciones. Esto permite anticipar escenarios, reforzar medidas de vigilancia y mantener una mirada preventiva frente a eventuales cambios en las condiciones ambientales”, explica Alejandra Bustamante, directora de estudios aplicados del Consejo del Salmón.
Por ejemplo, en Salmonchile presentan su Programa de Monitoreo de Fitoplancton, que cuenta con un centenar de estaciones de muestreo, desde la Región de Los Lagos hasta las zonas más australes, que permite identificar tempranamente floraciones algales riesgosas. Asimismo, se han ido realizando actividades de coordinación con autoridades, como la semana pasada, cuando en Aysén se llevó a cabo un simulacro de una mortalidad masiva de salmones.
Eléctricas en la incertidumbre Un sector que depende de cómo se comporte El Niño en términos de precipitaciones, es decir, cuándo y cuánto llueva en la zona centro-sur del país, es el de la generación eléctrica, a través de centrales hídricas.Porque si el agua cae masivamente en el periodo tradicional, es decir, entre julio y septiembre, podría mejorar de manera importante la capacidad de los embalses, asegurando energía para la temporada seca, con buenas reservas de nieve en la cordillera para la época de deshielos, que parte en octubre. Pero si las lluvias tardan en llegar y se concentran a fines de año, podrían generar complejidades, pues se dificulta su almacenaje y amenaza con vertimientos.Una fuente especializada de una eléctrica comenta que como hoy el fenómeno se manifiesta débil y “se proyecta que su mayor desarrollo ocurra hacia fines de año, fuera de la temporada de precipitaciones más relevantes, se estima un aumento moderado de lluvias durante la segunda mitad del invierno”.
Previendo una temporada de lluvias retrasada, los embalses en la actualidad se encuentran bajos, por lo que cuentan con la capacidad de almacenamiento suficiente para enfrentar eventuales crecidas, según comentan en la industria. El Coordinador Eléctrico Nacional cuenta, en todo caso, con un sistema de proyección de caudales con siete días de adelanto, lo que permite advertir en caso de superávit de agua.
Y ante crecidas, es rol de la Dirección General de Aguas con las empresas coordinar una posible apertura de compuertas, para aminorar el riesgo de inundaciones.Agro, lluvias para bien o para malUna posible crecida de río podría golpear a un rubro que depende mayoritariamente del clima: la agricultura, y dentro de ella, principalmente la frutícola, que se concentra en la zona centro-sur, donde El Niño normalmente golpea con lluvias violentas.Entre los productores de fruta, la preocupación es grande, dice el presidente de Fedefruta, Víctor Catán.Porque si se cumple el escenario que auguran, de precipitaciones fuertes a partir de agosto y hasta noviembre, la fruta exportable podría presentar daños en su floración e incluso en su cosecha temprana. Claro, si las lluvias son en invierno, es lo normal, y siempre es gratificante tener agua en abundancia para regar los campos.“Si las lluvias se producen antes de la floración, no produce tanto daño, pero si son durante la floración, se producen problemas de hongos”, dice Antonio Walker, presidente de la SNA y fruticultor. “Y si El Niño llega después de la floración (entre agosto y octubre), tiene un impacto importante en la calidad de toda la fruta: la posibilidad de tener pudriciones, fruta blanda o con machucones son muy altas”, agrega.Una de las situaciones más adversas es la expansión de hongos, que se multiplican en ambientes húmedos.
Y las eventuales inundaciones. Walker comenta que, entre la fruta, la que posee carozo es más sensible a la humedad excesiva, como la cereza, duraznos, ciruelas o damascos, que las rosáceas, como la manzana o la pera.
También son sensibles la uva tanto de mesa como vinífera. Cuando se presentó El Niño la última vez, en la temporada 2023-24, las pérdidas sólo en cerezas fue del orden del 25% de la producción, especialmente en las variedades más tempranas.
Y hubo pérdidas totales en especies como uva de mesa por inundaciones.Y si se considera que después de las lluvias, vienen heladas, si estas se producen más hacia fines de año, “el daño podría ser terrible”, dice Catán.Por ello, se está sugiriendo a los productores elaborar estrategias preventivas con medidas como aplicación de fungicidas para evitar los hongos así como limpieza de canales y desagües para aminorar las posibles inundaciones.Bosques: se agudizan los incendiosLa industria forestal, pese a que recibe bien la lluvia pues sus bosques sólo se riegan con ella, también corre riesgos. Por dos escenarios que puede traer consigo El Niño.
Las mayores lluvias provocan mayor desarrollo de pastizales, que es una reserva de combustible en caso de fuego. “Un periodo más lluvioso puede generar más pastizal y cierto material fino, que podría ser condición más propicia para la propagación de los incendios, lo que requiere más protección silvícola”, explican desde Arauco.Y normalmente, el fenómeno eleva las temperaturas en el verano, añadiendo otro factor de riesgo para una temporada de incendios que normalmente llega hasta marzo, pero que podría prolongarse hasta mayo del próximo año.“En una condición climática de Niño, tiende a ocurrir que los parámetros críticos se agregan y son muy explosivos: los incendios tienden a ser mucho más grandes y las propagaciones son mucho más rápidas”, advierte Rafael Correa, gerente de bosques Chile en CMPC.Y en un país en que las condiciones climáticas se suman a una alta intencionalidad, la cantidad de focos se puede tornar inmanejable, pese al combate conjunto de los siniestros entre privados y el Estado.Por ello, ambas compañías, las mayores forestales del país, han debido desarrollar fortaleza de prevención y combate, invirtiendo en equipos y tecnología, pero también en limpieza de desechos forestales y pastizales para evitar al máximo la carga de combustible. E incluso en estrategias casi bélicas para anticiparse a posibles incendios, como los llamados copamientos, explica Correa de CMPC, donde la firma concentra sus recursos en determinados lugares que la tecnología le ha señalado como los más probables donde pueda ocurrir un incendio.
Información de La Tercera (Chile). Edición y redacción: Noticias Today.
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