Senderismo en Cotacachi una aventura en el bosque Los Cedros

Ramón Nuñez El viaje empieza con una advertencia silenciosa. Apenas media hora antes de llegar a la Estación Científica Los Cedros, ubicada en el noroccidente del Cantón Ecológico Cotacachi (provincia de Imbabura), las barras de señal del celular comienzan a despedirse una a una.
Estamos en un rincón oculto en las estribaciones de la cordillera: un refugio natural que resguarda más de 6 mil hectáreas de bosque nublado dentro del megadiverso Chocó Andino. Al bajarnos, el guía nos recibe con el verdadero itinerario: nos espera una caminata de tres horas y media selva adentro para llegar al corazón de este Patrimonio Natural.
Aunque en redes sociales se advertía de un clima frío, el ambiente nos recibe fresco, sin llegar a congelar. Nos preparamos para una escalada suave.
El grupo se divide: algunos van a pie con lo justo, otros cargan equipaje pesado y los más precavidos se calzan botas de caucho. “Hay mucho lodo y arcos de agua”, nos advierten. No hay marcha atrás; formamos un solo bloque y las mulas se encargan de llevar el equipaje pesado en la retaguardia.
Turistas explorando la magia y naturaleza del Bosque Protector Los Cedros en Cotacachi. • EL COMERCIO Comienza la subida. El sendero nos envuelve en una vegetación densa de helechos gigantes y árboles imponentes que ganan terreno a cada paso.
Luego de una hora de marcha, el clima se vuelve muy cálido; el agua y los energizantes se convierten en el tesoro más preciado. Es curioso ver cómo algunos, por inercia, siguen revisando el celular, pero la pantalla solo sirve ya como un reloj para medir el tiempo.
La única distracción real es el paisaje, la naturaleza viva. El camino nos transforma en expertos A medida que avanzamos, la ruta exige más nivel.
El camino se transforma en un laberinto de rocas, lodo, plantas y pequeños troncos caídos. Los árboles forman arcos naturales que decoran el trayecto y, de repente, la neblina lo cubre todo.
El aire se siente extrañamente limpio, acompañado siempre por una brisa reconfortante. Hacemos una pausa para el refrigerio.
El grupo de periodistas, creadores de contenido y fotógrafos convocados por el Municipio de Cotacachi para este Press Trip Cotacachi 2026 empieza a mostrar el cansancio del trayecto, pero las ganas de llegar están intactas. El objetivo es claro: documentar, difundir y promover el valor ecológico, científico y paisajístico de esta zona protegida.
Hay quienes tienen mejor resistencia cardiovascular que otros, pero avanzamos juntos, al ritmo del más lento. En las pausas nacen las risas y las anécdotas: “¡Ya regresemos!”, bromea alguien; “¡Por aquí no era, era por la otra entrada!”, suelta otro.
El camino educa. Para la segunda mitad del trayecto, todos nos hemos vuelto un poco expertos: ya sabemos cómo esquivar el charco, si pasar de lado o de frente, y cómo domar las bajadas.
Algunos se arman con ramas caídas que usan como bastones, al puro estilo de Moisés. El trekking empieza a ganar adeptos y abre las puertas al potencial de la zona para el turismo de aventura y el turismo deportivo.
Esta travesía, en el futuro, se convertirá en las historias que cada uno contará al regresar a sus respectivas provincias. Los Cedros: Símbolo mundial de la defensa del territorio Finalmente, la selva se abre y llegamos a las instalaciones de la Estación Científica.
Nos recibe un área social rústica y acogedora, con asientos de madera y una pérgola perfectamente integrada al entorno. Hay repisas con libros, una mesa de ping-pong y un comedor campestre.
Luego de un refrigerio espectacular —todo natural, sin preservantes—, nos reunimos con guías, voluntarios residentes y figuras fundamentales de la estación como Zulma Sánchez investigadora, Verónica Cerpa jefe de turismo de Cotacachí para una rueda de prensa improvisada. El diálogo nos lleva inevitablemente a la memoria de Josef Decoux, el legendario fundador de este espacio.
Decoux llegó a estas tierras y, enamorado del paisaje, compró una primera finca con la firme convicción de adquirir más territorio para conservarlo. Su esfuerzo dio frutos: en 1994 se consolidó la compra del área y, para 1995, el Estado la declaró oficialmente como Bosque Protector, lo que impulsó desde entonces las ciencias y los estudios científicos.
Esa producción de ciencia fue, precisamente, la salvación del bosque. Las expertas nos relatan cómo en 2017 se otorgaron concesiones mineras que traslapaban el territorio protegido.
