Gran Hermano: por qué la "Generación Dorada" es el talón de Aquiles del reality
Cuando a mediados de 2022 se conoció la noticia de la vuelta de Gran Hermano, después de diez años a la pantalla de Telefe, varias eran las incógnitas que se plantearon en el medio. Desde que John de Mol empezó a pensar en 1997 lo que sería luego el programa, nunca imaginó que el reality se adaptaría en más de 70 países y se iba a convertir en un género: la telerrealidad.
Tampoco estaba en sus planes que aparecerían al alcance de todos las redes sociales, un GH propio y casero. La primera edición de esta nueva etapa, conducida por Santiago del Moro, recuperó el rating perdido de la televisión abierta y trajo un público nuevo a consumir los contenidos de la pantalla chica.
De aquel entonces, a esta Generación Dorada, mucha agua ha pasado bajo el puente. GH pasó de ser el programa que generaba polémicas a ser parte de la polémica en sí misma.
Nunca como en esta última edición, el ciclo y su conductor se encuentran en el ojo de la tormenta por las críticas que reciben por parte de quienes siguen el formato a diario. Pero, ¿qué hizo que la propuesta que es éxito en todo el mundo se convierta en el blanco de las críticas de propios y extraños?
Cuando Telefe proyectó esta temporada de Gran Hermano: Generación Dorada -nombre que le pusieron para celebrar los 25 años del programa-, le dio pie a la producción para sumar muchos personajes conocidos, exparticipantes, tiktokers e influencers de redes sociales. Si bien en un comienzo hubo quejas de los televidentes por la cantidad de famosos que ingresaron a la casa, con el correr de los días los conflictos de la convivencia, las historias personales y los enfrentamientos lograron atrapar el interés del público.
Fueron 28 los participantes originales que ingresaron hace casi cuatro meses pero, como nunca, esta edición está signada por la desaprobación del público a varias estrategias del programa. La producción del reality de Telefe es el principal blanco de críticas de los televidentes.
Los constantes cambios dentro del formato tradicional, como placas multitudinarias, reglas poco claras y galas de eliminación los días lunes, hicieron que la parte más purista de la audiencia condene esas modificaciones. Quienes deciden los destinos del programa consideran que hoy no podría sostenerse en pantalla un Gran Hermano tal cual como fue concebido en 2001.
Los tiempos cambiaron y el público necesita estímulos constantes para prenderse a un determinado horario a ver la emisión en vivo del programa, algo que pueden visualizar en cualquier momento. Amparados en esa teoría, la producción se convirtió en un jugador más dentro de la casa y esto provocó que pueda hacer y deshacer según su criterio.
Un repechaje multitudinario que incluyó varios Golden Tickets con vueltas polémicas, como la de Brian Sarmiento que ya había sido eliminado por el público, las modificaciones de placas de votos positivos a negativos constantemente y la sospecha de cierto favoritismo por algunas de las figuras conocidas, enojaron a los televidentes y empañan la performance de un programa que al día de hoy sigue siendo el más visto de la televisión abierta. Está claro que todo esto es en pos del rating, que en estos tiempos no sobra.
Por otro lado, quien recibe fuertes comentarios en redes por su rol es Santiago del Moro: lo culpan de romper el aislamiento y también de violar ciertas reglas del juego constantemente. “Todo es Gran Hermano”, responde él sin entrar demasiado en las polémicas, aunque muchas veces se lo ve afectado por los comentarios externos. El conductor sabe lo que hace y conoce como nadie el programa, pero muchas veces su ansiedad por el minuto a minuto de rating -algo muy común en la televisión de hoy- lo traiciona.
Todos estos retoques al formato le quitaron a este GH la magia de ver un reality show como los de antes. Si bien es televisión y nada es por casualidad, la espontaneidad de las primeras ediciones se perdió.
Hoy “el Big” parece un convidado de piedra en una casa que es manejada por otros; ese es el gran talón de Aquiles de esta edición. Las polémicas de la Generación DoradaEl reality siempre generó todo tipo de controversias pero nunca como en esta edición.
Una de las figuras que despertó más polémica fue Andrea del Boca. La actriz no pasó inadvertida dentro de la casa y desde el primer día despertó amores y odios.
La diva de las telenovelas se adueñó de la cocina, armó su grupo de pertenencia e impresionó a todos con varias confesiones sobre su vida privada, pero la protagonista de Celeste siempre Celeste no tuvo una estancia plácida dentro del reality. Primero tuvo que salir para hacerse unos estudios médicos, luego de que sufriera de molestias estomacales y presión alta.
Luego de cuatro días fuera, volvió y contó que tuvo problemas gastroenterológicos y que debía cuidarse. Pero este no fue el único escollo que tuvo que superar, ya que asimismo de sufrir a la mitad de sus compañeros, se resbaló en el piso de la cocina y cayó de frente, golpeando su cara y su boca; este violento episodio la dejó fuera de juego.
