Este sábado las comparsas, catrinas, calaveras, alebrijes, globos gigantes y personajes chilangos urbanos tomaron Paseo de la Reforma para participar el Desfile Mundialista. Horas antes de que arrancara el desfile, Paseo de la Reforma ya tenía ambiente de partido de la Selección Mexicana.

Desde las nueve de la mañana comenzaron a llegar familias completas, turistas nacionales y visitantes extranjeros vestidos, en su gran mayoría, con la casaca verde, sombreros tricolores y banderas al hombro para apartar un lugar en las vallas y presenciar el Desfile Mundialista, organizado por el Gobierno de la Ciudad de México. La intención era replicar la fórmula del ya tradicional Desfile Internacional de Día de Muertos, que cada año conquista a turistas nacionales e internacionales en Reforma.

Esta vez, la fiesta tuvo como pretexto la justa deportiva internacional de la que la Ciudad de México es sede por tercera ocasión. Con poco más de 20 minutos de retraso, el contingente inició a avanzar, con ruta modificada, debido a la presencia del campamento de maestros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE).

El recorrido partió de la Glorieta de la Diana Cazadora y concluyó en el Monumento a la Revolución, en menos de dos horas. La fiesta inició con el globo monumental de una pelota de futbol bajo el lema “La pelota vuelve a casa”, seguido por carros alegóricos adornados con flores de cempasúchil, calaveras monumentales, símbolos prehispánicos y comparsas que mezclaban el imaginario del Mundial con la identidad cultural mexicana.

A partir de ese momento, Reforma se transformó en una larga pasarela de colores, música y personajes fantásticos. Por los contingentes desfilaron artistas y beneficiarios de PILARES y UTOPÍAS, caracterizados como catrinas, catrines y criaturas mitológicas.

También hubo comparsas y chinelos provenientes de Tláhuac, Milpa Alta y Azcapotzalco, así como colectivos cartoneros de la Ciudad de México y Oaxaca. Los asistentes observaban pasar trajineras convertidas en carros alegóricos, alebrijes monumentales, ajolotes gigantes, cacomixtles, colibríes y contingentes de los 32 estados del país.

Pero si hubo un momento que arrancó aplausos generalizados fue el paso del carro alegórico dedicado a la Alameda Central. No muy atrás apareció otra de las comparsas favoritas: la de los personajes chilangos urbanos.

Ahí marchaban pachucos, luchadores, payasos, bailarines, vendedores ambulantes, cilindreros, asimismo de “godinez” y hasta “mirreyes” , personajes que forman parte de la vida cotidiana de la capital. Luego vino el turno del carro alegórico dedicado a los sonideros, acompañado por bailarines que improvisaban pasos sobre el asfalto, mientras algunos espectadores respondían desde las banquetas con vueltas y giros al ritmo de la música.

El desfile fue disfrutado por cientos de visitantes nacionales y extranjeros, quienes aseguraron que les sigue sorprendiendo el folclore, la cultura y calidez de los mexicanos, Abigail, originaria de San Luis Potosí, quien viajó a la Ciudad de México junto con su madre y sus tres hermanas, aseveró a Excélsior que el desfile, como el de Día de Muertos, fue “excelente”. A unos metros, Emmanuel Cortés, visitante de Cali, Colombia, observaba el paso de los contingentes. - ¿Qué fue lo que más te gustó? - El ajolote gigante, era rosado e increíble-, expresó.

La misma impresión compartieron Maura y Joseph, una pareja de turistas provenientes de Australia y Brasil que visitan por primera vez la Ciudad de México. Joseph añadió: “Aquí parece Brasil.

Es muy alegre. La gente mexicana tiene una calidez única”.

La fiesta continuó entre sonideros, comparsa y música de viento. En la recta final, uno de los momentos más emotivos llegó con la aparición de Juanito, la entrañable mascota del Mundial México 70.

El inflable despertó gritos, aplausos y vivas entre los asistentes, mientras una banda de viento interpretaba melodías populares. Muchos adultos levantaron a sus hijos sobre los hombros para que pudieran verlo pasar.

El cierre estuvo reservado para dos figuras gigantes que dominaron el horizonte de Reforma: Quetzalcóatl, la serpiente emplumada y el ajolote rosa, adoptado por el gobierno capitalino como mascota de la ciudad de las celebraciones mundialistas. Detrás de ellos avanzaban últimos contingentes rumbo al Monumento a la Revolución, mientras en la Glorieta de la Diana Cazadora los asistentes armaron su propia fiesta, bailando lo mismo “No rompas más”, de Caballo Dorado o la Chica Fresa.

En la escalinatas del Ángel de la Independencia armaron el karaoke; cientos de voces hicieron retumbar El Rey y Cielito Lindo. Entre los asistentes se escuchó: “Este es mucho pueblo”.