Hay combinaciones que son prácticamente inevitables. Una de ellas es sacar una pelota y presenciar como un perro entra automáticamente en “modo felicidad absoluta”.

Las cosas que botan, ruedan o pueden lanzarse lejos activan en muchísimos perros conductas de persecución, juego y exploración profundamente satisfactorias, especialmente en razas seleccionadas históricamente para cobrar objetos o trabajar.Dentro de todos esos juguetes, pocas cosas están tan universalmente asociadas a los perros como las pelotas de tenis. Son baratas, fáciles de encontrar, ligeras, caben en cualquier mochila y parecen casi diseñadas para una sesión interminable de lanzar y traer.

En muchísimos hogares con perros medianos y grandes forman parte obligatoria de la cesta de juguetes.El problema es que esa normalidad hace que casi nadie se plantee si realmente son un producto adecuado para ellos. Veterinarios y especialistas en odontología veterinaria advierten de que las pelotas de tenis no son tan inocentes como parecen, especialmente cuando el perro pasa mucho tiempo mordiéndolas, destruyéndolas o jugando sin supervisión.De qué está hecha una pelota de tenisAunque solemos pensar en ellas como objetos blandos, las pelotas de tenis están diseñadas para resistir impactos violentos contra raquetas, cemento, tierra batida o asfalto.

Su objetivo no es ser mordidas durante horas por un animal.La estructura interna está fabricada con caucho vulcanizado, una mezcla de goma natural y sintética tratada químicamente para aumentar su resistencia, elasticidad y durabilidad. A eso se añaden aceleradores químicos, azufre, óxidos minerales y distintos compuestos industriales utilizados para soportar la abrasión constante del deporte profesional.Por fuera, la característica capa amarilla o verdosa tampoco es simple tela, sino que se trata de un recubrimiento de fibras sintéticas o mezclas de lana y nailon diseñado específicamente para resistir una fricción continua.Eso no significa que una pelota de tenis sea automáticamente tóxica ni venenosa para un perro por tocarla o jugar puntualmente con ella.

El problema aparece cuando un objeto pensado para raquetas pasa a convertirse en un juguete de masticación diaria, durante años y con exposición continua a la saliva, la presión mandibular, la suciedad y el desgaste.Los especialistas insisten precisamente en que no hablamos de un peligro dramático inmediato en la mayoría de los casos, sino de pequeños daños acumulativos que pueden acabar teniendo consecuencias importantes con el tiempo.El desgaste dentalUno de los problemas más frecuentes asociados a las pelotas de tenis es el deterioro progresivo de los dientes. Aunque al tacto parecen suaves, la superficie externa actúa como una especie de lija.

El problema no es solo la fibra sintética, sino que el fieltro de la pelota actúa como una ‘trampa’ para la arena y la tierra, convirtiéndose en un papel de lija húmedo que erosiona el esmalte en cada masticación. Cada vez que el perro aprieta la pelota entre los dientes, esa superficie abrasiva roza el esmalte, y lo hace miles de veces.Veterinarios odontólogos describen este fenómeno como tennis ball mouth, literalmente ‘boca de pelota de tenis’, un patrón de desgaste característico que termina por aplanar los colmillos y los incisivos de los perros.El problema suele pasar desapercibido porque aparece lentamente.

No hay una fractura espectacular ni un accidente evidente. Simplemente, los dientes empiezan a perder punta, a verse más cortos y lisos.

Cuando el esmalte se desgasta demasiado, queda expuesta la dentina, una capa mucho más sensible. A partir de ahí pueden aparecer dolor, dificultad para masticar, infecciones, inflamación e incluso necesidad de extracciones dentales.Asimismo los perros suelen ocultar muy bien el dolor oral y muchos siguen jugando, comiendo y comportándose aparentemente con normalidad incluso cuando ya existe daño importante.No es lo mismo jugar que obsesionarseEl problema principal no suele ser perseguir la pelota durante unos minutos, sino quedarse mordiéndola obsesivamente durante largos periodos.

Hay perros que utilizan la pelota casi como un ‘chicle’. La mastican mientras descansan, la aplastan repetidamente con las muelas o pasan horas enteras triturando la superficie de fibras.Esos animales son precisamente los que presentan más desgaste dental y también más riesgo de romper la pelota en fragmentos.

Algunas razas razas con una fuerte fijación por el juego oral, como los retrievers, los perros pastores, el pastor belga malinois o perros nerviosos, pueden deteriorar una pelota de tenis en pocos minutos.El riesgo de atragantamientoAparte del desgaste, otro riesgo importante son los accidentes por ingestión. Los perros con mandíbulas potentes pueden comprimir una pelota hasta deformarla completamente.

Si la pelota queda atrapada al fondo de la garganta, puede bloquear la vía respiratoria de forma muy rápida.También hay perros que arrancan y tragan trozos de goma y fibras de la cubierta exterior, fragmentos que pueden provocar desde irritación digestiva hasta obstrucciones intestinales que requieren cirugía urgente.Los veterinarios de urgencias describen asimismo situaciones relativamente frecuentes en las que la pelota arrastra suciedad, microplásticos, ramas y restos del suelo que el animal termina tragando.Existe otro detalle importante que muchas personas desconocen, y es que no conviene dejar que un perro juegue con varias pelotas de tenis a la vez. Algunos intentan coger dos simultáneamente y pueden empujar una hacia la parte posterior de la garganta accidentalmente.¿Entonces son peligrosísimas?

No exactamenteLa respuesta corta es no. Una pelota de tenis no es automáticamente un objeto prohibido ni estamos envenenando a nuestro perro.

Millones de perros juegan con ellas sin sufrir consecuencias graves. Un perro que persigue una pelota de tenis unos minutos bajo supervisión no tiene el mismo riesgo que otro que pasa horas masticándola diariamente hasta destruirla.Con muchísimos juguetes ocurre algo parecido y el peligro no depende solo del objeto, sino del uso que hace cada animal y de si la familia supervisa o no.Si un juguete es tan duro que dolería si te golpearas con él en la rótula, entonces también es demasiado duro para los dientes de un perro.Cómo utilizarlas de forma más seguraSi un perro disfruta muchísimo con las pelotas de tenis, no hay que eliminarlas para siempre, pero sí conviene utilizarlas con ciertas precauciones.

Lo más recomendable es reservarlas para juegos interactivos supervisados y retirarlas después. No deberían quedarse como juguete permanente disponible durante todo el día, especialmente en perros con tendencias destructivas.También es importante revisar frecuentemente su estado.

Si la superficie está rota, deshilachada, demasiado desgastada o la pelota empieza a agrietarse, debe retirarse inmediatamente. Pero, sobre todo, merece la pena observar cómo interactúa realmente el perro con la pelota, ya que no todos juegan igual.

Algunos simplemente corren y la devuelven. Otros la convierten en una actividad compulsiva de masticación.Alternativas más segurasActualmente existen muchas pelotas específicamente diseñadas para perros que intentan mantener el componente divertido del rebote y la persecución, pero con materiales menos abrasivos y más resistentes a la rotura.Las pelotas de caucho flexible para perros mordedores suelen ser una alternativa bastante más segura para un uso continuado.

También existen pelotas blandas dentales y modelos adaptados según el tamaño y la potencia mandibular.Una regla de oro que sugieren muchos veterinarios es la del 'golpe en la rodilla': si un juguete es tan duro que te dolería si te golpearas con él en la rótula, entonces también es demasiado duro para los dientes de un perro.