SEÑOR DIRECTOR:Chile enfrenta una contradicción difícil de ignorar. Mientras la natalidad cae a mínimos y el desempleo femenino supera el 10%, el país avanza en medidas para facilitar la conciliación entre trabajo y familia.

La discusión del proyecto de Sala Cuna Universal busca corregir una distorsión: que el beneficio dependiera de que una empresa tuviera veinte o más trabajadoras.No obstante, surge una pregunta inevitable: ¿bastará con eliminar esa barrera para resolver el problema de fondo? Durante años se remarcó que esta norma desincentivaba la contratación de mujeres.

Hoy, al eliminarla, cabe preguntarse si habrá más empleo femenino o si el mercado ajustará decisiones hacia criterios menos visibles. ¿Se contratará más talento femenino o comenzará a pesar aún más la edad fértil, tanto en mujeres como en hombres?La experiencia reciente invita a la cautela.

La ley de 40 horas modificó la organización del trabajo, pero no incrementó significativamente las contrataciones: las empresas se adaptaron, sin expandir necesariamente sus dotaciones. ¿Podría repetirse el patrón?El problema parece ser más profundo que una regulación específica.

Las barreras siguen siendo estructurales: responsabilidades de cuidado, menor flexibilidad, dificultades de promoción y trayectorias laborales más frágiles frente a la incertidumbre económica.Paradójicamente, mientras muchas organizaciones declaran escasez de talento, miles de profesionales enfrentan dificultades para reinsertarse y crecer. ¿Estamos desaprovechando capital humano?La discusión sobre natalidad y empleo femenino no es solo laboral: define el tipo de sociedad que construimos y si integramos el cuidado a la vida productiva o lo trasladamos a decisiones individuales.Carolina NeumannFundación Jaime Guzmán