La escuela que formó generaciones de técnicos y marcó el desarrollo industrial del país encara una renovación integral
Fundada en el siglo XIX, la primera escuela industrial de la Argentina sigue siendo hoy una referencia en la educación técnica. Este año celebra sus 127 años y avanza en una renovación integral de su edificio histórico.
Los trabajos contemplan mejoras de accesibilidad, la renovación de instalaciones y intervenciones en aulas y talleres.La Escuela Técnica Otto Krause fue creada el 17 de marzo de 1899 por el ingeniero civil Otto Krause. Inicialmente se llamó Escuela Industrial de la Nación hasta adoptar el nombre de su fundador. “Para la comunidad del colegio, el ingeniero Otto Krause fue un visionario que fundó la institución con el objetivo de formar técnicos industriales capaces de protagonizar el proceso de industrialización del país”, explicó la rectora de la institución desde 2024, Marisa Casares.Diez años después de su creación, se inauguró el 24 de mayo de 1909 el edificio que aún ocupa.
El inmueble fue construido sobre terrenos baldíos ganados al Río de la Plata durante las obras de Puerto Madero, en la manzana delimitada por la avenida Paseo Colón y las calles México, Azopardo y Chile. El equipamiento completo de sus talleres y laboratorios de ensayo se terminó de instalar en 1911. “El diseño del edificio siguió la lógica de los institutos politécnicos europeos, principalmente alemanes, y norteamericanos.
Debía ser funcional y sobrio, pero al mismo tiempo monumental. Se estructuró en dos edificios separados por una calle interna, de manera que las aulas teóricas pudieran convivir con los ruidos y vibraciones de los grandes talleres de fundición, herrería y mecánica”, explicó Casares.
Una renovación integral El pasado 6 de abril, el histórico colegio inició una importante obra de renovación que, según las previsiones oficiales, demandará 11 meses de trabajo y concluirá en marzo de 2027. Los trabajos contemplan mejoras de accesibilidad, la renovación de instalaciones eléctricas, termomecánicas, sanitarias y de gas, asimismo de intervenciones en aulas y talleres, por un monto superior a los $2600 millones.“No hay mejora educativa posible sin escuelas en buenas condiciones.
Obras, equipamiento tecnológico, materiales didácticos y formación docente generan las mejores condiciones para el aprendizaje”, aseveró la ministra de Educación porteña, Mercedes Miguel.La institución llevaba varios años sin una intervención. “En 2020-21, se había iniciado una obra eléctrica muy importante, pero quedó inconclusa. Ahora se va a completar toda la renovación eléctrica de los talleres, que es una de las prioridades.
También se resolverán problemas históricos en los laboratorios de Química. Cuando los alumnos trabajaban con ácidos, había filtraciones que terminaban afectando al Museo Tecnológico, situado debajo de esos espacios.
El personal del museo debía colocar baldes para evitar daños en las piezas patrimoniales. Todo eso se va a solucionar, junto con la renovación de los desagües de los talleres y otras obras destinadas a proteger tanto los laboratorios como el museo”, expresó.
La renovación del Otto Krause forma parte del plan de infraestructura escolar impulsado por la Ciudad que concretó 41 intervenciones en escuelas durante 2024, 39 en 2025 y otras 25 en lo que va de 2026.Las primeras especialidades que se dictaron en el Otto Krause fueron Química, Construcciones y Mecánica. Si bien no existe un año exacto para la incorporación de la especialidad de Electricidad, esta se sumó pocos años después, ampliando la oferta original. “Jorge Newbery, quien era ingeniero electricista y se desempeñaba como docente en nuestra institución, impulsó la primera conexión eléctrica en el casco histórico de la ciudad, especialmente con vistas a los festejos del Centenario de 1910”, indicó.La escuela solo se conectó a la red pública de suministro eléctrico a mediados de la década de 1920.
Hasta entonces, el abastecimiento se realizaba mediante una central eléctrica propia, compuesta por dos calderas, una máquina alternativa compound bicilíndrica, un generador de energía eléctrica, una planta de condensación de vapor y una torre de enfriamiento. “Hasta hace algunos años, este equipamiento fue utilizado para realizar ensayos destinados tanto a alumnos de la escuela como a estudiantes de otras escuelas técnicas de la Ciudad y de la provincia de Buenos Aires, así como de la Facultad de Ingeniería de la UBA y de la UTN”, remarcó.Los espacios del Otto Krause se distribuyen entre el edificio de Teoría, sobre la avenida Paseo Colón, donde funcionan aulas, laboratorios, el museo, la biblioteca y las oficinas; y el edificio de Talleres, que reúne tanto los tradicionales espacios de formación técnica como las áreas más modernas vinculadas a la informática, la tecnología de control y las especialidades del ciclo superior.Por su valor histórico, arquitectónico y pedagógico, el complejo fue declarado Bien de Interés Histórico Nacional mediante la Ley N.º 24.491. En su interior funciona la histórica Biblioteca Tecnológica Ingeniero Eduardo Latzina.
Junto con el Museo Tecnológico homónimo. “Es una pieza fundamental en la historia de la ciencia y la educación industrial en la Argentina. Fundada prácticamente al mismo tiempo que la escuela, la biblioteca fue concebida para dotar a los futuros ingenieros y técnicos del país de la mejor literatura científica disponible en el mundo.