Frente a la amenaza, la comunidad y la estación interpusieron una acción de protección. Luego de una larga e intensa batalla legal, los cientos de estudios científicos acumulados por décadas sirvieron como el sustento irrefutable para proteger el ecosistema.
Así se llegó al hito histórico de noviembre de 2021, cuando la Corte Constitucional emitió una sentencia a favor del bosque, la cual marcó un precedente mundial en la aplicación real de los Derechos de la Naturaleza en Ecuador. A pesar de esta victoria, nos confiesan que necesitan que el turismo nacional despierte.
Paradójicamente, este paraíso que alberga cientos de especies únicas y en peligro de extinción es más conocido fuera del país por profesionales de la biología y universidades extranjeras que en el propio Ecuador. El turista local suele limitarse al circuito tradicional de los cinco destinos de siempre, pero este rincón no le pide favor a ningún destino turístico del mundo.
Después de la charla, conocemos nuestros aposentos. Son casas de madera con arquitectura tipo finca, balcones amplios y hamacas.
Hay dormitorios grupales y habitaciones para parejas, pero todos compartimos el mismo espíritu de aventura. El menú de la selva: El santuario de la biodiversidad Al día siguiente, recargamos energías con un desayuno orgánico y sumamente nutritivo: yucas, frijoles, pollo y jugos naturales.
El menú de exploración está listo: avistamiento de aves por la mañana, inmersión en la selva por la tarde y expedición nocturna. El recorrido matutino dura hora y media.
Caminamos en absoluto silencio y aguzamos el oído para localizar los cantos. Con los binoculares logramos capturar la explosión de colores de aves majestuosas como los trogones y el místico pájaro paraguas, famoso por su peculiar “corbata” larga de plumas.
Durante el trayecto, los sonidos de la fauna nos envuelven: a lo lejos se escuchan los imponentes gruñidos de los monos araña y el eco profundo de los monos aulladores. En las copas altas, logramos divisar a un grupo de monos que juegan con sus bebés y se balancean con una agilidad increíble entre las lianas.
Para entender la riqueza botánica de la zona, contamos con la guía del biólogo Bryan Vázquez Méndez, quien nos explica que Los Cedros es un edén de flora. Entre la densa vegetación de ortigas, pajas de monte e inmensos helechos, Vázquez nos revela una cifra asombrosa: existen alrededor de 300 especies de orquídeas registradas en la reserva, que incluyen fascinantes variedades de mini-orquídeas y micro-orquídeas que desafían la mirada humana.
Esta explosión vegetal es la que sostiene la vida de grandes mamíferos que habitan el bosque, como el escurridizo puma. El safari nocturno: Hongos y gigantes de la oscuridad Cuando cae la noche, la selva se transforma por completo y revela su faceta más misteriosa.
Equipados con linternas, celulares y lupas especiales, nos adentramos en “las ranadas”. El objetivo principal son las joyas del lugar: las famosas ranas de cristal, anfibios de piel tan traslúcida que permiten ver sus órganos internos.
No obstante, la noche nos depara sorpresas mucho más imponentes. En la penumbra nos topamos con arañas patonas de unos 30 centímetros de envergadura; impresionantes depredadores nocturnos que salen exclusivamente en la oscuridad para cazar.
En el suelo húmedo y sobre los troncos caídos, divisamos también caracoles gigantes de aproximadamente 7 centímetros de largo, mientras los murciélagos y enormes polillas cruzan el aire. La vida aquí no solo camina o vuela, también brota de la madera.
Al apagar las luces, descubrimos una increíble diversidad de hongos que crecen en los árboles. El biólogo nos muestra desde especies alucinógenas hasta asombrosos hongos bioluminiscentes que brillan con luz propia en la oscuridad absoluta, un paisaje que parece sacado de una película de ciencia ficción.
Al regresar al refugio, un búho posado cerca nos espera, como un guardián silencioso, para regalarnos la postal perfecta para cerrar la noche. El pulmón de la selva El broche de oro del viaje es la visita a la cascada.
Es una postal impresionante de rocas gigantes y plantas exóticas que embellecen el auténtico pulmón de este ecosistema. El agua es tan cristalina que no huele a nada más que a limpio, y nos aseguran con orgullo que se puede beber directamente de la fuente debido a su pureza.
Está helada, pero se siente como la gloria y un shot de energía pura después de la caminata. Nos tomamos fotos por doquier, hacemos tomas milimétricas y algunos vuelan drones para capturar la inmensidad del paisaje desde el aire.
Es una escena natural tan hermosa que todos guardamos el material con recelo, ansiosos por recuperar la señal en la civilización para presumir en nuestras redes el paraíso virgen en el que estuvimos.
Información de El Comercio (Ecuador). Edición y redacción: Noticias Today.
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