¿Te has preguntado cuál es el origen de la Ouija? La verdad de este polémico tablero va más allá de ser un portal al infierno o traer al mundo real a espíritus malignos; se trata de un juego que, por mitos y leyendas, se convirtió en un objeto del terror universal.

La ouija ha sido protagonista indiscutible de miles de historias de pijamadas, salones de clases y la excusa perfecta para poner a prueba el valor de los adolescentes. Así como una pieza central de un sinfín de producciones cinematográficas de terror que Hollywood ha explotado hasta el cansancio.

Para la gran mayoría de las personas, la Ouija es vista como una línea directa con el inframundo o, en términos más severos, como "el juego del diablo". Las advertencias religiosas, los relatos paranormales de posesiones y los mitos urbanos dictan que colocar las manos sobre la pieza móvil es abrir un portal que invita a espíritus malignos a tomar el control de nuestra realidad.

No obstante, detrás de esta historia, se esconde una realidad completamente diferente sobre el origen de la ouija y su tablero “maligno”, que lo vincula con el ingenio comercial y la fiebre de patentes de finales del siglo XIX. A finales del siglo XIX, la sociedad en Estados Unidos se encontraba sumergida en una obsesión por el Espiritismo.

Luego de los estragos de la Guerra de Secesión, que dejó miles de familias en luto, la necesidad de contactar a los seres queridos que habían partido al más allá se convirtió en una prioridad social. Las sesiones de espiritismo, las médiums y los métodos para comunicarse con las almas del purgatorio dejaron de ser prácticas clandestinas para transformarse en reuniones de salón sumamente populares entre las clases acomodadas y de clase media.

En este contexto, la médium recitaba el alfabeto en voz alta mientras el supuesto espíritu daba un golpe en la mesa al escuchar la letra correcta. Pero este proceso tomaba horas y resultaba tedioso.

Fue ahí donde la visión de negocios de un grupo de empresarios de Baltimore, Maryland, vio una oportunidad de oro. En 1890, el empresario Charles Kennard, junto con el abogado Elijah Bond y el inversionista William Fuld, decidieron unificar y simplificar los métodos de comunicación espiritual en un solo producto comercializable: la ouija.

Diseñaron una tabla de madera lisa que contenía el abecedario distribuido en dos arcos, acompañada de una pequeña pieza de madera con tres patas y una ventana transparente en el centro. Cuando acudieron a registrar el producto a la Oficina de Patentes, los inventores tuvieron que demostrar que el artefacto realmente funcionaba.

La historia cuenta que llevaron el tablero a las oficinas y, ante la mirada escéptica del funcionario, la plancheta deletreó correctamente el nombre del oficial (un dato que supuestamente los inventores desconocían). Impresionado, el examinador aprobó la solicitud, y el 10 de febrero de 1891, se otorgó formalmente la patente oficial del invento como un "juego de mesa interactivo".

El nombre de “ouija” se le designó por la cuñada de Elijah Bond, una mujer llamada Helen Peters, quien tenía una reputación local como una médium. Según la leyenda, durante una sesión espiritista en Baltimore, los presentes le preguntaron directamente al propio tablero cómo deseaba ser llamado de ahí en adelante y la plancheta se movió hasta formar la palabra "O-U-I-J-A".

Sorprendidos por la extraña combinación de vocales, los participantes de la sesión le preguntaron al tablero qué significaba esa palabra que acababa de inventar. La respuesta que el artefacto deletreó fue aún más enigmática: "Buena suerte".

Durante sus primeras cuatro décadas de existencia en el mercado, la ouija se vendía en las secciones de juguetes y entretenimiento familiar de las tiendas departamentales; incluso los anuncios publicitarios de la época la pintaban como un pasatiempo o un regalo ideal para abrir en Navidad. No obstante, la reputación de la ouija se transformó en un objeto diabólico debido al cine de terror, específicamente con la película El Exorcista.

En las primeras escenas de la cinta, se muestra a la niña Regan MacNeil utilizando un tablero de ouija en el sótano de su casa, interactuando con una supuesta entidad amistosa. Poco después, la trama muestra que de esa comunicación aparentemente inocente, se abren las puertas para que un demonio milenario tome posesión del cuerpo de la menor.

El impacto psicológico de la película en la sociedad de la época fue monumental: millones de personas corrieron a los patios de sus casas a quemar o enterrar los tableros que guardaban en sus armarios. Las iglesias de diversas denominaciones cristianas capitalizaron el impacto de la cinta cinematográfica para endurecer sus posturas, catalogando formalmente a la ouija como un instrumento de adivinación prohibido por los textos bíblicos.

Explorar las verdaderas raíces de la ouija es adentrarse en un viaje histórico donde la sociología, la psicología humana, las tragedias bélicas y las estrategias de marketing se entrelazan de forma asombrosa.