Se lesionó, lo operaron y a los 22 días jugó la final del Mundial: el caso Baresi y su nexo con la selección argentina
Faltan poco más de 72 horas para el debut de la selección argentina en el Mundial 2026. Algunos discuten si hay clima mundialista o si la euforia tradicional está con el freno de mano activado.
Otros sobre los candidatos y cómo les fue en los pronósticos de los primeros partidos. Están los que opinan si era Shakira la que cantó en la ceremonia de apertura en México o “una doble”, con esas polémicas tan clásicas que se instalan en cada gira de Luis Miguel.
También los que se sorprenden ante la noticia de que para los partidos del equipo que dirige Lionel Scaloni “ya no hay tickets”.En medio de esa marea de ítems aparece uno más sensible: la cantidad de lesionados que registra la selección a escasos días del primer partido. “Es una locura que tenga tantos tipos tocados, se arriesga mucho”, “Esto parece un club de amigos, me recuerda al desastre que fue Sampaoli en Rusia 2018”, “Paredes viajó sólo para la cábala de los caramelos con De Paul”, “A Balerdi lo limpiaron por lesión y a Tagliafico, que se lesionó más tarde, lo dejan”, “la lista está mal hecha”, “¿Por qué Scaloni dice que el que no está bien se queda afuera y después no lo cumple?”. Brotan las sentencias en las oficinas, en la calle, en el café, en los hogares.
No se sabe si hay menos o la misma pasión que tres días antes de Qatar 2022, pero todos tienen su verdad y la esgrimen sin tapujos, accionando el play de su propio streaming. Tomándonos de esta situación, significativa por cierto, que implica tener a los “soldados” en plenitud o no para una competencia de altísima exigencia física y mental, volamos un poco en el tiempo.
Muchos ni siquiera habían nacido cuando sucedió “el milagro”. Y no saben lo que se perdieron, entre otras cosas, como la dupla Romario-Bebeto...// // //La historia del defensor italiano Franco Baresi en el Mundial de 1994, realizado también en Estados Unidos, es una de las recuperaciones más extraordinarias que se recuerden en el fútbol.
No sólo porque volvió a tiempo para jugar una final, sino porque lo hizo cuando prácticamente todos pensaban que su torneo había terminado.Ese Mundial había comenzado el viernes 17 de junio. Italia integraba el Grupo E con Irlanda, Noruega y México.
El debut italiano, el sábado 18, no fue el esperado: derrota con los irlandeses por 1-0 en el Giants Stadium, en Nueva Jersey. Sobrevolaba el fantasma de la eliminación y la presión de los medios se hacía sentir.
El jueves 23, en el mismo escenario, el compromiso clave era con Noruega. Al arquero Gianluca Pagliuca lo echaron a los 22 minutos, pero lo peor se daría a los 4 minutos del segundo tiempo.El capitán Baresi sintió un fuerte dolor en la rodilla derecha y debió ser reemplazado.
Italia lo ganó, con un gol de Dino Baggio a los 24 minutos de ese período, pero más allá del alivio en la delegación había mucha preocupación por el estado de Baresi. Los estudios confirmaron una rotura longitudinal del menisco interno.
La noticia cayó como una bomba en la concentración italiana. El propio seleccionador, Arrigo Sacchi, declaró: “La pérdida de Baresi es gravísima en todos los aspectos: humano, técnico y táctico”.
La prensa italiana dio por hecho de que el Mundial había terminado para él.Dos días después de la lesión, Baresi fue sometido a una artroscopia en el hospital Lennox Hill, de Nueva York. Italia esperaba el partido decisivo del grupo frente a México, con los cuatro equipos igualados en dos puntos, con una victoria y una derrota cada uno.
No obstante, apareció una pequeña luz de esperanza. El médico de la selección, Andrea Ferretti, explicó que “los ligamentos no estaban dañados”.