Su catálogo cuenta con más de 30.000 volúmenes especializados. Los textos acompañan fielmente la evolución de las especialidades de la escuela: las colecciones originales estaban centradas en Mecánica, Construcciones y Química, y con el paso de los años se expandieron hacia Electricidad, Electrónica y Computación”, indicó la rectora.“Aprender haciendo”El museo fue concebido por los ingenieros Otto Krause y Eduardo Latzina.
Su objetivo era que los alumnos no solo estudiaran teoría, sino que también pudieran entrar en contacto directo con las máquinas, los procesos industriales y las ciencias aplicadas. “El museo sigue funcionando bajo la lógica krauseana de ‘aprender haciendo’. Hoy, los propios alumnos de los últimos años, guiados por los responsables del museo y sus profesores, participan activamente en la restauración de piezas, el mantenimiento de los espacios y la digitalización de archivos históricos.
Asimismo, durante eventos masivos como la Expo Krause o La Noche de los Museos, son los mismos estudiantes quienes se convierten en guías y explican la física y la historia detrás de cada máquina”, destacó Casares.El museo alberga una colección de recreaciones de inventos de Leonardo da Vinci. Se trata de un conjunto de maquetas y modelos basados en los diseños y estudios del genio renacentista, entre ellos el ornitóptero, un cañón de 33 bocas y diversos puentes giratorios. “La colección fue realizada en Milán en 1939 por un equipo de 120 científicos que reconstruyó los planos de Da Vinci.
Luego de recorrer distintos países en una exposición internacional, fue donada a la escuela por la Embajada de Italia”, contó la rectora.Y agregó: “El museo también conserva un cilindro de fonógrafo original enviado y donado por el propio inventor y científico Thomas Edison. Lo extraordinario es que el objeto mantiene una grabación realizada por el inventor estadounidense, en la que saluda formalmente a la Escuela Otto Krause y agradece la compra de instrumental de luminotecnia para sus laboratorios”.Entre otras piezas destacadas se encuentra una valiosa colección histórica de Ciencias Naturales, integrada por modelos anatómicos humanos, botánicos y animales desmontables, producidos por las prestigiosas casas francesas Deyrolle y Auzoux, que fueron utilizados para la enseñanza de la biología a comienzos del siglo XX.“Gran parte del mobiliario histórico del museo, las vitrinas de exhibición y múltiples modelos a escala de puentes, locomotoras y engranajes fueron construidos íntegramente por alumnos y docentes en los talleres metalúrgicos y de carpintería de la escuela a lo largo de las décadas”, expresó Casares.
En el Otto Krause se destacan otros elementos arquitectónicos, entre ellos, el mástil ubicado en uno de los patios. “El diseño del mástil respira esa libertad geométrica y esa devoción por la ‘piedra líquida’, el hormigón armado, características de la arquitectura de Francisco Salamone. El mástil del Otto Krause representa su impronta en una escala urbana y afectiva.
Salamone tenía una fascinación por las estructuras que desafiaban el horizonte. El diseño de un mástil escolar no fue la excepción: debía ser un elemento jerárquico, firme y de líneas limpias y contundentes, que representara el espíritu de vanguardia y progreso que la escuela técnica buscaba inculcar”, explicó Casares.La institución también conserva adentro de sus paredes una chimenea construida en 1916.
La estructura fue derribada durante el bombardeo a Plaza de Mayo de 1955 y posteriormente reconstruida por estudiantes de la escuela.Más allá de su arquitectura y de su historia, el Otto Krause también es reconocido por sus tradiciones. Este año la escuela celebrará 127 años de historia y, como cada 10 de julio, conmemorará el Día Krauseano, una jornada dedicada a homenajear a su fundador, Otto Krause, en el aniversario de su nacimiento, ocurrido el 10 de julio de 1856.“Para nuestra comunidad, el Día Krauseano es el día de toda la comunidad educativa: estudiantes, docentes, exalumnos y la familia krauseana.
Es también una jornada en la que rendimos homenaje al ingeniero Otto Krause en el aniversario de su nacimiento”, remarcó la rectora.A su vez, la institución también es reconocida por el vínculo importante que mantiene con sus alumnos. “El vicerrector, el jefe general de Taller y muchos profesores están en la escuela desde los 13 años. En varios casos, asimismo, sus padres también fueron docentes de la institución.
Es una larga tradición que reivindica el espíritu krauseano y, sobre todo, esa visión de futuro industrial para nuestro país”, explicó Casares.Y sumó: “Tenemos muchas aulas que llevan el nombre de personas que fueron muy importantes para la escuela. Por ejemplo, hay un aula llamada Alberto Calla y hoy su hijo, Germán Calla, es el jefe general de Taller.
Son historias que muestran cómo se mantiene viva esa tradición generación luego de generación”.La rectora también habló sobre el perfil de los alumnos: “Nuestros estudiantes son muy inquietos y no se quedan simplemente con lo que pasa dentro de la escuela; siempre buscan ir un poco más allá. Nos desafían constantemente”En la actualidad, la escuela cuenta con 1876 estudiantes, de los cuales 605 son mujeres.
Los alumnos asisten a clases en cuatro turnos y pueden especializarse en Computación, Construcciones, Electricidad, Electrónica, Mecánica o Química. “El número de mujeres viene creciendo. Durante muchos años las escuelas técnicas estuvieron prácticamente reservadas a los hombres, y ni hablar de las rectoras: eso era impensado.
Con el tiempo eso fue cambiando, porque también cambió la sociedad”, concluyó.
Information from La Nación. Edited by: Noticias Today.
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