La inflación: un fenómeno monetario, pero no solamente monetario
La discusión sobre la inflación en la Argentina recuperó en los últimos meses una idea clásica de la economía: que la inflación es, en esencia, un fenómeno monetario. El presidente Javier Milei y el ministro de Economía, Luis Caputo, insistieron en este concepto, señalando que la emisión monetaria para financiar el gasto público es la principal causa de los procesos inflacionarios.
La evidencia histórica argentina les da una base sólida para sostener esa posición.No obstante, para comprender plenamente la evolución reciente de los precios, es necesario observar el conjunto de variables que intervienen en el proceso monetario y no solamente la cantidad de dinero. La realidad económica es algo más compleja que una sola explicación.Durante los últimos meses, los distintos agregados monetarios mostraron una evolución muy moderada.
Algunas mediciones del dinero incluso registraron leves caídas en términos nominales durante el primer cuatrimestre del año. Esto significa que la oferta monetaria dejó de expandirse al ritmo que caracterizó a otras etapas de nuestra historia reciente.Este comportamiento resulta consistente con la desaceleración de la inflación observada en los últimos meses.
Cuando la cantidad de dinero crece menos, la presión sobre los precios también tiende a reducirse. Pero para entender completamente el fenómeno, conviene recordar la ecuación fundamental de la teoría cuantitativa del dinero: M × V = P × YEn esta identidad, M representa la cantidad de dinero; V, la velocidad de circulación de ese dinero; P, el nivel general de precios; e Y, el nivel de actividad económica o producto.Si la velocidad de circulación y la producción permanecieran constantes, cualquier aumento de la cantidad de dinero terminaría reflejándose en un incremento proporcional de los precios.
Esta es precisamente la razón por la cual los economistas monetaristas sostienen que la inflación es un fenómeno monetario. Pero la experiencia demuestra que ni la velocidad de circulación ni el nivel de actividad son variables completamente estables.La velocidad de circulación depende de las expectativas.
Cuando la población teme una aceleración inflacionaria, procura desprenderse más rápidamente de sus saldos monetarios. En ese caso, el dinero cambia de manos con mayor rapidez y los precios pueden subir aun cuando la cantidad de dinero no esté creciendo de manera significativa.
Por el contrario, cuando aumenta la confianza y mejora la demanda de dinero, la velocidad disminuye y la inflación tiende a moderarse.Algo de esto parece haber ocurrido recientemente. Luego de el repunte inflacionario registrado a comienzos de año, las expectativas volvieron a estabilizarse y la demanda de dinero mostró una recuperación parcial.
Ese cambio contribuyó a reducir las presiones sobre los precios.La tercera variable relevante es el nivel de actividad. Cuando la economía produce más bienes y servicios, una misma cantidad de dinero puede respaldar un mayor volumen de transacciones.
En consecuencia, el crecimiento económico ayuda a absorber liquidez y actúa como un factor moderador de la inflación.Las estimaciones actuales sugieren que el producto bruto interno continuará expandiéndose durante este año. Esa recuperación constituye otro elemento favorable para consolidar la desinflación.Por lo tanto, la afirmación de que la inflación es un fenómeno monetario sigue siendo esencialmente correcta.
Sin disciplina fiscal y sin control de la emisión, resulta imposible estabilizar una economía. La historia argentina ofrece innumerables ejemplos de ello.Pero también es cierto que la dinámica inflacionaria depende de otros factores que influyen sobre la velocidad de circulación del dinero y sobre el nivel de producción.
Ignorarlos conduciría a una interpretación incompleta del proceso económico.La buena noticia es que hoy los principales indicadores monetarios muestran una trayectoria compatible con una inflación cada vez más reducida. El ajuste fiscal, la eliminación del financiamiento monetario del déficit y la recuperación gradual de la confianza están produciendo efectos visibles.Todavía queda camino por recorrer.
La estabilización definitiva exige perseverancia, consistencia en la política económica y tiempo para que los cambios se consoliden. Pero los datos sugieren que la Argentina se encuentra mucho más cerca de dejar atrás el problema inflacionario que de volver a los desequilibrios del pasado.La paciencia que reclama el Gobierno no es solamente una consigna política.
Es una condición necesaria para que el proceso de estabilización complete su recorrido y permita alcanzar una inflación compatible con el crecimiento sostenido y el desarrollo económico.Orlando J. Ferreres es graduado en Economía en UBA y fue secretario de Coordinación y Programación Económica en el Ministerio de Economía
Información de La Nación. Edición y redacción: Noticias Today.
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