Europa no debe invitar a los talibanes

Mientras mujeres y niñas afganas son detenidas en las calles de Herat por su forma de vestir, Europa debate la posibilidad de recibir a representantes talibanes en espacios políticos e institucionales. Esta contradicción plantea una pregunta incómoda pero necesaria: ¿cómo puede una democracia abrir sus puertas a quienes han convertido la discriminación de las mujeres en una política de Estado?Las recientes detenciones de mujeres en Herat por supuesto "incumplimiento" de las normas impuestas por los talibanes provocaron indignación dentro y fuera de Afganistán.
Testimonios e imágenes difundidas en redes sociales muestran a mujeres arrestadas en plena calle. No obstante, varios de esos vídeos revelan algo aún más inquietante: muchas de las mujeres detenidas aparentemente cumplían con las normas de vestimenta exigidas.
Esto evidencia que no se trata de una simple aplicación de reglas, sino de un uso arbitrario del poder, en el que cualquier pretexto sirve para controlar, intimidar y castigar.No se trata de incidentes aislados. Es parte de un sistema.
Desde su regreso al poder en agosto de 2021, los talibanes han desarrollado una política sistemática de exclusión. Han prohibido la educación secundaria y universitaria para las niñas, han restringido el acceso al trabajo, han limitado la movilidad de las mujeres y las han expulsado progresivamente de la vida pública.
Lo que vemos hoy no es una situación temporal, sino la consolidación de un modelo de Estado basado en la discriminación institucionalizada.Las mujeres afganas ya no son ciudadanas con derechos plenos. Son tratadas como personas cuya existencia misma debe ser regulada.
En este contexto, las detenciones en Herat no son hechos puntuales: son mensajes. Cada arresto envía una señal clara de control absoluto sobre sus vidas.A esta represión se suma un discurso cada vez más agresivo desde sectores religiosos afines al régimen.
En recientes sermones del viernes, algunos mulás (líderes religiosos) calificaron las protestas —tanto dentro como fuera de Afganistán— en apoyo a las mujeres de Herat como "hipocresía" y "sedición". Insistieron asimismo en que el uso del hiyab es obligatorio e incuestionable.
Este tipo de lenguaje no solo legitima la represión, sino que intenta desacreditar cualquier forma de resistencia civil.Pero lo que resulta igualmente preocupante es el contexto internacional en el que ocurre todo esto. Mientras las mujeres son perseguidas, Afganistán ha ido desapareciendo progresivamente de los titulares informativos.
El país que durante años ocupó la atención de los medios internacionales, hoy apenas figura en las noticias. Este silencio mediático no es neutro: contribuye a invisibilizar el sufrimiento de millones de mujeres y facilita que decisiones políticas controvertidas pasen desapercibidas.Es precisamente en este contexto donde surgen propuestas para invitar a representantes talibanes a espacios europeos.
Y ahí es donde la contradicción se vuelve aún más evidente.Ante esta realidad, miles de afganos que vivimos en Europa decidimos alzar la voz. El 4 de junio nos manifestamos frente oficina del Parlamento Europeo en Madrid.
El 13 de junio volvimos a concentrarnos frente a la sede de la televisión española RTVE. Protestas similares tuvieron lugar en Alemania, Finlandia, Francia, Canadá y otros países.En este contexto, las protestas en Madrid y otras ciudades europeas han tenido un mensaje claro.
En la concentración frente a la televisión española, ciudadanos afganos residentes en Madrid mostraron su solidaridad con las mujeres y los manifestantes de Herat, condenando la represión de las protestas pacíficas, así como la violencia ejercida contra la población civil. En el manifiesto leído durante la movilización, denunciamos que, durante casi cinco años, los talibanes han impuesto un sistema de exclusión basado en la privación de derechos fundamentales, especialmente contra las mujeres, lo que múltiples expertos ya califican como apartheid de género.
Asimismo, exigimos a las instituciones internacionales —incluidos la Unión Europea, el Gobierno de España y Naciones Unidas— que no solo intensifiquen la presión política y jurídica sobre este grupo, sino que eviten cualquier forma de legitimación. De manera explícita, los manifestantes reclamamos la cancelación de cualquier invitación a los talibanes a foros internacionales, subrayando que toda interacción política con este régimen, sin tener en cuenta la situación de derechos humanos, supone ignorar el sufrimiento de millones de afganos.
Nos oponemos a cualquier invitación a los talibanes, bajo cualquier forma, nombre o justificación.Nuestra protesta no fue contra un concepto abstracto, sino contra una realidad concreta: la normalización progresiva de un régimen represivo. Para nosotros, cualquier invitación —política, técnica, académica o institucional— representa un paso hacia la legitimación de un sistema que viola los derechos humanos de forma sistemática.Los talibanes no son un interlocutor neutral.
Son responsables de uno de los sistemas de discriminación más severos contra las mujeres en el mundo actual. Por ello, cada vez más juristas y organizaciones hablan de "apartheid de género".
Nombrar esta realidad no es retórica: es reconocer una estructura de exclusión profundamente arraigada.Invitar a los talibanes, en cualquier formato, implica ignorar esta realidad. Implica tratarlos como un actor legítimo mientras millones de mujeres son privadas de derechos fundamentales.
No se trata de matices diplomáticos. Se trata de principios.Los afganos que vivimos en Europa no pedimos condiciones ni fórmulas intermedias.
Pedimos algo claro: que no se invite a los talibanes.Porque cada invitación tiene consecuencias. Cada reunión, cada foro, cada fotografía institucional envía un mensaje.
Y ese mensaje llega a Afganistán. Llega a las mujeres que no pueden estudiar, trabajar o vivir libremente.
Llega a las mujeres detenidas en Herat, incluso cuando cumplen normas impuestas. Y lo que ese mensaje transmite es devastador: que quienes las oprimen pueden ser aceptados internacionalmente.Las mujeres afganas no tienen acceso a tribunas internacionales.
No pueden hablar en parlamentos ni participar libremente en los medios. Han sido silenciadas dentro de su propio país.
Por eso hablamos nosotros. Por eso salimos a las calles de Madrid y de otras ciudades.Europa no se enfrenta a una simple decisión diplomática.
Se enfrenta a una cuestión de coherencia con sus propios valores.Invitar a los talibanes no es neutralidad. Es otorgar legitimidad política.
Y eso es precisamente lo que miles de afganos hemos salido a rechazar. Las mujeres afganas merecen algo mucho mejor.
Información de 20 Minutos. Edición y redacción: Noticias Today.
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