Docente recorrió 1.300 kilómetros para iluminar una escuela rural

POSADAS.— Hay historias que trascienden los kilómetros; que demuestran que cuando la solidaridad y la educación se unen, las distancias dejan de existir. Una de ellas se materializó con satisfacción y emoción en el paraje San Isidro, en Pozo Azul, donde un grupo de familias construyó con esfuerzo propio un edificio escolar para que 34 niños y niñas puedan acceder a la educación.A este sueño se sumó una nueva fortaleza con la llegada de energía mediante paneles solares instalados de manera totalmente gratuita por un docente de Necochea, provincia de Buenos Aires, que recorrió más de 1.300 kilómetros con un único fin; el de llevar luz donde aún no la había.Se trata de Antonio “Tano” Cafiel, docente de Energías Renovables y de la familia de Electricidad del Centro de Formación Profesional Nº 402 de Necochea, quien junto a colaboradores y vecinos logró concretar una iniciativa que cambió la realidad de una comunidad ubicada a más de 28 kilómetros de la zona urbana de Pozo Azul.El viaje se llevó a cabo junto a dos estudiantes y el perro Goyo. “Hace unos siete años empezamos a trabajar vinculando el saber y el hacer de los estudiantes con la comunidad.
Es tan importante el argentino que vive a dos cuadras de casa como el que vive a tres mil kilómetros en Ushuaia”, contó Antonio Cafiel, haciendo referencia a cómo surgió la iniciativa, convencido de que el conocimiento cobra un valor especial cuando se pone al servicio de los demás.Esa filosofía los llevó a recorrer distintos rincones del país. Estuvieron en Catamarca, La Rioja, Chubut, Neuquén, Chaco, Tierra del Fuego y muchas otras provincias, con el objetivo de acercar soluciones energéticas a familias y comunidades aisladas.
Esta vez el destino era Misiones acompañado por dos estudiantes del CFP 402 de Necochea; Sebastián Matamoros, Mauro Burgos y su perro Goyo.Cómo comenzóLa historia inició en noviembre pasado, cuando Cafiel conoció a Ramón Amarilla, quien le habló de la realidad que atraviesan las familias de San Isidro y de la escuela que los vecinos construyen con sus propias manos. “Cuando nos conocimos, él me contó de esta realidad y le dije que nosotros podíamos ayudar. Y aquella palabra que se había empeñado entre argentinos se cumplió”, recuerda.Para hacer posible el viaje, organizaron, junto a los que denominan “Los Ñatos”, una campaña solidaria en Necochea.
Reunieron fondos para combustible, útiles escolares, ropa, calzado y otros elementos que pudieron transportar en un vehículo particular. “Lo que más nos duele siempre es el combustible, porque todo lo hacemos a pulmón. La ciudad nos ayudó, juntamos los recursos y emprendimos el viaje”, relató.La propuesta llegó hasta el interior de Pozo Azul, donde la futura escuela de San Isidro representa mucho más que un edificio.
Es el símbolo de una comunidad que no se resigna y que apuesta por la educación como herramienta de transformación. Allí instalaron dos paneles solares de 150 vatios, reguladores de carga, acumuladores y un sistema completo de iluminación LED de bajo consumo para las aulas y demás espacios.Una banderaA modo de evidenciar que transformar realidades es posible, junto a las luces encendieron una bandera argentina iluminada con tecnología LED.
La mayor recompensa llegó cuando el trabajo terminó. “Lo más asombroso fue que cuando nosotros empezamos a retirarnos, los vecinos ya se habían puesto a pintar la escuela porque ahora podían trabajar de noche. Tener luz les permitió extender las horas de trabajo y seguir avanzando para que esos chicos puedan tener su escuela funcionando”, recordó conmocionado el docente.Los integrantes de este paraje, entre la mirada curiosa de los niños presentes, acompañaron el proceso de instalación con mucho entusiasmo. “Es necesario contar con energía en la escuela, poder prender una computadora, iluminar”, indicó Erico Miranda, uno de los padres impulsores de la escuela para los niños.
Y agregó: “Fue una donación muy grata, que la recibimos con enorme alegría y será de gran utilidad”.Mientras tanto, el profesor Sebastián Artaza continúa brindando clases de apoyo de manera voluntaria, manteniendo vivo el vínculo educativo hasta que la institución pueda comenzar a funcionar formalmente; hecho que depende de la decisión del Ministerio de Educación.Durante su paso por Misiones, Cafiel y su equipo también instalaron sistemas solares en viviendas rurales. Una de las historias que más lo marcó fue la de una niña que esperaba con ansiedad la llegada de la energía. “La noche anterior su mamá nos contaba que estaba emocionada porque aparentemente al otro día iba a tener luz.
El secreto era que la nena iba a poder hacer los deberes después de las cinco y media o seis de la tarde, cuando oscurece”, comentó contextualizando la realidad de muchas familias rurales.La realidad que encontraron fue impactante. “Nos encontramos con unas latitas de chapa con cebo y un hilo. Esa era la iluminación que tenían para que la criatura pudiera hacer la tarea”, explicó.La primera lamparitaOtra de las intervenciones tuvo lugar en la vivienda de un hombre de 69 años. “Por primera vez en su vida iba a encender una lamparita”, aseveró Tano, sobre otra de las soluciones energéticas concretadas con enorme satisfacción.
Cada nueva lámpara que se enciende representa un momento que, asegura, no se olvidan jamás.“Nosotros sólo tratamos de mejorar un poquito la calidad de vida de otro hermano, de otro argentino. Encontrarnos con voluntades que nos ayudan a llegar y poder hacerlo es simplemente una caricia al alma”, reconoció emocionado.Para Cafiel, el verdadero motor de estas iniciativas es la educación pública y el compromiso social. “Para estas cosas no hay distancias.
No hay uno que vive lejos y uno que vive cerca. Hay otro argentino al que podemos tenderle una mano”.En la actualidad, tanto la futura escuela como las familias beneficiadas cuentan con iluminación en 12 voltios y puntos de carga para teléfonos celulares, una mejora significativa para lugares de la tierra colorada donde incluso mantenerse comunicados era una dificultad cotidiana. “Lo que para algunas personas puede parecer muy poquito, para otras significa un cambio enorme.
Nosotros vamos por eso”, expresó.Antes de regresar a Buenos Aires, el docente se llevó mucho más que la satisfacción del trabajo cumplido. “Nos volvimos agradecidos de Misiones. Nos hicieron sentir un misionero más.
Solamente uno viene con agradecimiento”, concluyó.
Information from El Territorio (Misiones). Edited by: Noticias Today.
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