Sábado Picante: Shirley Castañedas: un arma con doble filo

¿En la política panameña existe la prudencia, la honestidad, la solidaridad, la ética, los escrúpulos o la decencia? ¿De cuál o de cuáles de estas virtudes puede alardear la diputada de Realizando Metas (RM) Shirley Castañedas para pretender ser la nueva presidenta del Órgano Legislativo?
Si al presidente de la República le parece intrascendente que Castañedas, abogada defensora de un peligroso narcotraficante, ocupe la presidencia de la Asamblea Nacional, su brújula moral y su pragmatismo político son un verdadero desastre… salvo que haya escenas escondidas de esta película de horror. Pero, asimismo, Castañedas es ardiente defensora de Ricardo Martinelli, condenado por lavado de activos.
Esta diputada ha demostrado que los escrúpulos son una carga innecesaria en política. Su brújula puede apuntar a cualquiera de sus muy personales cuatro puntos cardinales: opulencia, conveniencia, oportunismo y egocentrismo.
Y siendo estos su camino, Mulino puede morirse de rabia, pero ella solo responderá ante ella y/o ante quien pueda darle todo lo ella quiera, y ese es Martinelli, no Mulino. Así que déjese de hipocresías, señor presidente, pues esto no es un asunto “aleatorio” para usted.
Al contrario, su actitud lo delata que cuando no se hace lo que usted quiere. Lo hemos visto estallar, incluso, en televisión.
Castañedas solo le responderá si le conviene a ella y a su cliente. Ella ha entendido velozmente el alcance de la red orgánica del poder porque tiene como maestros a lo peor de sus autores.
Ella no entiende de fidelidad, pero sí de conveniencia. No sabe de solidaridad, pero sí de egocentrismo.
Y su erudición es amplia en la banalidad y superficialidad. No le importa la suerte del país, sino la de ella y su mentor.
Cómo podría la DEA depositar confianza en un gobierno que le parece irrelevante que la presidenta de la Asamblea sea la abogada de “Jorge Rubén Camargo Clarke, conocido como Cholo Chorrillo, líder de la violenta organización criminal panameña conocida como la pandilla Bagdad…” y que “estuvo vinculado al movimiento y facilitación de múltiples toneladas métricas de cocaína con destino a Estados Unidos [y que] contribuyó directamente al flujo de narcóticos ilícitos hacia comunidades estadounidenses”, dice un comunicado de la Embajada de Estados Unidos en Panamá, publicado el pasado 6 de febrero. Si eso es una trivialidad, supongo que Mulino no habría tenido problema en aceptar a Camargo como cliente en su firma de abogados cuando ejercía la profesión, ¿o debo suponer que no lo aceptaría?
Y así hubiese sido, me pregunto cuáles habrían sido sus razones para rechazarlo y por qué, entonces, le parece una futilidad que su abogada sea la presidenta de un Órgano del Estado. En cuanto a su legado como presidente, Mulino tiene en su haber –al cumplirse el próximo 1 de julio dos años de gobierno– el rescate de la Caja de Seguro Social, que no es poca cosa.
Y salvo por la mina, no creo que haya algo más que le interese. Con eso le bastaría.
Lo demás es ganancia. Estoy seguro de que –si gana la presidencia del Legislativo– contemplaremos la ruina absoluta del Legislativo, su decadencia definitiva a causa de un profundo desgaste instantáneo.
Y, si lo pensamos bien, que gane Castañedas hasta puede ser el objetivo de Mulino. Primero, porque los ojos se desviarían del Palacio de las Garzas al Palacio Justo Arosemena; segundo, porque Mulino tendría la oportunidad de oponerse a iniciativas que llevaría la diputada a favor de su defendido y mentor –postura que lo dejaría muy bien ante la opinión pública– y porque la ruina del Legislativo sería desde dentro y perpetrado por una actriz incondicional del ladrón.
Y esa sería la mayor venganza del presidente contra su caballo de Troya: el ladrón que él mismo liberó. Pero semejante astucia tendría un costo enorme para el país, no solo en imagen, sino en institucionalidad, en seguridad y en oportunidades de desarrollo.
Un atraso, sin duda. Y dado que en Panamá no hay reelección inmediata, y con el maltrato que ha recibido Mulino de RM, bien poco le debe importar al presidente la suerte política de ese partido y la de su fundador.
Entonces, estamos en presencia de una situación inédita y compleja: el poder político partido en dos y cada extremo con ganas de destruir al otro, pretendiendo hacernos creer que no hay pareja política más feliz ni unida. Y Castañedas es el arma de ambos: uno para extorsionar al otro y el otro para encender la mecha de la implosión.
Información de La Prensa (Panamá). Edición y redacción: Noticias Today.
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