En los últimos años, Francia ha estado muy centrada en detectar las injerencias de la que considera su mayor amenaza, Rusia, aunque no ha dejado de vigilar posibles actividades de espionaje por parte de otra gran potencia: Pekín. Los servicios de inteligencia franceses han desmantelado en los últimos meses nueve de las llamadas “comisarías clandestinas” del país asiático, cuya labor consiste en vigilar a la diáspora en el país e identificar, intimidar e incluso tratar de devolver al país a los opositores al régimen de Xi Jinping instalados en territorio francés.

En Francia viven unos 600.000 ciudadanos chinos. Seguir leyendo