Víctor Humareda: recordando al gran pintor peruano a un año más de su partidaLa pintura de UrteagaDe un día para otro, en la casa de Diego Gonzales Tovar empezaron a desaparecer los lápices y las hojas bond. Poco después, reaparecían sobre su escritorio llenas de rostros, personajes y animales fantásticos.

Diego entregaba esos dibujos a cada integrante de su familia con una dedicatoria: “Con amor, Diego”. Era el inicio de una vocación.

Había encontrado en el arte una forma de comunicarse con el mundo y decir lo que sentía.Diego tiene 42 años, es un artista con síndrome de Down, ha realizado más de cien obras y en el 2022 publicó un libro para colorear. “Dibuja desde que amanece. También escribe cartas.

Como lee y escribe, se comunica por ahí. En la mañana se sienta en la mesa del comedor, la llena de lápices y pinturas.

Pero lo que más le gusta es el carboncillo vegetal”, detalla su madre Teresa, con orgullo.Antes del óleo, del lienzo y de las exposiciones, estuvieron los rostros. Diego se interesó desde temprano por los rostros y las caricaturas, y tuvo en su familia un referente cercano: Carlos Carlín, su tío, reconocido caricaturista peruano. “En los libros de Carlín, identificaba personajes por sus rasgos, por una nariz exagerada, por una forma particular, por un gesto.

Se fijaba en los detalles mínimos”, recuerda Teresa.Hoy su producción incluye óleos en lienzo, óleos pastel sobre cartulina, caricaturas, retratos y criaturas nacidas de la imaginación.Este 18 de junio, Diego dará un nuevo paso con la inauguración de “Hipérboles, celebridades y quimeras”, su sexta exposición individual, en el Centro Cultural Ricardo Palma de Miraflores. La ruta de DiegoLa muestra reúne 43 obras seleccionadas por el curador Álvaro Roca Rey y está organizada en tres ejes: las hipérboles, vinculadas a sus caricaturas; las celebridades, donde aparecen retratos y personalidades; y las quimeras, el territorio más libre de su fantasía, poblado de dragones, escarabajos, murciélagos y otros seres imaginarios.La primera exposición individual de Diego fue en 2003, luego de terminar un curso regular de pintura en el Instituto de Artes Visuales Edith Sachs.

En 2005 expuso en el Museo de la Nación. Esa misma muestra llegó después al Museo José Carlos Mariátegui y también fue invitada a la Academia de Artes del Cusco.

En 2011, presentó otra exposición en la Biblioteca Nacional.Ahora vuelve con una muestra que, para Roca Rey, debe ser leída desde el arte y no desde la condescendencia.“No es una persona con síndrome de Down que pinta; es un artista que tiene síndrome de Down. Hay que anteponer eso”, afirma el curador.Roca Rey ha seguido el trabajo de Diego durante años.

Ha coleccionado algunas de sus obras y, en algún momento, pensó que ya había suficiente material para presentarlo nuevamente al público. Buscó un espacio y encontró en el Centro Cultural Ricardo Palma el lugar adecuado.“Diego tiene talento.

Es un pintor. Hace caricaturas, fantasías, reinterpretaciones.

No son copias, porque la copia trata de ser lo más fiel posible al original. Él trabaja y bota lo que tiene en el alma”, asegura.Roca Rey cree que la llegada de Diego al Centro Cultural Ricardo Palma es una manera de recordar que el arte no pregunta por el origen de quien lo ejecuta, sino por la fuerza de aquello que produce.“Es un paso para que la gente entienda que el arte es arte, no importa quién esté detrás.

Su obra tiene armonía, dramatismo, vivacidad, belleza. Tiene dedicación”, enfatiza.La historia de Diego conmueve porque no habla solo de un artista que dibuja, sino de alguien que encontró una forma de hablar cuando las palabras no alcanzan.

Una manera de decir, desde una hoja, desde una mesa, desde una línea oscura de carboncillo: “aquí estoy”.