La noche en la que el "insatisfecho serial" advirtió que va por más gloria
Lionel Messi nos volvió a engañar. La imagen extasiada de decenas de miles de testigos con corazones celestes y blancos que fueron a buscar certezas en el juego más imprevisible del mundo también cayeron en la trampa.
Inconformista eterno, el decreto que redactó hace tres años y medio en Qatar y que manifestaba enfáticamente que su voracidad había quedado saciada al levantar la Copa del Mundo voló por el aire en mil pedazos. Como si la leyenda del “hilo rojo” juntara a su cuerpo con la pelota en una atracción irresistible, aquel “ya está” del estadio Lusail se volvió la nada misma con una brillante exposición en la que transformado en un gourmet exquisito, nos brindó un menú de tres pasos fusionando estética, eficacia y un dominio de la escena insultante para el resto de los actores.No es el primero que impone tamaña supremacía en su disciplina con semejante diferencia, pero es el único capaz de ejercer su reinado durante tanto tiempo.
Usain Bolt en la velocidad, Michael Jordan y Lebron James en el básquetbol, Tiger Woods en el golf, Michael Phelps en la natación o el “Big Three” -Roger Federer, Rafael Nadal y Novak Djokovic, por si hiciera falta aclararlo- en el tenis marcaron las reglas en sus distritos y nos regalaron arte en forma de juego. Nadie durante dos décadas, sin una mínima una caída de tensión y vigente a los 39 años lo ha logrado como él.No hubo entre Argentina y Argelia tres goles de diferencia, pero a Messi poco le importó.
De media punta, como un goleador imantado a la pelota o en su zona y marcando el mismo gol que hizo tantas veces, decidió que el pleito se consumara con forma de goleada. Una vez más y aún con la relevancia que tenía el partido, él fue el hecho periodístico del debut.
Un inmenso Rodrigo De Paul, definitivamente matriculado como jugador de selección, con los sólidos rendimientos como titulares de Lisandro Martínez y Facundo Medina y algunos espasmos de Enzo Fernández, el campeón le expresó al mundo que serán necesarios unos cuantos argumentos para destronarlo. Si Lionel Scaloni soñó el partido con una evolución favorable para poder hacer y deshacer con precisión de relojería, la realidad superó a su guion previo.
Cada lateral derecho tuvo un capítulo, “Cuti” Romero siguió ganando kilómetros, Julián Álvarez jugó cuarenta minutos y Otamendi se dio el gusto de gozar de su ratito. Hasta “Dibu” Martinez trabajó casi a reglamento para no tener que arriesgar ese dedo con el que señala el camino desde el arco.Es verdad que el equipo perdió la pelota y se “planchó” entre los últimos diez del primer tiempo y el cuarto de hora inicial del segundo acto y esa será la parte que deberá ser revisada para un futuro con rivales de otra jerarquía.
También es cierto que aquellos que esta vez acompañaron se volverán actores estelares en otros compromisos. Este equipo reparte sus riquezas de forma democrática y la gestión del técnico en ese aspecto, garantiza el brillo individual, tanto como el éxito desde la expresión coral.
Hasta que aparece él y lo resuelve todo. “La rutina de lo extraordinario”, como lo definió alguna vez Pep Guardiola, brilló hasta encandilar al planeta redondo y de cuero en la noche de Kansas City. Aceptemos nuestra incompetencia para intentar seguir definiéndolo.
Rindámonos ante su dominio sin perder jamás la capacidad de asombro. Adorémoslo frente a sus récords y su vigencia.
Pero eso si: no sigamos buscando palabras para definir a Messi. Por si alguien tenía alguna duda, simplemente “él” es el fútbol.
Information from La Nación. Edited by: Noticias Today.
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