A las 14:46 del viernes 11 de marzo de 2011, hora local, tuvo lugar un terremoto en el océano Pacífico. Su epicentro estuvo a unos 130 kilómetros al este de Honshu, la principal isla de Japón.

Con una magnitud de 9,1, fue descomunal, acabando con la vida de más de 15.000 personas. Minutos más tarde, un tsunami con olas de hasta 40 metros llegó a tierra provocando, entre otros daños, la fusión de tres de los reactores de la central nuclear de Fukushima.

También se produjeron varias réplicas de gran intensidad. Entre tanto ruido, un grupo de investigadores detectó un fenómeno nunca documentado hasta ahora: las ondas sísmicas que generó viajaron por el interior del planeta hasta rebotar con el núcleo terrestre.

Según detallan en Science, este rebote provocó que Japón se moviera hacia el este.Seguir leyendo