Los peligros del falso periodismo

¿Hay un peligro mayor que el de las noticias falsas? Sí: el falso periodismo.El país se sobresaltó ayer, en pleno Mundial, con una ola de rumores que afectaban al capitán de la selección en su costado más humano.
Las redes sociales amplificaban versiones alarmistas. Y una conductora, al frente de un programa pseudoperiodístico, dio al aire, como “información”, lo que en realidad era una noticia falsa.
No estaba verificada, no había sido sometida a ningún proceso de chequeo profesional: simplemente, se la revistió de certeza con la liviandad y la ligereza de programas que presumen de “hablar sin filtros” y que borran peligrosamente las fronteras entre charlatanería y periodismo.Hay un ecosistema comunicacional que podría considerarse marginal, si no fuera porque el poder político —y hasta grandes figuras del deporte y el espectáculo— le asignan un lugar privilegiado a la hora de conceder “entrevistas” y transmitir determinados mensajes. Lo constituyen muchos canales de streaming en los que se practica una suerte de falso periodismo.
No hay reglas profesionales, sino una especie de “todo vale”. Se mezcla contenido noticioso con un parloteo vulgar, en el que un estilo supuestamente descontracturado se confunde con una dialéctica irresponsable.
Se distorsionan los formatos de la entrevista, reemplazándolos por largas charlas de sobremesa, como si no se hablara delante de un micrófono y una audiencia, sino en la barra de un bar o alrededor de un asado. Se dan “noticias” sin chequear, se emiten opiniones sin medir las consecuencias, se hacen comentarios sin ningún rigor y se practican la burla y el bullying con rampante impunidad.Ese ecosistema no sería tan preocupante si no estuviera activamente legitimado por actores centrales del poder.
El presidente de la Nación y varios de sus ministros eligen esos canales —donde se les garantiza un confort que no ofrece ninguna entrevista periodística profesional— para transmitir mensajes, instalar agenda y esquivar el escrutinio o la pregunta incómoda. Lo mismo hacen grandes figuras del deporte y el show-business.
Se ha alimentado así un circuito en el que las reglas del periodismo ceden frente a un parloteo amigable donde la precisión no existe, la seriedad es vista como un rasgo artificial y pacato, y la responsabilidad se juzga como un corset anticuado. Los “gordos Dan”, con su carga chocante de violencia retórica, son el símbolo más acabado de este vínculo entre el falso periodismo y la política oficialista.
Otros practican el mismo “juego” desde una vereda antagónica. Los une un lenguaje común en el que se confunde desinhibición con agresión, y audacia con temeridad.En muchos programas de streaming se alterna el lenguaje liviano de la estudiantina con la jerga bravucona de las barras bravasEn ese ecosistema se transgredió ayer un nuevo límite: se anunció la muerte del padre de Messi.
Asimismo de ser falso, se lo hizo en un tono de chacoteo, sin revestirlo siquiera de la sobriedad que hubiera merecido un hecho de esa naturaleza. Esta vez, la cuestión tuvo un altísimo impacto porque involucraba a la máxima figura del fútbol argentino, justo en el momento en el que todos los ojos del mundo están puestos sobre él.
Pero la pregunta que tal vez debamos hacernos es si lo de ayer fue una excepción o un estándar repetido, o si fue exactamente un error -del que ninguno estamos a salvo- o una consecuencia natural de un modo de “jugar al periodismo” como si fuera un oficio de aventureros. ¿Cuántas veces se dicen disparates al aire en esos espacios que reivindican una comunicación anárquica, sin filtros ni reglas establecidas?
Hace poco, en uno de estos programas agraviaron al dramaturgo Pepe Cibrián con un tema tan íntimo y delicado como el de la adopción. Todo el tiempo insultan, descalifican, zamarrean y ridiculizan a cualquiera.
El caso de ayer no fue una rareza: fue la consecuencia lógica de un sistema que opera sin red y que se enorgullece de eso.El universo del streaming es heterogéneo, por supuesto, y siempre resulta injusta la generalización. Hay espacios periodísticos y profesionales que aportan diversidad y contenidos valiosos.
Pero muchos se han convertido en escenarios en los que una supuesta transgresión convive con un activismo desaforado y agresivo, y donde ex animadores televisivos practican, sin disimulo, un pseudoperiodismo militante que ha encontrado en la política su principal cliente. Muchas veces, el tono liviano de la estudiantina alterna con la jerga bravucona de las barras bravas.
En esa atmósfera, cada vez se hace más difícil distinguir dónde termina la información y empiezan las operaciones. Ese código comunicacional intenta presentarse como innovador y rupturista, aunque en realidad remite a algo tan trillado y tan antiguo como arrojar palabras al aire.
¿Es exitoso en términos de audiencia? En algunos casos sí.
Pero eso no habilita cualquier cosa ni da “licencia para matar”.El presidente Milei aprovechó ayer el impacto de este episodio para meter todo en la misma bolsa y renovar sus ataques contra la prensa profesional. En un posteo en X endosó la fake news a “la corpo basura” de “los medios de comunicación”.
El caso, no obstante, reivindica por sí solo el ejercicio de un periodismo que se ajusta a normas éticas y a rigurosos procedimientos de chequeo, edición y verificación.Ayer, con algo tan delicado como el dolor de una familia, quedó expuesto el riesgo de un falso periodismo que, en la era de las redes y la IA, intoxica la conversación pública sin medir las consecuencias. Cuando se apague el ruido, tal vez nos quede una lección: valoremos lo suficiente a la prensa profesional.
No lo hagamos por los periodistas, sino por el derecho sagrado de los ciudadanos a una información confiable, responsable y de calidad.
Información de La Nación. Edición y redacción: Noticias Today.
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