Técnicamente, una eventual recuperación para la final (17 de julio) era posible, aunque extremadamente improbable. Tanto como que Italia llegase al match decisivo.
Tengamos en cuenta que en 1994, es decir, hace 32 años, una recuperación de este tipo solía requerir varias semanas más. Lo normal era pensar en unos dos meses de inactividad, no en tres semanas, lapso promedio de reestablecimiento de un desgarro.
Cuando se confirmó la gravedad de la lesión ya era demasiado tarde para solicitar un reemplazo en la lista mundialista. Baresi tuvo que permanecer oficialmente inscripto en el plantel aunque no jugase un minuto más.
Pero Sacchi, que lo conocía como pocos por haberlo tenido en Milan, tomó una decisión importante: mantenerlo integrado al grupo.Aunque no jugara, Baresi, con 34 años, seguía siendo el capitán, el líder emocional de una selección que había comenzado el torneo con enormes dudas y que arrastraba la desilusión de haber sido eliminada cuatro años antes en “su Mundial”, por la Argentina, en las semifinales por penales, en la noche gloriosa de Sergio Goycochea en el San Paolo. La presencia de Baresi en los entrenamientos, en las charlas y en el vestuario era considerada fundamental.Pese a empatar con México (1-1), Italia avanzó a los octavos de final como uno de los mejores terceros.
Y lo que parecía imposible empezó a volverse imaginable. La Azzurra se aferró al 2-1 como resultado fetiche y así fue como eliminó sucesivamente a Nigeria, España y Bulgaria, en octavos, cuartos de final y semifinales.
Mientras todo eso ocurría y en Italia ya apostaban por el tetracampeonato, Baresi trabajaba prácticamente a jornada completa. Fisioterapia, fortalecimiento de la rodilla, ejercicios en piscina y sesiones específicas para recuperar movilidad.
La recuperación sorprendió incluso a los médicos. Apenas tres semanas después ya se entrenaba parcialmente con el grupo.Dos días antes de la final, sus actuaciones en los entrenamientos empezaron a impresionar a los periodistas italianos.
Sacchi seguía siendo prudente públicamente, pero la posibilidad de verlo como titular ya era real. Una apuesta arriesgadísima, ¿pero quién mejor que Sacchi para tomar esa decisión?
Con él había ganado scudettos, dos Champions League (Copa de Europa en ese entonces) y un par de veces la Intercontinental. Italia llegó a la final contra el Brasil de Romario y Bebeto con varios futbolistas tocados físicamente.
Hablamos de un rival invicto en seis partidos, con cinco victorias y un empate. Un Brasil que no desbordaba en lujos, pero que tenía esa dupla de ataque formidable.
Sacchi decidió asumir el reto: poner a Baresi como titular después de apenas 22 días de la operación. ¿Por qué hacerlo?
Porque para Sacchi, Baresi era mucho más que un defensor. Era el jefe de la línea defensiva, el líder táctico, el jugador que mejor interpretaba el sistema de presión y coberturas.
El capitán de una generación. Sacchi consideró que un Baresi al 70% seguía siendo más valioso que cualquier alternativa completamente sana.Baresi en la final 1994El 17 de julio de 1994, en el Rose Bowl de Pasadena, Baresi jugó los 120 minutos de la final.
Y lo hizo frente a la dupla ofensiva más temida del mundo. Contra todos los pronósticos, fue probablemente el mejor jugador italiano del partido.
Brasil dominó territorialmente varios tramos, pero encontró enormes dificultades para superar la defensa liderada por Baresi y Paolo Maldini. Treinta y dos años después, muchos periodistas italianos siguen considerando aquella actuación una de las mejores de toda su carrera.
El desenlace fue cruel, luego del 0-0 en los 120 minutos. La imagen que quedó en la memoria colectiva es el penal del ilustre Roberto Baggio volando por encima del travesaño.
Pero antes de eso había fallado su remate el propio Baresi. Sacchi lo había elegido como primer ejecutante de la tanda.
