Brasil, tierra de futbol, país incluso donde tiene el mismo peso que la religión, un sitio donde los niños nacen con un ADN especial porque desde el vientre profesan el amor por este deporte. En la playa, los barrios y en cada zona de ese país se habla y se juega al futbol con una pasión que no se ve en otras latitudes.

Esa nación debuta este sábado ante Marruecos en la Copa del Mundo, con el hambre de gloria más grande de su historia.No hay país que no se haya rendido ante la magia de los futbolistas brasileños: Pelé, Garrincha, Vava, Tostao, Carlos Alberto, Bebeto, Romario, Ronaldo, Ronaldinho, Rivaldo… y una estela de muchos más que han dejado alguna jugada en la memoria futbolística. No obstante, algo ha ocurrido con Brasil, que en los últimos tiempos ha visto como esa estela se convirtió en un equipo al que le faltaba la magia, la cadencia y el espectáculo.

El Jogo bonito pasó a ser un mero recuerdo, sobre todo en los Mundiales, donde el Scratch du oro perdió ese halo competitivo. La última gran alegría de Brasil se dio en Corea y Japón 2002 y desde entonces acumula ya seis ediciones en las que ha estado lejos del protagonismo, 24 años de amargura, con un Mundial en casa (2014) en el que fueron cruelmente maltratados por Alemania con una goleada de 7-1.

La esperanza italianaCon la brújula extraviada, la Confederación Brasileña dio un cambio de rumbo que pocos podían siquiera imaginar: elegir a un entrenador que no fuera de origen brasileño. Parecía un sacrilegio, pero fue la medida que eligieron para ver si alguien del exterior los regresaba a la cima del futbol mundial.El elegido fue nada menos que Carlo Ancelotti; la CBF se fue a lo grande, apostó por el entrenador más laureado en Europa, el que tiene en su currículum nada menos que cinco Champions League, el único que ha sido capaz de ganar las cinco grandes ligas en el Viejo Continente.

Un estratega que es respetado por su conocimiento y por el trato con el jugador. Qué paradojas tiene el futbol.

Brasil, bandera del futbol espectáculo, eligió en 2025 como su entrenador a un italiano que había desafiado la cultura del catenaccio desde que era futbolista y se levantó como motor del Milán de Arrigo Sacchi. Carletto cerró su segunda etapa en el Real Madrid y se embarcó en la aventura más desafiante: hacer que Brasil recupere la memoria futbolística y vuelva a reinar en el máximo escenario del futbol.

Carlo es un entrenador en toda la extensión de la palabra, pero también un gestor que sabe domar los egos más grandes y comprometerlos con la causa común, entiende las ideologías y las hace evolucionar, dejando que el talento se exprese con libertad, pero guardando también automatismos que fluyan con el equipo. Romper la malaria Para Brasil, ver a Italia, España, Alemania, Francia y Argentina levantar la copa que por naturaleza dominaba, se ha convertido en un desafío y una deuda existencial.

Carleto buscará ser el primer entrenador de una selección que se corone sin ser originario del país ganador; por primera vez en su historia, Brasil llega a un Mundial bajo el mando de un entrenador que no nació en alguno de sus 26 estados federados. En la historia de los Mundiales, solo dos entrenadores no nacidos en el país de la selección que dirigen han llegado a la final: el inglés George Raynor con Suecia, en el Mundial de Suecia 1958, y el austriaco Ernst Happel con Países Bajos en Argentina 1978, pero ambos perdieron el duelo decisivo.

Carlo Ancelotti, 67 años, Reggiolo, Italia, entrenador de futbol, llega al Mundial de 2026 a buscar la corona que le falta en su vasto palmarés, tiene detrás de sí la fe del país más futbolero del planeta. Brasil e Italia van tomados de la mano a cambiar la historia.

RGS