La muerte de Borges y dos deseos sobre su destino: descansar en Ginebra o la repatriación

RECOLETA.— Cuando hace cuarenta años la muerte sorprendió (o esperó) a Jorge Luis Borges en Ginebra, Suiza, la noticia causó asombro entre sus amigos, familiares y lectores. No obstante, en el prefacio de Los conjurados, acaso el libro menos leído de Borges, indicó: “Dicto este prólogo en una de mis patrias, Ginebra”.
Borges entró en coma el 13 de junio de 1986 y murió al día siguiente, a los 86 años, en un departamento alquilado ubicado en la Grand-Rue 28. Según el relato de su viuda, María Kodama (a quien está dedicado Los conjurados), en el último aliento ella le tomaba la mano, acompañada por el escritor argentino-francés Héctor Bianciotti.
Borges tenía cáncer de hígado.No obstante, en varias ocasiones, el escritor había dicho que quería que sus restos descansaran en el Cementerio de la Recoleta, en su ciudad natal. “Preveo un entierro en el panteón de la Recoleta, donde está mi padre, mi abuelo, el Coronel Borges, mi bisabuelo, el Coronel Suárez, mis otros abuelos... Pero todo eso me tiene sin cuidado, porque como yo no estaré presente...”, le expresó al periodista Fernando Flores Maio en 1973.
Antes de su partida de Buenos Aires en noviembre de 1985, Borges revocó su testamento de 1979 (donde una de las beneficiarias era Epifanía “Fani” Úveda) y declaró como heredera de sus bienes a Kodama. Se casaron el 26 de abril de 1986, después de una internación de Borges en el Hospital de Ginebra y de que el abogado Osvaldo Vidaurre -padre de la escribana de confianza de Kodama- consiguiera una licencia matrimonial vía Paraguay. “Criticaron mucho a María por ese cambio de testamento, pero se trato de una dignificación”, observa el abogado Fernando Soto.Tanto su hermana Norah Borges (que el 18 de junio de 1986 publicó una carta de lectores en LA NACION) y los sobrinos como amigos y políticos reclamaron por la repatriación de los restos de Borges, un caso que al parecer no está cerrado: ayer, en una conferencia en Ginebra manifestaron que insistirán con regresarlo a la Argentina.
En 2009, días después de que la diputada kirchnerista Marta Lenz presentara un proyecto para repatriar los restos del escritor, se recordó la carta mecanografiada de Borges, fechada el 6 de mayo de 1986 y enviada a la agencia española EFE en la que expresaba su decisión de quedarse en Ginebra. “Soy un hombre libre -afirmaba-. He resuelto quedarme en Ginebra, porque Ginebra corresponde a los años más felices de mi vida.
Mi Buenos Aires sigue siendo el de las guitarras, el de las milongas, el de los aljibes, el de los patios. Nada de eso existe ahora.
Es una gran ciudad como tantas otras”. Y agregaba: “En Ginebra me siento extrañamente feliz.
Eso nada tiene que ver con el culto de mis mayores y con el esencial amor a la patria. Me parece extraño que alguien no comprenda y respete esta decisión de un hombre que ha tomado, como cierto personaje de Wells, la determinación de ser un hombre invisible”.
Tiempo después, Kodama explicó que Borges no quería ser sometido al asedio de la prensa (pre y post mórtem), como había hecho con el del político radical Ricardo Balbín.Antes de la boda, Borges decidió vender el departamento de la calle Maipú en el que había vivido con su madre, lo que ocasionó una agria disputa con su hermana y sus sobrinos, y el despido abrupto de Úveda que había trabajado más de cuarenta años al servicio de los Borges. A raíz de estos trajines, volvió a ser internado en una clínica (L’Arve) hasta comienzos de mayo.
Su salud empeoraba. La pareja había arribado a Ginebra desde Venecia, en diciembre de 1985, y se hospedó el hotel L’Arbalade hasta que, por deseo del escritor, se pudo alquilar el departamento en el casco histórico de la ciudad, donde falleció.
El 25 de mayo de 1986, Kodama y Borges concurrieron a los festejos por el día patrio en la embajada argentina y, los primeros días de junio, el escritor recibió la visita de la escritora Marguerite Yourcenar, con quien conversó por varias horas. Borges fue enterrado cuatro días después de su muerte en el cementerio de Plainpalais, o “de los Reyes”, en el sepulcro 735.
En la Argentina, el presidente Raúl Alfonsín declaró ese día duelo nacional. El jueves 11, ante la tumba de Borges tuvo lugar un acto conmemorativo con la presencia del embajador argentino Gustavo Lunazzi, el doctor Martín Kodama, la alcaldesa de Ginebra, Christina Kitsos, y la presidenta del Consejo de Estado del Cantón, Anne Hiltpold.A Kodama no le gustaba conmemorar la muerte de Borges; prefería celebrar su nacimiento cada 24 de agosto. “Las veces que la acompañé al cementerio en Ginebra ella se quería ir lo antes posible -revela Flores Maio, vicepresidente de la Fundación Jorge Luis Borges-.
Al principio decía que quería que la enterraran al lado de la tumba de Borges. Y por eso se enojó mucho cuando alguien que conocía enterró a su marido al lado de la tumba de Borges, pero después no habló más del tema.
Siempre se opuso a la repatriación de los restos de Borges; al respecto, decía que Borges pensaba que quienes andaban manipulando cadáveres atraían la mala suerte”.
Information from La Nación. Edited by: Noticias Today.
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