Destino: El cortometraje perdido de Salvador Dalí y Disney que tardó décadas en ver la luz
¿Qué podría surgir de la unión entre el padre de Mickey Mouse y uno de los máximos exponentes del surrealismo? La respuesta es Destino, un cortometraje tan fascinante como misterioso que permaneció inconcluso durante más de medio siglo antes de convertirse en una auténtica obra de culto.
La colaboración entre Salvador Dalí y Walt Disney parecía improbable. Uno revolucionó el arte con relojes derretidos, paisajes oníricos y símbolos imposibles; el otro transformó la animación en un fenómeno mundial con historias familiares y personajes inolvidables.
No obstante, ambos compartían una cualidad esencial: una imaginación sin límites. Fue precisamente esa fascinación por los sueños, la fantasía y lo extraordinario la que los llevó a iniciar uno de los proyectos más singulares de la historia de la animación.
La historia inició poco después de la Segunda Guerra Mundial. En 1945, durante una reunión organizada por el productor Jack L.
Warner en Hollywood, Disney y Dalí coincidieron por primera vez. El pintor español ya admiraba el trabajo del estudio Disney, especialmente las animaciones de la serie Silly Symphony, cuyas secuencias fantásticas consideraba cercanas al surrealismo.
Por su parte, Disney sentía curiosidad por la obra del artista catalán e incluso le había enviado años antes un ejemplar de su autobiografía para que se la dedicara. Aquella conversación dio origen a una idea tan ambiciosa como inusual: crear un cortometraje animado donde el universo visual de Dalí cobrara vida mediante la técnica y la experiencia del estudio Disney.
Para desarrollar la obra, Disney puso al frente al reconocido animador John Hench, quien trabajó de la mano con Dalí durante varios meses. El artista creó más de 200 bocetos y storyboards inspirados en una historia de amor que transcurría dentro de un paisaje dominado por el paso del tiempo, los sueños y las transformaciones imposibles.
El título del proyecto surgió a partir de la canción ‘Destino’, del compositor mexicano Armando Domínguez, cuya atmósfera romántica parecía encajar perfectamente con la propuesta visual. No obstante, conforme avanzaba el desarrollo, comenzaron a hacerse evidentes las diferencias creativas.
Mientras Dalí definía la obra como "una exposición mágica de la vida en el laberinto del tiempo", Disney buscaba una narrativa mucho más sencilla y accesible: una historia de amor entre un hombre y una mujer. Las ideas del pintor español eran cada vez más complejas.
En los bocetos aparecían hormigas que se convertían en ciclistas, figuras humanas que cambiaban de forma, plantas con ojos y hasta jugadores de béisbol integrados en escenarios completamente surrealistas. Aunque Disney admiraba la creatividad de su amigo, también enfrentaba dificultades económicas luego de la guerra y necesitaba concentrar sus recursos en proyectos con mayores posibilidades comerciales.
Después de invertir cerca de 70 mil dólares —una cifra considerable para la época— y sin lograr definir una versión final del corto, el proyecto fue cancelado en 1946. A pesar de ello, la amistad entre ambos nunca terminó.
Durante las décadas siguientes continuaron visitándose, intercambiando correspondencia y soñando con futuros proyectos, entre ellos una adaptación de Don Quijote de la Mancha, que tampoco llegó a concretarse. Con el paso de los años, Destino se convirtió en una especie de leyenda dentro de los estudios Disney.
Walt Disney falleció en 1966 y Salvador Dalí en 1989 sin haber visto terminado el cortometraje. Parecía que aquella colaboración quedaría para siempre como una curiosidad histórica, hasta que sucedió algo inesperado.
En 2003, Roy E. Disney decidió rescatar el proyecto.
Para ello convocó al director francés Dominique Monféry y a un equipo de animadores que utilizaron tecnología digital para completar el material original. John Hench, ya con más de 90 años, colaboró con el equipo para interpretar las notas, dibujos y la visión que Dalí había dejado décadas atrás.
El resultado fue un cortometraje de poco más de seis minutos donde relojes, desiertos, esculturas, bailarinas, sombras y criaturas imposibles se funden en una experiencia visual que combina el sello surrealista del pintor con la delicadeza de la animación clásica de Disney. Luego de su estreno en 2003, Destino fue recibido con entusiasmo por la crítica y obtuvo una nominación al Premios Óscar de 2004 en la categoría de Mejor Cortometraje Animado.
Aunque no consiguió la estatuilla, la obra fue reconocida como un valioso testimonio del encuentro entre dos de las mentes más creativas del siglo XX.
Información de Excélsior (México). Edición y redacción: Noticias Today.
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