"Al principio se reían de mí por cómo hablaba": Martina Klein, la súper modelo que nació en Belgrano y triunfó en España

BARCELONA.- Posiblemente sus rasgos eslavos, heredados de sus abuelos ucranianos y húngaros, ayudaron a que Martina Klein se convirtiera en una de las modelos más reconocidas de España. Pero pocos saben su verdadero origen.
Nació en la Argentina, de donde se fue a principios de los 90, cuando tenía 12 años. Su familia, en búsqueda de nuevas oportunidades, aterrizó en Barcelona, donde aún permanece.El padre consiguió trabajo en un estudio de arquitectura dedicado a los Juegos Olímpicos de 1992 y la adolescente Martina inició su carrera en una agencia de modelos.
Durante décadas fue la imagen de grandes marcas, ocupó la tapa de las principales revistas y protagonizó múltiples campañas. El desconocimiento sobre ella en la Argentina es inversamente proporcional a su fama en España, donde a meses de cumplir 50 años, su nombre y su imagen siguen siendo sinónimos de estilo y elegancia.Algunos la conocieron en la campaña de Coca-Cola, otros la recuerdan de su primera vez para El Corte Inglés o de la cosmética Yves-Rocher.
En diferentes momentos, las calles estuvieron empapeladas con su imagen. La tapa de revista más memorable fue la que compartió con Lenny Kravitz en 2002.
También tuvo su programa de televisión y continúa oficiando de presentadora de múltiples eventos. En la actualidad es la cara de la marca de relojes Festina, junto con el actor Gerald Butler.Con el paso de los años, el sonido de la doble “ll” en su manera de hablar se fue suavizando, el “tú” desplazó al “vos” y su tonada porteña desapareció, aunque puede resurgir si su interlocutor es otro argentino.Desde hace más de 15 años está en pareja con el extenista Álex Corretja, con quien tiene una hija y han ensamblado sus familias [ella tenía un hijo; él, dos niñas).
Viven en Sant Cugat, un municipio residencial con reminiscencias del barrio de Belgrano donde nació Klein.Los primeros años en Barcelona fueron muy diferentes a la vida que lleva ahora. Sus padres no tenían trabajo y la adaptación no fue fácil a la edad en que ser diferente es un problema.
En la ciudad condal no había tantos argentinos. Uno de los miles que llegaron en el último tiempo es Pedro Cachín, el extenista que fue entrenado por Corretja y “adoptado” por su familia.
El casamiento del cordobés a fin de año será el motivo por el que Martina Klein regresará a la Argentina luego de más de una década. Y durante unos días, volverá a ser la mujer anónima que dejó de ser en España.–¿Te gustaría ser más conocida en tu país de origen?–Como modelo nací estando asentada en Barcelona y lo cierto es que la Argentina me queda lejos.
También hay algo de que la carrera de una modelo en España no tiene las connotaciones que tenía allá en ese entonces. Acá no significaba ser sexy, sexualizar la infancia o convertir el cuerpo de una adolescente en algo provocativo.–¿Qué recordás de tu partida, a los 12 años?–Lo recuerdo como un momento durísimo.
Estaba en el principio de la adolescencia y fue muy complicado separarme de mis amigos y parte de mi familia. Ahora creo que el mundo se ha hecho más chiquito y viajar es más normal.
Para nosotros fue muy doloroso y Barcelona primero se me mostró hostil. Fue un trabajo de muchos años de adaptación y de querer ser rápido como ellos.
Yo sentí cómo se reían de mí cuando hablaba con la “sh” o cuando trataba al otro de vos. Hice mucho trabajo por hablar como ellos, por aprender rápido el catalán, y hoy no puedo entender mi vida si no es ligada a mi ciudad, que es Barcelona.–El escritor Francesc Candel decía que catalán es quien vive, trabaja y se siente de esa forma.
¿Sos catalana?–Me encanta ser argentina, pero al mismo tiempo soy catalana y mi casa está aquí. En Buenos Aires está parte de mi familia, pero mi vida se acostumbró a este lado del mundo hace muchísimos años.
El vínculo se va quedando en la infancia. Es un cariño residual que queda para siempre.
Mis padres también viven acá y mi mamá, que fantaseaba con hacerse grande en la Argentina, empezó a entender que uno al final es del lugar en el que están sus hijos y sus nietos.–¿Te quedan costumbres argentinas?–Sigo pensando que la milanesa napolitana es el summum de lo rico y tengo muchísima nostalgia por la pasta que comía en casa de mi abuela. También alfajores o facturas.
Mi papá sigue haciendo asados y los choripanes son una exigencia de mis hijos. Y bueno, las empanadas forman parte de la gastronomía familiar y también de la familia de Alex que las ha incorporado.–¿Cómo saltaste a la fama tan rápido?–En realidad, mi carrera creció poco a poco desde el primer momento.
Tuve la suerte de aterrizar en una agencia seria y trabajar con los mejores fotógrafos de Barcelona. Toda la generación de modelos y marcas de esa época fuimos creciendo a la par.
Cuando cumplí 17, que tenía que hacer el examen previo a la universidad, ya trabajaba tanto que tuve que tomar una decisión muy difícil: ser modelo o seguir estudiando porque con tantos viajes no era compatible.–¿Te quedó pendiente?–Me quedó pendiente y tengo a mi hijo en la misma carrera que yo quería, Diseño de Producto; me da un poco de envidia. Creo que la vida universitaria es súper necesaria y a mí me agarró viajando, estando mucho tiempo sola e intentando buscarme la vida en un mundo complicado.–¿Por qué la niña de 15 años quería ser modelo?–Cuando llegamos a Barcelona la situación de mis papás era precaria.
Conocieron a unos amigos que tenían una hija que hacía catálogos infantiles y ganaba su propio dinero. Ahí descubrí que podía ganar dinero para comprarme una bicicleta, unos patines o unos jeans sin molestar a mis papás.
Así que intenté por ese lado y conseguimos una agencia seria que nos dio mucha confianza. Empecé a tener trabajos sin necesidad de dejar el colegio.–Hoy también te dedicás a otras cosas, ¿te seguís considerando modelo?–Sigo trabajando como modelo en diferentes campañas, pero también estoy ligada al personaje que represento.
En el imaginario de las personas soy modelo y tengo un nombre aquí en España y eso me ayuda a seguir. También tengo una marca de textiles de hogar de Barcelona con otras socias; escribí durante muchísimos años columnas en medios; soy presentadora y he trabajado como actriz.
Me gusta mucho escribir y desde hace dos años estoy haciendo un curso de creación literaria en el Ateneu Barcelonés.–¿En tu casa se habla catalán?–Mi hija habla catalán con su padre y conmigo castellano. Las niñas de Alex hablan catalán.
Es un típico hogar catalán con mezclas que suceden en todas las casas. A mí es una lengua que me encanta.
Hablarlo bien es muy complicado y vamos muy orgullosos de esa mezcolanza y de esa forma de convivir entre las dos lenguas.
Information from La Nación. Edited by: Noticias Today.
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