POSADAS.— En una era donde el teléfono inteligente y las plataformas virtuales se consolidaron como extensiones de la rutina diaria, la delgada línea entre el entretenimiento y el desgaste psicológico es cada vez más difusa. Urbano Sonzogni, licenciado en Psicología egresado de la Universidad Católica de Santa Fe (UCSF), analizó los mecanismos diseñados minuciosamente para capturar el interés de los usuarios y cómo impactan de forma directa en la estructura cerebral y el bienestar corporal.La clave del magnetismo digital reside en la dopamina, un neurotransmisor frecuentemente asociado al placer, pero cuya función primordial está ligada a la motivación y la anticipación.

"Es la que nos impulsa a buscar las recompensas y a sostener la expectativa de obtenerla", puntualizó el profesional. Las aplicaciones explotan esta condición mediante estímulos intermitentes y azarosos: al no saber qué contenido aparecerá al actualizar la pantalla, se genera un bucle de consulta constante que, a largo plazo, altera la capacidad de atención.Si bien la dopamina se libera de forma natural ante acciones saludables como el deporte o la socialización, las plataformas digitales, las compras en línea y las apuestas virtuales ofrecen una gratificación inmediata con un costo conductual prácticamente nulo.Del tiempo de uso al contexto personalEn el ámbito de la salud mental contemporánea, los especialistas prefieren desplazar el concepto tradicional de "adicción" para hablar de consumo o uso problemático, una terminología más amplia y desprovista de estigmas.“La evidencia científica muestra que las consecuencias no dependen tanto del tiempo de utilización en sí, sino del tipo de uso y el contexto personal”, explicó Sonzogni.

En ese sentido, diferenció el "uso pasivo" -caracterizado por el desplazamiento o scrolleo automático e ininterrumpido- del "uso activo", donde el usuario crea contenido, trabaja o afianza vínculos reales.El riesgo se incrementa cuando la herramienta domina las acciones del individuo. "El problema aparece cuando el uso se vuelve automático, difícil de parar, y en donde la persona suele sentir que las redes la usan a ella, y no al revés", advirtió, remarcando la importancia de evaluar cada caso de manera particular para comprender qué carencia afectiva o necesidad intenta suplir el sujeto a través de la pantalla.El mito del descanso y la fatiga cognitivaUno de los errores más comunes radica en recurrir al teléfono celular como una vía de escape o relajación luego de una jornada de exigencia intelectual.

El psicólogo graficó este fenómeno con precisión: una persona que transcurre cuatro horas de estudio y apela al dispositivo para "despejarse", suele reincorporarse con un agotamiento aún mayor. Esto responde a que el procesamiento de los estímulos de las redes sociales demanda un costo cognitivo sumamente elevado.A este cuadro se suman otros factores de impacto psicológico:Baja autoestima por comparación: La exposición continua a perfiles editados y realidades idealizadas genera insatisfacción.

El cerebro no siempre logra discernir entre la vida real y una construcción digital intencionada.El fenómeno Fomo: El temor a quedar excluido de las tendencias o actualizaciones (Fear Of Missing Out) alimenta la necesidad de un chequeo compulsivo.Dificultad ante la frustración: La costumbre de consumir formatos breves y de digestión rápida lesiona la tolerancia al aburrimiento y dificulta el abordaje de tareas cuyos resultados requieren procesos a mediano o largo plazo.Sonzogni hizo especial hincapié en que, si bien estas consecuencias afectan a usuarios de todas las edades, las infancias y las adolescencias presentan un cuadro de mayor vulnerabilidad debido a que sus estructuras cerebrales se encuentran en pleno período de desarrollo.Menos fuerza de voluntad, más estrategiaPara contrarrestar estos efectos, el especialista desmitificó la idea de que la solución resida únicamente en el autocontrol. "Si entendemos que las redes sociales están diseñadas por ingenieros, matemáticos y distintos profesionales para maximizar el tiempo que pasamos en ellas, confiar en nuestra voluntad puede suponernos una gran desventaja", analizó.La alternativa radica en aplicar la alfabetización digital mediante conductas estratégicas:Distancia física: Al iniciar una labor que demande concentración (lectura, escritura o estudio), se recomienda apagar el teléfono o ubicarlo en una habitación diferente para discontinuar la accesibilidad inmediata.Uso con propósito: Desarrollar un ejercicio de introspección para identificar qué se busca al abrir una aplicación (recreación, validación, distracción) y evaluar alternativas más saludables para alcanzar ese objetivo.Finalmente, el psicólogo concluyó que la meta no radica en la erradicación total de la tecnología, sino en construir un vínculo más flexible, consciente y funcional con los dispositivos modernos, recomendando la consulta profesional en caso de que el proceso verifique dificultades para coordinarse de forma autónoma.