SAN JUAN.— En la sala principal, la primera que recibe a quienes a diario visitan la Biblioteca Franklin, se encuentra un enorme mueble de madera que cubre prácticamente toda una pared, resguardando en su interior una infinidad de libros. Sobre éste descansan tres imágenes.

El “Patrono” Franklin Rawson; el “Inspirador” Domingo Faustino Sarmiento; y el “Fundador” Camilo Rojo. Esa misma sala se convertirá en el epicentro de una celebración que concentra 160 años cargados de historias, contratiempos, fortuna, adversidades y el firme deseo de seguir existiendo a pesar de todo.

En el marco de un nuevo aniversario de la creación de la primera biblioteca popular que existió en Sudamérica, Rita Zaide Avelín, actual Tesorera de la Asociación Civil que administra la institución, llevó a cabo junto a DIARIO DE CUYO un viaje por una historia que no todos conocen, pero que hace a la riqueza de San Juan y a lo que es el legado de Sarmiento en la provincia. Fundada el 17 de junio de 1866 por iniciativa de Domingo Faustino Sarmiento, la Franklin es considerada la biblioteca popular más antigua de Sudamérica, un reconocimiento que la convierte en una referencia cultural no sólo para la provincia, sino también para el continente.

No obstante, detrás de ese prestigio hay una historia de esfuerzo colectivo, resiliencia y compromiso ciudadano. El sueño de Sarmiento que se volvió realidad hace 160 años Hay instituciones que forman parte de la vida, historia y trayectoria de una comunidad.

Eso es la Biblioteca Franklin para San Juan debido a la cantidad de años que viene acompañando la vida de la comunidad, custodiando libros, diarios, documentos de gran valor y sobre todo, historias. Todo se remonta a mediados del siglo XIX.

Sarmiento había viajado a Estados Unidos y se había fascinado del concepto “bibliotecas populares”, un modelo impulsado por Benjamín Franklin alrededor de 1727. Ya en San Juan, en 1865 comenzaron con las gestiones entre vecinos de la ciudad que buscaron materializar el proyecto.

Finalmente, fue la firma del gobernador de aquel entonces, Camilo Rojo, quien brindó el aval por Decreto para el nacimiento de la biblioteca, el 17 de junio de 1866. Pese a que su creación se dio en el marco de un decreto del Ejecutivo provincial, Rita destaca que el espacio siempre estuvo alejado de la política partidaria, entendiendo que es un lugar creado por y para los sanjuaninos. “Es importarte aclararlo, en 160 años nunca hubo una dirección bajo el mando del Estado, ya que somos una asociación civil manejada por los propios socios”, precisó.

La institución pública popular se inauguró con 3.500 libros, muchos de ellos donados por ciudadanos sanjuaninos y otros enviados directamente por Sarmiento desde Estados Unidos. La década que llegó de la peor manera, ocho años de silencio y una segunda oportunidad “No se si interesa, pero exactamente a los 10 años de la creación de la biblioteca tuvo que cerrar sus puertas”, comenta Rita, dando pie a una parte de la historia de la institución por demás fascinante.

El 17 de junio de 1876 se deroga la ley que brindaba apoyo económico a las bibliotecas populares de todo el país. Ante esta realidad, la Franklin tuvo que cerrar sus puertas, ya que no contaba con ingresos que permitiera la actividad.

Parte de los miles de libros fueron guardados en cajas que se ubicaron en una sala de la Superintendencia de Escuelas. Otros se fueron perdiendo en la mudanza.

Cerrar la puerta a una institución que se había convertido en un ejemplo internacional dejó un sabor amargo, un enojo generalizado y una tristeza que parecía no revertirse. Ocho años pasaron aquellos libros sin ver la luz, hasta que nuevamente Sarmiento logró que su sueño no muriera, reinaugurando la biblioteca.

En lo que fue su última visita a San Juan, de acuerdo con algunos historiadores locales, el sanjuanino que había sido Presidente logró recuperar todos los libros y trabajó para que durante 1884 la Franklin volviera nuevamente a abrir sus puertas. El rol de Sarmiento para recuperar la institución fue tan importante que comenzaron a manifestarse intensiones de parte de la conducción para cambiarle el nombre de “Franklin” a “Sarmiento”.

No obstante, el propio prócer sanjuanino por medio de una carta, cuyo texto original y copia forman parte de los tesoros de la biblioteca, explicó y solicitó que no se cambiara la denominación. “Le escribe a su sobrino político, Segundino Navarro, diciéndole que el nombre debe ser Biblioteca Franklin, por Benjamín Franklin, el político de Estados Unidos. Esto es así porque Sarmiento era un gran admirador de Benjamín y por eso decide bautizar así la institución en sus inicios, ratificándolo luego de su puño y letra”, acota Rita.

Un incendio dañino, el paso por distintos lugares, una breve intervención y la acción para lograr su edificio actual Luego de los años de persianas bajas, volver a recuperar la biblioteca y gran parte de sus libros era todo un hito para la institución. Como en aquel entonces no tenía un lugar propio, la Franklin fue pasando por distintos locales que se alquilaban o se conseguían a préstamo.