Cuando le preguntaron después por qué había tomado esa decisión, respondió simplemente: “Siempre patea primero”. El tiro salió alto.
Fue una ironía cruel. Después de protagonizar una recuperación casi imposible y una actuación monumental en tiempo reglamentario y alargue, el recuerdo popular quedó asociado a ese penal errado y al de Baggio.No obstante, con el paso del tiempo, la percepción cambió.
Y vale recordar a Baresi por la hazaña física y futbolística en 22 días que por un penal errado. Fue su último Mundial y con el corazón y un cuerpo que lo ayudó a límites insospechados, estuvo ante una oportunidad única de levantar la Copa del Mundo como líder de la selección.
Ya había sido campeón en España 1982, pero no como titular. También rozó el milagro gracias a su entrenador, que creyó hasta último momento en un jugador con algo distinto al resto.
Y lo mantuvo junto al plantel en medio de la tormenta. Hace unos años, Baresi recordó ante la página de FIFA aquellas semanas en Estados Unidos. “Con todos los años que han pasado, cada vez que cuento esta historia siempre parece increíble, aunque en aquel momento no pareciese así, porque yo lo vivía muy intensamente, día a día.
Uno se prepara para pasar por el quirófano y se hace preguntas sobre su futuro, luego empieza apenas la recuperación y, de golpe, ¡está a punto de jugar una final! Nunca pensé que fuese a poder jugar, seguí con el tratamiento y con fisioterapia con la idea de irme de vacaciones y llegar preparado a la temporada siguiente.
Así que pueden imaginarse mi sorpresa cuando me di cuenta de que estaba a punto de jugar la final del Mundial".¿Su estado real? “Nunca podré decir que estaba al 100%, ¡eso seguro! Me había sometido a varias sesiones de entrenamiento más intensivas y la rodilla respondió muy bien.
No me dolía demasiado ni se inflamaba. Asimismo, se dio una conjunción de factores, porque tuvimos otras lesiones, gente sancionada… A fin de cuentas, Sacchi tuvo la valentía de darme una oportunidad.
Todo el día fue muy tenso, muchísimo, no sólo el partido en sí. El pensamiento constante de saber si la rodilla iba a aguantar".// // //La historia de Baresi fue única a través del tiempo.
No es ni la de Dibu Martínez, Nahuel Molina, Gonzalo Montiel, Cuti Romero, Nicolás Tagliafico, Leandro Paredes, Nico González ni Julián Álvarez. Ni Scaloni es Sacchi.
Pero más allá de las lógicas alarmas que suenan por estos días, de los temores, de la desconfianza por algunas decisiones, de lo grotescos que pueden resultar algunos pensamientos, difícil es imaginar que un entrenador y su cuerpo técnico elijan conscientemente pegarse un tiro en el pie luego de un proceso de 8 años.¿Todos los jugadores están al ciento por ciento? No, es clarísimo.
Y los que tienen el alta médica reciente o la tendrán en breve, no llegarán con el ritmo de competencia ideal. Otros, en el mejor de los casos, podrían entrar en acción con el certamen en desarrollo, sumando minutos progresivamente.
Analizando de forma realista el contexto, nadie contempla, dentro y fuera de la selección, la posibilidad de quedar fuera de los playoffs teniendo el handicap novedoso de que también avanzarán 8 de los 12 terceros. La discusión de si alguno que esté hoy fuera de los 26 merece un lugar por el hecho de encontrarse “apto físicamente” es más fina y no se apagará.
Y la historia de Baresi, aunque haya sido un caso aisladísimo, quizá tenga alguna correspondencia con la actualidad argentina. Y también quizá Scaloni (y Aimar, y Samuel, y Ayala) sueñen por las noches, entre tantas cosas, con las enseñanzas de un tal Arrigo Sacchi.
Information from La Nación. Edited by: Noticias Today.
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