Hagan lo que le hagan, el fútbol tiene asegurado su éxito hasta que el universo diga basta. Siempre habrá equipos y sobre todo jugadores que renovarán el gusto en las generaciones por venir.

Si el espectáculo admite cada tanto un cambio que apunta a multiplicar las ganancias, el juego varía gradualmente para no estancarse nunca. Los mundiales solían ser la oportunidad de mostrar una novedad.

Cambió la tendencia. En esta época global, es difícil sorprender.

Todo se ve, todo se conoce. Los técnicos disponen de cuatro años para estudiar al rival y tratar de neutralizarlo.

En su cotidianidad de entrenamientos, los equipos tienen más margen que las selecciones para innovar. Pero un Mundial siempre sirve para establecer un punto en la historia, para establecer hacia dónde va el juego.

Primero habrá que imaginar, en este mes de un único tema, qué fútbol veremos.Antes de Qatar, Lionel Scaloni había asegurado que ganaría aquel que se defendiera mejor, incluso el que por momentos supiera ser cauto. No está claro que su selección haya sido la que mejor se defendió; sí la que mejor atacó.

Pero esta semana ratificó que piensa igual que hace tres años y medio. Incluso expresó que por momentos hay que “saber atrincherarse”.

Ese es un buen punto de partida: todos los seleccionados protagonistas manejan la idea de defenderse en bloque cerca de su área; incluso los que tratan de presionar la salida rival, si no logran recuperar enseguida, se abroquelan con poco espacio entre sus líneas. Ante esos esquemas, los que atacan suelen abrir la cancha, donde es más fácil generar que un atacante pueda recibir contra un solo rival.

Pero siempre lo más importante será contar con los pocos jugadores capaces de moverse entre la defensa y el mediocampo contrarios; esos que apenas reciben, giran y encaran. Pocos hitos cambiaron tanto la manera de jugar como la prohibición de que el arquero tomara la pelota con sus manos luego de un pase con el pie de un compañero.

Las variantes ahora son mínimas. Las últimas apuntaron a mejorar el tiempo neto.

Tiene más lógica apurar cuando todo está por jugarse que adicionar una gran cantidad de minutos cuando ya todo parece sentenciado.El fútbol hoy se estudia hasta el extremo de que existan entrenadores de pelota parada. O hasta el punto de que no sólo equipos con menos recursos (Riestra en nuestro medio) sino algunos de la Premier, la liga que sí puede generar tendencia, envían los laterales al área.

Atentos con la ceremonia de llevar los centrales a cabecear: el que demore será sancionado y le concederá el lateral al rival.El sitio estadounidense The Athletic junto al servicio de estadísticas Opta realizaron una cronología de cambios estadísticos en la historia de los mundiales. Así como observaron que el 25% de los pases intentados por Inglaterra y Alemania Occidental en la final de 1966 recorrieron al menos 20 metros, concluyeron que sólo un encuentro llegó a ese número en la edición de 2022: Irán frente a Gales en la fase de grupos.

La pelota hoy se lleva, difícilmente se lance. Así será mayormente en esta edición.

En el informe se desprende un dato de la maravillosa final ganada por Brasil a Italia en 1970: de los 27 remates del campeón, 19 partieron desde fuera del área. Sirve saber que el Mundial de Qatar registró la menor distancia media de disparos al arco (16,4 metros) y el mayor porcentaje de tiros dentro del área (63%).

Se requieren más pases para avanzar, se llega más lejos con ese plan. En el mapa de calor de los futbolistas de cada campeón, que determina la posición promedio que ocupó cada jugador en la cancha, resalta una evidencia: entre el más adelantado y el más retrasado de un buen equipo no puede haber más de 30 metros.

Antes las líneas se estiraban. Hoy, el equipo largo saca del medio más seguido.

El fútbol no cambió las dimensiones de la cancha, pero sí la manera de ocuparla. La gran diferencia es que hoy existe menos espacio para recibir la pelota y menos tiempo para jugarla.

La década pasada parece haber repartido un manual homogéneo de cómo jugar. Lo firmó Pep Guardiola.

Algunos lo estudiaron de memoria, no lo aprendieron. El problema de un gran éxito es un mal cover.

En el debut, Sudáfrica quiso salir jugando y México le convirtió fácil. Javier Aguirre y sus jugadores, claro, habían ensayado qué iba a hacer el rival desde que el arquero tuviera la pelota en los pies.

Cualquiera debe salir a la cancha sabiendo que el rival lo conoce.Hay conceptos que hace rato perdieron actualidad. El volante mexicano Erik Lira mueve la pelota desde atrás con criterio.

El surcoreano Hwang In-beom pisa el área, piensa y define. Hay países en los que se expandió la idea de dejar jugar, de permitirles la creatividad mientras aprenden para que jugar resulte natural cuando trabajan de esto.

Marruecos tiene una academia impulsada por su rey que educa, aloja y entrena a niños; algunos ya llegaron a la selección mayor. Hace rato que la gambeta no nace sólo en Barracas.

Y el toque es universal: en la paliza que le dio a Paraguay, solo en el primer tiempo Estados Unidos dio 293 pases, con el plus de que una tercera parte de ellos fueron en zona de ataque. La posesión que hace daño.

Y goles. Volvemos a Scaloni.

Al término del Mundial 2018 en el que había sido ayudante de Jorge Sampaoli, el técnico de la selección tomó nota del relevamiento de la FIFA que mostró que no habían tenido éxito los equipos de mayor posesión. Es el tiempo de cortar y correr, pensó.

Hasta que se fue dando cuenta del material del que disponía en su equipo, que llegó a la gloria mediante un juego más elaborado que el de la mayoría. Argentina no generó un cambio de estilo universal básicamente porque no cualquiera puede juntar jugadores de esas características.

La clave siempre será explotar el estilo que surge de los protagonistas. Reconocerse, convencerse y en algún caso, animarse a más.

A repetir un título soñado, por ejemplo.