La tutela estadounidense se prolonga sobre Venezuela. Con ella crece entre la gente una sensación de espera difícil de describir: una enorme expectativa de mejoras económicas y de una transición a la democracia que todavía no se concreta.

La impaciencia cunde, sobre todo entre las élites políticas. La producción petrolera aumenta, impulsada por nuevas licencias de explotación que otorga Washington, pero el excedente no se traduce en ingresos para el fisco.

La moneda se deprecia sin pausa. El estancamiento económico es uno de los temas de conversación —y angustia— más frecuentes en las calles de Caracas.

A diferencia de lo que expresó Donald Trump, los venezolanos no están bailando de alegría por las calles.Seguir leyendo