En uno de esos espacios, por calle Gral. Acha pasando Laprida, las llamas se llevaron gran parte de los tesoros que tenía la biblioteca.

Esto fue en 1902. Rita asegura que hasta la actualidad sigue siendo desconocida la causa de aquel incendio.

No obstante, por aquellos años los rumores más fuertes indicaban que se trataba de un incidente ocasionado de manera accidental para ocultar sustracción de libros de gran valor. Un misterio que más de un centenar de años después sigue sin aclararse.

El fuego no pudo frenar la voluntad de los sanjuaninos que nuevamente se pusieron manos a la obra para abrir otra vez las puertas de la institución. A metros de la antigua ubicación inició a funcionar, con 4.000 libros, muchos de ellos donados posterior al incendio.

La ubicación actual, la definitiva, se logró sobre 1906, luego de el accionar de varios presidentes que fueron comprando los terrenos donde ahora se encuentra el edificio de la biblioteca y los locales comerciales que están en la misma cuadra, que son administrados por la asociación civil, siendo sin duda el ingreso de dinero que permite la funcionalidad de la misma. “Y luego vino el terremoto”, comenta Rita. Pareciera que no podía pasarle nada más a la Franklin, pero nuevamente fue golpeada por factores externos a su funcionamiento.

Al desastre natural se sumó una intervención de un año. “Era una época de mucha revolución, y se cierra por algún discurso, alguna cosa que no les había gustado”, acota. La intervención devino directamente en un cierre de la biblioteca, logrando reabrir sus puertas en 1955, manteniendo desde entonces sus actividades de manera ininterrumpida hasta la pandemia del 2020, cuando tuvo que cerrar por el aislamiento social debido al Covid-19.

El desafío de seguir creciendo, siendo mucho más que una biblioteca Sin duda la Franklin tuvo sus años dorados, de gran prosperidad; y otros que no fueron fructíferos. En la actualidad se encuentra en un limbo.

Continúa siendo un espacio que alberga a estudiantes y ciudadanos, ofrece una amplia variedad de opciones culturales, como talleres de danzas, ajedrez, teatro, literatura, entre otros; pero se encuentra en bajos niveles de socios y busca las maneras de ayornarse a los avances tecnológicos existentes. En la actualidad la biblioteca cuenta con 10 empleados, de los cuales dos de ellos cumplen jornada completa y el resto media jornada.

A su vez, la Comisión Directiva es ad honorem y la cuota que se le cobra a los socios es de $5.000 por mes. La institución conserva una de las hemerotecas más importantes de San Juan, con periódicos y publicaciones que permiten reconstruir la historia provincial y nacional desde fines del siglo XIX hasta la actualidad.

Asimismo, tiene miles y miles de libros, títulos clásicos, novelas modernas y textos científicos, entre otros, que se pueden consultar en el establecimiento sin necesidad de ser socio. Con relación a los socios, en la actualidad cuenta con 500, y luego de un convenio con UPCN estiman que deben sumar unos 500 socios más.

Para la Comisión Directiva, es un número muy bajo teniendo en cuenta la cantidad de ciudadanos que hay solo en el Gran San Juan. En el marco del aniversario se anunciarán importantes novedades y cambios que hacen a la renovación de la Biblioteca Franklin, mientras se continúa trabajando para cumplir un anhelo mayor: poder mantener las puertas de la biblioteca abiertas de corrido, sin necesidad de cerrar durante las siestas.

A sus 160 años, la Franklin continúa adaptándose a los nuevos tiempos. Incorporó procesos de digitalización, herramientas tecnológicas y nuevos servicios.

Más allá de los cambios, sigue siendo el espacio que cumple la finalidad que soñó Sarmiento: un sitio donde el conocimiento circule libremente, y donde cada generación encuentre una puerta abierta hacia el futuro. Sin duda la Biblioteca Franklin es mucho más que una guardiana de libros.

Es memoria, identidad y patrimonio de San Juan. Comisión Directiva 2025-2027 Presidente: Dr.

Tristán Yanzón Sánchez Secretaria: Arq. Mirtha Nélida Palacios Tesorera: Ing.

Rita Juana Zaide Avelín Vocales Titulares: Dr. Renato Ramiro López; Ing.

Francisco Antonio Cúnsulo; Dr. Leonardo Mario Siere; Ing.

Emilio David Graffigna y Mag. María Elodia Ramos.

Vocales Suplentes: Sr. Víctor Hugo Vásquez; Sr.

Luis Eduardo Meglioli; Prof. María del Rosario Payá y Mag.

Lydia Edith Gómez Comisión Revisora de Cuentas: C.P.N. Martín Nicolás Yáñez; Lic.

Silvia Esther Arévalo y Lic. José Annecchini.

Suplente: Dr. Mariano Domínguez.