Los ojos de los gatos resultan tan hipnóticos que se han convertido en el epicentro de leyendas, supersticiones y no pocas obras literarias. Unas pupilas capaces de transformarse en segundos o el brillo que reflejan en la oscuridad forman parte de una de las características más reconocibles de la especie.

Precisamente por eso, muchos convivientes detectan rápidamente cuándo algo cambia. Una leve nubosidad, un tono azulado y ciertos movimientos inseguros pueden convertirse en las primeras pistas de que la visión del animal ya no funciona igual.Entre los problemas oculares más frecuentes en gatos mayores se encuentran las cataratas, una alteración del cristalino que dificulta el paso de la luz hacia la retina y puede provocar distintos grados de pérdida visual.

Aunque suelen asociarse automáticamente a la ceguera, muchas cataratas progresan lentamente y algunos gatos consiguen adaptarse durante años a cambios visuales relativamente importantes.Aun así, los especialistas insisten en que cualquier modificación visible en los ojos merece atención profesional. Algunas enfermedades oculares pueden parecer similares externamente, pero tener consecuencias muy distintas.

Asimismo, detrás de unas cataratas pueden esconderse infecciones, inflamaciones, traumatismos o patologías sistémicas que requieren diagnóstico y seguimiento.Qué son exactamente las cataratas felinasDentro del ojo existe una estructura transparente llamada cristalino, que funciona de manera parecida a la lente de una cámara fotográfica, ayudando a enfocar la luz sobre la retina para formar imágenes nítidas, pero cuando ese cristalino pierde transparencia y se vuelve opaco, aparece la catarata.El cambio puede comenzar como una pequeña mancha blanquecina o una ligera neblina visible en el interior del ojo. En algunos gatos permanece estable durante mucho tiempo, mientras que en otros evoluciona hasta ocupar buena parte del cristalino y dificultar seriamente la visión.Las cataratas pueden afectar a un solo ojo o a ambos, así como también existen diferencias importantes en la velocidad de progresión.

Algunos animales desarrollan cambios muy lentos asociados al envejecimiento y otros sufren deterioros rápidos luego de traumatismos o procesos inflamatorios intensos.Asimismo es importante mencionar que no toda apariencia azulada o blanquecina corresponde necesariamente a cataratas. En gatos mayores es relativamente frecuente observar esclerosis nuclear, un cambio relacionado con la edad que también vuelve el cristalino más opaco, pero que normalmente apenas altera la visión.

A simple vista ambas condiciones pueden confundirse fácilmente, por lo que la exploración veterinaria resulta fundamental.Por qué aparecen las cataratas en los gatosEl envejecimiento es una de las causas más habituales. A partir de los diez años aumentan mucho las probabilidades de que el cristalino empiece a degenerarse lentamente.

No obstante, no todas las cataratas aparecen por edad avanzada. La inflamación ocular crónica es otro de los factores más importantes.

Procesos como la uveítis pueden alterar progresivamente las estructuras internas del ojo y favorecer la aparición de opacidades. Algunas enfermedades infecciosas felinas también están relacionadas con este problema, entre ellas la leucemia felina, el virus de inmunodeficiencia felina, la peritonitis infecciosa felina o ciertas infecciones parasitarias como la toxoplasmosis.Los traumatismos representan otra causa frecuente.

Un golpe fuerte, heridas penetrantes, úlceras o lesiones faciales pueden desencadenar daños en el cristalino incluso tiempo después del accidente inicial.A diferencia de lo que ocurre en perros y personas, la diabetes provoca cataratas con mucha menos frecuencia en gatos. Los especialistas consideran que los felinos parecen relativamente resistentes a este mecanismo concreto de degeneración del cristalino.

