La coherencia ante la derrota

La democracia no solo se fortalece cuando los ciudadanos votan, sino cuando los actores políticos respetan las reglas del juego, especialmente cuando los resultados no les favorecen.Resulta inevitable advertir la incoherencia en la conducta asumida por Juntos por el Perú al intentar cuestionar los resultados de una elección en la que, según los cómputos oficiales preliminares, no habría alcanzado la mayoría para ganar. Durante años, sectores de izquierda criticaron duramente las denuncias de fraude formuladas por sus adversarios, calificándolas como intentos irresponsables de desconocer la “voluntad popular”.
Hoy, sin ningún rubor, recurren a argumentos similares para solicitar la anulación de miles de mesas y sembrar dudas sobre la legitimidad del proceso electoral.Todo partido tiene derecho a presentar recursos e impugnaciones dentro del plazo y marco legal. Para eso existen las instituciones electorales.
Lo que resulta cuestionable es transformar esos mecanismos en una estrategia política orientada a desconocer, a través de una pataleta pública, una derrota que hasta el momento, parece reflejar con meridiana claridad la decisión expresada por los ciudadanos en las urnas.La democracia no garantiza “victorias” para nadie. Garantiza “procedimientos” transparentes y reglas iguales para todos.
Y cuando esas reglas se respetan, corresponde aceptar el resultado, aunque este sea adverso.Es igualmente importante señalar que nadie debe proclamarse vencedor antes del pitazo final. La eventual victoria de la señora Fujimori solo quedará consolidada cuando el JNE concluya el proceso, resuelva los recursos pendientes y proclame el resultado.
Ese es el camino institucional que nos corresponde. Del mismo modo que el eventual ganador debe esperar con prudencia la decisión definitiva de la autoridad electoral, el partido que resulte derrotado tiene la obligación de aceptar el veredicto.
En democracia, un voto más basta para obtener la victoria. Esa es la esencia del principio de igualdad política: cada ciudadano vale exactamente lo mismo.Los principios democráticos no pueden aplicarse de manera selectiva.
Si ayer se rechazaban las denuncias de fraude sin pruebas suficientes, hoy debe mantenerse el mismo criterio. La coherencia exige defender las instituciones cuando favorecen nuestros intereses y también cuando no lo hacen.El Perú necesita partidos que sepan competir con firmeza, fiscalizar con responsabilidad y aceptar con madurez los resultados.
La verdadera prueba del compromiso democrático no está en la victoria, sino en la capacidad de reconocer la derrota cuando así lo decide la voluntad popular.*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.
Información de El Comercio (Perú). Edición y redacción: Noticias Today.
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