SANTA FE.— Tomar el teléfono o escribir en la computadora un prompt, una pregunta o simplemente plasmar una idea y que la pantalla conteste, opine y cree. La Inteligencia Artificial se metió en la vida de las personas , agilizan tareas operativas y, en algunos casos, son un soporte para las tareas diarias.

El debate por el uso de la IA subyace en simultáneo a su uso. ¿Cuáles son los límites?; ¿Reemplazará por completo a la voluntad humana?; ¿Tomará el control de las máquinas?

Son apenas algunas reflexiones que los expertos ponen sobre la mesa en el ámbito académico y universitario. Esas mismas preguntas se hicieron hace seis décadas.

Con la aparición de las primeras “computadoras electrónicas”, así lo describió una crónica de El Litoral del 1° de octubre de 1965 , surgieron a la par una serie de cuestionamientos filosóficos / científicos que abrieron un debate sobre la IA. Una conferencia, una premonición El citado artículo hacía referencia a una serie de conferencias que se hicieron en Santa Fe cuya primer ponencia estuvo a cargo del ingeniero Sigfrido Lichtenthal y se llamó: “¿Existe la inteligencia artificial?”.

El evento tuvo lugar en la biblioteca Cosmopolita organizado por el Departamento de Extensión Universitaria de la Universidad Nacional del Litoral. “En resumen el nombrado expresó que con el auge de las computadoras electrónicas y otros mecanismos automáticos, surge la pregunta: ¿Hasta qué punto es posible reemplazar el intelecto humano por mecanismos artificiales?”, señalaba la crónica. Y seguía: “Una computadora, debidamente preparada por el hombre, fabricó una poesía como ésta: "Alegran dentro / playas y más playas / Un radiante anzuelo escucharé / A loas corales, a los silenciosos / Y quedando sobre los amaneceres, / adivinará tus barcas / ¡Oh, sí, fugaz gaviota! / No llames la playa”.

De inmediato, se advertía: “No obstante, aunque se parezca un poco a algún ejemplar de poesía surrealista, no debe confundirse este producto del azar con una creación auténticamente humana, guiada por un propósito de comunicación". Las herramientas de la cibernética brindan una verdadera base de comparación entre la inteligencia natural y la artificial".

En el avance del artículo, se reprodujo una frase del ingeniero Lichtenthal: "Ante todo es importante definir la inteligencia. Puede decirse que es la capacidad de tomar decisiones certeras basadas en la experiencia”.

Y agregaba: “La teoría de la información equipara la capacidad de decisión con el volumen de información que un sistema puede procesar. Utilizando la unidad de información, el BIT (definido como una decisión entre dos alternativas de igual posibilidad), puede medirse el caudal de información que los sentidos del hombre pueden absorber del medio ambiente.” “En el caso de la vista, por ejemplo, este valor está limitado por la inercia de la retina y el poder separador del ojo, que en otro orden hacen posible la televisión y la cinematografía ya que sin dicha inercia el cine aparecería como una sucesión de imágenes fijas, sin la ilusión del movimiento”, continúa el discurso del experto. “Aunque ilimitado en cantidad, el sistema nervioso central humano no aventaja a la máquina en el razonamiento abstracto, y en la formación de conceptos.

Por eso, la máquina es capaz de resolver problemas, pero sólo si éstos son planteados correctamente por el hombre", culminaba. 60 años después En la actualidad, como se expresó al principio, la IA ya forma parte de la cotidianidad de la población activa. En los servicios públicos, en las redacciones, en las oficinas las plataformas generativas ya conviven los trabajadores.

En esa convivencia es que toman relevancia los debates, las reflexiones que ya se anticiparon en la década del 60. Lo concreto, es que la IA puede servir de soporte, de ayuda e incluso de incentivo para quienes a diario afrontan el mercado laboral.