También existe predisposición genética en determinadas razas, como los persas, himalayos, birmanos, bengalíes, siameses modernos, británicos de pelo corto y el azul ruso aparecen con más frecuencia en los estudios veterinarios sobre cataratas hereditarias o tempranas.En cachorros y gatos jóvenes pueden influir asimismo problemas congénitos o incluso déficits nutricionales durante el desarrollo.Las señales que suelen alertarMuchas veces el cambio más evidente es visual, ya que el ojo adquiere un aspecto nublado, grisáceo o azulado que no desaparece al limpiar la superficie ocular. Algunos titulares describen una especie de brillo lechoso o perlado.

No obstante, los cambios de comportamiento suelen ser igual de importantes. Un gato que antes saltaba sin problemas puede empezar a calcular más los movimientos, mostrarse inseguro en zonas oscuras o dudar antes de subir a determinados lugares.Otros animales se desorientan por la noche, vocalizan más o chocan ocasionalmente contra muebles y objetos.

También pueden tener dificultades para localizar el comedero, el arenero y las rutas habituales dentro de casa.Aun así, los veterinarios recuerdan que los gatos poseen una enorme capacidad de adaptación. Gracias a su memoria espacial, su oído y sus vibrisas, muchos continúan moviéndose con relativa normalidad incluso con pérdidas visuales importantes.

Precisamente por eso, algunos casos pasan desapercibidos durante mucho tiempo.¿Se pueden operar?En la actualidad, el único tratamiento capaz de eliminar realmente una catarata es la cirugía. El procedimiento más utilizado se llama facoemulsificación y consiste en fragmentar el cristalino dañado mediante ultrasonidos para retirarlo e implantar después una lente artificial.

La intervención la realizan oftalmólogos veterinarios especializados y requiere equipamiento muy específico, cuyos resultados pueden ser muy buenos y los gatos recuperan gran parte de la visión.No obstante, no todos los animales son candidatos ideales. La edad avanzada, otras enfermedades oculares o determinados problemas generales pueden hacer que la cirugía no compense los riesgos o no mejore realmente la calidad visual.

Asimismo, el postoperatorio exige mucha implicación por parte de la familia. Durante las primeras semanas suelen necesitar collares isabelinos, revisiones frecuentes y administración constante de colirios antiinflamatorios y antibióticos.En España, el coste puede variar mucho según el hospital, la complejidad y si afecta a uno o ambos ojos.

Algunas tarifas veterinarias de referencia sitúan una cirugía unilateral de cataratas alrededor de los 900 euros, mientras que intervenciones bilaterales en hospitales universitarios especializados pueden superar ampliamente los 1.500 euros.Qué ocurre si no se tratanMuchas cataratas pequeñas no generan dolor y algunos gatos viven perfectamente durante años con pérdidas visuales parciales, por eso, en determinados casos el veterinario puede recomendar simplemente seguimiento periódico y control de inflamación.El principal problema aparece cuando surgen complicaciones. Una de las más graves es el glaucoma, que ocurre cuando el cristalino alterado bloquea la circulación normal del líquido ocular y aumenta peligrosamente la presión dentro del ojo.A diferencia de las cataratas, el glaucoma sí resulta muy doloroso.

El ojo puede verse rojo, inflamado y el gato suele entrecerrarlo o mostrar claros signos de malestar. La presión elevada puede dañar irreversiblemente la retina y provocar ceguera permanente.Qué pueden hacer los cuidadores en casaNo existen remedios caseros ni suplementos milagrosos capaces de eliminar cataratas.

Los especialistas recomiendan desconfiar de productos que prometen ‘disolverlas’ sin cirugía porque no cuentan con evidencia científica sólida. Sí hay, no obstante, medidas que ayudan a proteger la salud ocular general del gato.

Una alimentación equilibrada, revisiones veterinarias periódicas y reducir el riesgo de traumatismos o enfermedades infecciosas puede disminuir algunos factores asociados.Los veterinarios también aconsejan mantener rutinas estables si el animal pierde parte de la visión. Cambiar constantemente muebles, mover el arenero o modificar recorridos habituales puede aumentar mucho la desorientación.