Y a pesar de que Santiago del Moro expresó que no volvería, fue una de las acreedoras del Golden Ticket que la hizo regresar en el repechaje casi de manera teatral, sin ser anunciada por el conductor, y con entrada triunfal incluida. En redes sociales es acusada de “acomodo” y se barajan miles de versiones sobre su continuidad dentro del show.Esta edición también se caracterizó por tener varias expulsiones, algo que no fue demasiado frecuente en la historia de Gran Hermano.
Carmiña Masi, conductora paraguaya de afilada lengua, fue separada del juego por sus comentarios discriminatorios y racistas hacia Mavinga, la participante nacida en el Congo. A los pocos días, la jugadora congoleña decidió dejar el reality después de vivir con mucha angustia todo lo que pasó y de una seguidilla de peleas con sus compañeros.
La preocupación por la imagen que le daban a sus hijas los distintos conflictos de los que formó parte fue el detonante para tomar la decisión de irse del juego. Por otro lado, Solange Abraham fue otra de las protagonistas que el Big decidió sacar de su casa por la puerta giratoria de manera sorpresiva.
Hoy está nuevamente en el reality, en reemplazo de Lola Tomaszeuski, otra expulsada por “hablar del afuera”, lo que despertó amores y odios entre los que siguen el programa. Solange desistió de ser parte del repechaje argumentando que no quería volver por tener que resolver cosas fuera de la casa; no obstante, hoy sigue dentro del reality.
Los ingresos constantes de figuras conocidas que luego “desaparecen” al mes es algo que también generó bastante fastidio entre los seguidores del programa. Grecia Colmenares, la estrella de las telenovelas que fue parte de la edición italiana del reality, pasó sin pena ni gloria en lo que a juego se refiere.
Más allá de su conexión con el público local por Topacio o Más allá del horizonte, nada pasó con la actriz que fue eliminada en una placa “planta”. Luego llegó el turno de Gladys la Bomba Tucumana, que entró en abril para reemplazar a La Maciel, quien decidió irse por problemas judiciales en el afuera.
La cantante abandonó el reality de Telefe por decisión propia a finales de mayo. Hace pocos días, en su lugar, para cubrir la vacante que dejó, ingresó la actriz Alejandra Majluf.
El fantasma del rating El reality compite contra su propio fantasma. En una televisión donde el 80% de los programas miden por debajo de los tres puntos, no se puede desconocer que el ciclo de Santiago del Moro sigue siendo el más rendidor.
Pero su historia, en esta nueva etapa, no hace más que recordar que en algún momento el éxito del formato fue arrollador. La edición 2022 debutó el 17 de octubre de ese año, con un 65.23% de share y 21.5 puntos de rating, liderando muy ampliamente su franja horaria y así se mantuvo hasta el final.
Cuando Marcos Ginocchio se convirtió en el ganador de Gran Hermano, el 27 de marzo de 2023, con el 70.83% de los votos del público, la pantalla de Telefe llegó a una marca máxima de 30.9 puntos. El ciclo se convirtió en lo más visto del año con un promedio de 20.2.
La última edición -que ganó Tato Algorta-, a lo largo de los casi siete meses que estuvo al aire, cosechó un promedio de 12.7 puntos, contabilizando ambas partes de las galas. Y si bien el encendido de la televisión abierta perdió varios puntos, durante estos años, la Generación Dorada se mantiene con números muy por debajo de estas cifras.
Durante el mes de mayo, GH marcó 11.1 puntos y está lejos del promedio que pretende el canal. De todas maneras, hasta el momento está por encima del rating que obtuvo MasterChef Celebrity 2025 que condujo Wanda Nara.
Esta última temporada fue la más larga, con 119 emisiones, y cosechó un promedio de 10.4 puntos y su share fue de 61,65%. Pero más allá del rating que difunde Ibope, en tiempos en donde muy poca gente se sienta a ver un programa entero en un determinado horario, Gran Hermano tiene el segundo publicitario más caro de toda la televisión, exceptuando, por supuesto, el Mundial de Fútbol FIFA 2026.
En cuanto al negocio de los votos del público, basta hacer números para darse cuenta de los buenos resultados económicos. Probablemente este sea uno de los motivos de las placas multitudinarias que tanto los seguidores del ciclo detestan.
Toda la televisión se nutre de Gran Hermano: para amarlo o criticarlo, la mayoría de los programas hablan a diario del reality de Telefe. En un momento donde la pantalla chica se convirtió en un gran panel de la mañana a la noche que debate el tema del día, sin solución de continuidad, GH es el único big show que existe, en épocas de vacas flacas.
No obstante, traicionar el formato hizo que muchos abandonaran el barco antes del final. Los responsables de esta nueva etapa del programa, que tuvieron la fórmula para hacerlo popular y exitoso, todavía están a tiempo de escuchar los reclamos de un público al que no en vano se lo llama “el Supremo”.
Information from La Nación. Edited by: Noticias Today.
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