En el Estadio Seattle, que acogió el inicio del Grupo G bajo un sol inusual y una temperatura que rondaba los 30 grados Celsius, el futbol ofreció un guion de contrastes. Bélgica, en pleno proceso de renovación post-generación dorada, buscaba imponer sus galones ante un Egipto que, lejos de amedrentarse por la jerarquía del combinado europeo, demostró que su hambre de historia no es retórica.

Desde el silbatazo inicial, quedó claro que la estrategia de Egipto. Bajo la tutela de una disciplina férrea, no era la de un espectador pasivo.

Mientras Bélgica intentaba mover el balón con la batuta de Kevin De Bruyne, los egipcios construyeron un muro inquebrantable, esperando el momento exacto para el golpe. Ese momento llegó al minuto 19.

Emam Ashour, convertido en el protagonista inesperado de la tarde, tomó el balón fuera del área y soltó un latigazo feroz que perforó la red defendida por Thibaut Courtois. El 1-0 para Egipto coronó un primer tiempo en el que la estructura táctica de los Faraones maniató las ideas belgas, dejando a la escuadra europea sin un solo disparo claro a puerta en los primeros 45 minutos.

La segunda mitad mostró a una Bélgica desesperada, con dificultades para romper las líneas defensivas africanas. Fue entonces cuando, al minuto 65, Rudi Garcia decidió mover el tablero: Romelu Lukaku ingresó al terreno de juego.

El impacto fue instantáneo. Apenas 21 segundos después de su entrada, Lukaku ejerció de fuerza de la naturaleza.

En un centro peligroso enviado por Thomas Meunier, la presencia física del belga provocó el pánico en el área egipcia. En un intento desesperado por despejar el acoso de Lukaku, el defensa Mohamed Hany terminó desviando el balón hacia su propia portería.

El 1-1 subió al marcador, un gol que fue un triunfo de la pura voluntad. Lukaku no tocó el balón, pero su sola presencia física, esa carrocería que arrastra defensas, fue suficiente para fracturar el orden egipcio.

El tramo final del partido se convirtió en un duelo de ida y vuelta. Egipto, liderado por un Mohamed Salah que trabajó en silencio pero con gran generosidad táctica, tuvo destellos de peligro mediante los contraataques de Marmoush.

Bélgica, por su parte, buscó la victoria con desespación: un cabezazo de Lukaku, al 87', y un remate previo de Meunier hicieron temblar a la afición egipcia, pero Mostafa Shobeir estuvo impecable bajo los tres palos.