La otra cara de la recuperación: industria y construcción retroceden mientras amplían el crédito en dólares

Mientras el riesgo país perforaba mínimos de varios años y las calificadoras mejoraban la nota soberana, la economía real mostraba un costado bastante menos luminoso: la industria manufacturera y la construcción volvieron a retroceder en abril, y el empleo registró su primera contracción del año. La fotografía completa confirma una característica que se viene señalando.
La recuperación argentina avanza, pero lo hace de manera despareja, con sectores que traccionan y otros que siguen rezagados.El Índice de Producción Industrial manufacturero, que mide el pulso de las fábricas, cayó 2,8% en la comparación interanual de abril y 2,1% en la medición mensual desestacionalizada, con lo que acumuló una contracción de 2,4% en el primer cuatrimestre del año. La debilidad fue generalizada.
Doce de las dieciséis ramas que componen el índice mostraron retrocesos frente al mismo mes del año anterior. Los golpes más severos los recibieron la producción de maquinaria y equipo, que se desplomó más de 20%, y la fabricación de productos textiles, que cedió en una proporción todavía mayor.
En el extremo opuesto, la única rama que mostró un dinamismo destacado fue la de sustancias y productos químicos, con un avance cercano al 17%, un dato que vuelve a confirmar que el repunte de la actividad se concentra en segmentos vinculados a insumos y recursos antes que en la manufactura de consumo masivo.La construcción ofreció un panorama similar. El indicador que sigue la marcha del sector retrocedió también 2,8% interanual en abril y cayó 4% en la medición mensual sin estacionalidad.
La única nota positiva es que, gracias a un arrastre estadístico favorable, el acumulado de los primeros cuatro meses todavía exhibe una mejora de 2,1%. Pero la tendencia mensual reciente apunta claramente a la baja, en un sector que es termómetro sensible tanto de la inversión privada como de la obra pública, esta última fuertemente recortada por el ajuste fiscal.El mercado de trabajo completó el cuadro con una señal de alerta.
De acuerdo con los registros del sistema de seguridad social, en marzo el empleo total cedió 0,2% respecto del mes anterior, su primer retroceso después de la estabilidad que había mostrado en enero y febrero. Lo preocupante del dato es que la baja alcanzó a todas las modalidades, incluso a las independientes, que hasta ahora habían sostenido la creación de puestos.
Los trabajadores autónomos cayeron 1,3% y los inscriptos en el monotributo social bajaron 2,1% en el mes. En la comparación del primer trimestre contra igual período del año previo, el empleo asalariado privado retrocedió 1,6% y acumula una pérdida de 3,4% desde noviembre de 2023, mientras que los monotributistas crecieron 4,1%, sosteniendo lo poco que se generó de empleo por el lado de las modalidades independientes.Frente a ese telón de fondo, el anuncio de política económica más relevante apuntó precisamente a destrabar uno de los cuellos de botella de la recuperación: el crédito.
El Banco Central amplió, a través de la Comunicación A 8446, el universo de empresas habilitadas a tomar préstamos en dólares. Hasta ahora, ese acceso estaba reservado de manera casi exclusiva a las compañías que generan divisas de forma directa, es decir, las exportadoras.
La nueva norma habilita a los bancos a prestar en moneda extranjera a firmas que operan en el mercado interno, siempre que presenten garantías en dólares otorgadas por exportadores o por empresas con flujos comprobables en esa moneda.El sentido de la medida es ampliar el caudal de financiamiento en divisas más allá del círculo estrecho de los generadores directos, en un contexto en que el crédito privado sigue siendo uno de los puntos más débiles del esquema económico. La flexibilización, asimismo, no es un movimiento aislado.
Se inscribe en la hoja de ruta acordada con el Fondo Monetario Internacional, que en su revisión más reciente había dejado abierta la posibilidad de relajar de forma gradual las normas prudenciales sobre el crédito en moneda extranjera a medida que la estabilización ganara terreno. En otras palabras, es un paso calculado dentro de una secuencia más amplia de normalización financiera.En el plano de las reservas, la semana dejó un saldo levemente negativo.
El Banco Central cerró el viernes con 47.419 millones de dólares de reservas brutas, lo que implicó una merma de 448 millones respecto de la semana previa. Es una variación menor que no altera la tendencia de fondo de acumulación que la autoridad monetaria viene sosteniendo a lo largo del año, pero que recuerda que el sendero no es lineal y que las salidas puntuales conviven con las compras en el mercado de cambios.
En materia de precios, el relevamiento semanal privado mostró un avance de 0,7% en los últimos siete días, con lo que el promedio móvil de cuatro semanas se ubicó en 2,2%, en línea con el ritmo de los meses recientes.El contexto internacional, por su parte, sumó un factor de tensión que Argentina no puede ignorar. La inflación de Estados Unidos se aceleró en mayo hasta 0,5% mensual (4,2% interanual), su registro más alto desde abril de 2023, empujada sobre todo por el componente energético, que trepó casi 4% en el mes y más de 23% en un año como consecuencia directa del conflicto con Irán.
El dato alentador dentro de ese cuadro es que la inflación núcleo norteamericana se mantuvo contenida en 0,2% mensual, lo que sugiere que el traslado del shock energético al resto de los precios fue, por ahora, acotado. El mercado interpretó la señal con calma y mantuvo la expectativa de que la Reserva Federal no toque la tasa de interés en sus próximas cuatro reuniones, un escenario que le da algo de aire a las economías emergentes al alejar el fantasma de un endurecimiento financiero global inminente.La lectura de conjunto deja una conclusión que matiza el clima celebratorio de los mercados.
La mejora en las variables financieras, riesgo país, calificación y acceso al financiamiento, es real y tiene fundamentos sólidos. Pero la economía productiva todavía no acompaña con la misma fuerza.
La industria y la construcción retroceden, el empleo formal privado no encuentra piso y el crédito recién empieza a recibir los estímulos que podrían reactivarlo. La apuesta es que la normalización financiera termine por filtrarse hacia la actividad real y cierre la brecha entre ambos mundos.
Si esa transmisión se concreta y a qué velocidad será, una vez más, la pregunta que defina el éxito del programa de cara al calendario que se aproxima.
Information from El Cronista. Edited by: Noticias Today.
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