En torno al lago Baikal, en el sur de Siberia y al norte de la actual Mongolia, vivían hace cinco milenios grupos humanos nómadas dedicados a la pesca, la caza y la recolección de frutos silvestres. Aún estaban en el Paleolítico; no conocían ni la agricultura ni la sedentarización de las primeras ciudades que, desde Oriente Medio, pasaron a Europa.

Pero se suponía que en aquel Edén también estaban libres de dos de los lastres que acompañaron a las primeras aglomeraciones humanas: la violencia y la enfermedad. De la primera, quizá; pero de la segunda, ahora sabemos que no.

Investigadores de patógenos del pasado han encontrado allí el brote más antiguo de la peste, una plaga que ha perseguido a los humanos desde entonces. Según detallan en la prestigiosa revista Nature, a la bacteria causante le faltaban los genes que le dieron enorme virulencia más tarde, pero le bastaba para matar, sobre todo a los niños.Seguir leyendo