Conrado Estol, neurólogo, y sus secretos para vivir mejor: "Marcar la diferencia entre envejecer y simplemente cumplir años"

La búsqueda de una vida más larga y saludable dejó de ser un concepto abstracto para convertirse en una prioridad biológica, una meta que, según el reconocido neurólogo Conrado Estol, es perfectamente alcanzable a través de cambios estratégicos en la rutina. Durante su participación en el Bienestar Fest, realizado en el Hipódromo de Palermo, el especialista captó la atención de una multitud que se acercó para comprender cómo optimizar la calidad de vida frente a los desafíos del envejecimiento moderno.La convocatoria fue tal que el Espacio Inspiración, donde Estol brindó su conferencia, quedó colmado, lo que refleja el interés creciente por la medicina de la longevidad.
En su disertación, Estol subrayó que muchas personas incurren en errores comunes al creer que sus hábitos actuales son suficientes para proteger su salud a largo plazo. Uno de los puntos focales de su análisis fue el impacto de la interacción social.Ante la creencia frecuente de que una persona es inmune a los efectos del aislamiento si se considera sociable, el neurólogo advirtió que lo determinante no es la cantidad de vínculos, sino su calidad.
De igual modo, indicó que el estrés crónico, incluso en individuos con una vida social activa, puede comprometer severamente el sistema inmunológico, lo que acelera procesos de deterioro que pasan inadvertidos.Otro aspecto desglosado por Estol fue la higiene del sueño, donde el experto fue tajante al desmitificar la idea de que dormir siete horas es una garantía de descanso reparador. “Cumplir con un número no garantiza que el sueño sea verdaderamente reparador; la profundidad y la regularidad son tan importantes como la duración”, explicó durante el evento. Esta distinción es fundamental, ya que el cerebro necesita ciclos de descanso específicos para procesos metabólicos de limpieza y consolidación cognitiva que ocurren solo en ciertas etapas del sueño nocturno.En cuanto a la alimentación, Estol alertó sobre la desconexión entre la percepción de “comer bien” y la realidad nutricional.
Muchas dietas autodenominadas saludables ocultan deficiencias severas en la ingesta de proteínas, falta de nutrientes esenciales y un exceso inadvertido de azúcares y grasas procesadas, a menudo disimuladas en etiquetas complejas. El profesional también advirtió sobre el consumo de sustancias consideradas menores, como el alcohol o el cigarrillo social, conductas que, aunque parecen inofensivas, alteran los mecanismos celulares de envejecimiento.Sobre la actividad física, Estol fue enfático: caminar de manera casual no es suficiente.
El organismo demanda estímulos constantes que eleven la frecuencia cardíaca y preserven la masa muscular, un tejido que tiende a perderse naturalmente con el paso de los años. Para el neurólogo, el éxito no depende de sacrificios extremos, sino de integrar hallazgos científicos sólidos para combatir la inflamación crónica.“El desafío está en distinguir entre lo que suena saludable y lo que está probado”, aseveró el médico, quien destacó que el acceso a información confiable es lo que permite, en última instancia, marcar la diferencia entre envejecer y simplemente cumplir años.
Luego de su ponencia, Estol recibió el reconocimiento del público e incluso compartió el ejemplo de su padre, un hombre de 95 años que define como un superager por su integridad y curiosidad constante.Este contenido fue producido por un equipo de LA NACION con la asistencia de la IA y sobre la nota de Dolores Pasman
Information from La Nación. Edited by: Noticias Today.
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