El embajador de Brasil anticipa un nuevo acuerdo más ambicioso para el Mercosur, el futuro para el gas de Vaca Muerta y el libre comercio en autos

El embajador de Brasil en Argentina, Julio Bitelli, afirmó que el vínculo bilateral se sostiene pese a las diferencias entre el Gobiernos. “Lo que importa es la relación entre los países”, si bien hay “visiones de mundo muy distintas y prioridades diferentes en la agenda internacional”.“Hay una comprensión en ambos países sobre la importancia de la relación bilateral. Eso hace que sigamos trabajando y profundizando la relación más allá de esas diferencias”, agregó Bitelli a El Cronista en el Cambras Business Day.— Luego de el acuerdo Unión Europea-Mercosur, ¿cómo es el día a día, el diálogo por cupos, ingreso de productos?— La coordinación entre Brasil y Argentina durante todo el proceso para finalizar las negociaciones con la Unión Europea fue muy buena.
Hubo una coordinación intra-Mercosur y bilateral que fue fundamental para alcanzar un buen resultado. Luego de la firma de ese acuerdo hubo un efecto muy importante: varios países comenzaron a negociar o manifestaron su disposición a hacerlo con el Mercosur.
Ya hay una fila de interesados que incluye a Canadá, Japón...— ¿Ya empezó la negociación con Japón?— Sí, ya comenzamos conversaciones con Japón. Con Canadá estamos cerca de un acuerdo y también con Emiratos Árabes Unidos.
Asimismo están Indonesia, Vietnam, República Dominicana, El Salvador y Panamá. Buscamos profundizar lo que ya tenemos con India, interés de China y también del Reino Unido, en distintos niveles.
Hay muchísimo interés de otros países en negociar con el Mercosur. Es una señal muy fuerte en un mundo rodeado de incertidumbres, donde la búsqueda de reglas claras es la regla.— ¿Puede haber un acuerdo Mercosur-China?
Las discusiones históricamente son bilaterales— Existe un diálogo Mercosur-China desde hace tiempo y ahora inició a hablarse de manera más concreta sobre algún tipo de acuerdo comercial. Hay un tema no menor, que es la relación de Paraguay con Taiwán, que agrega cierto grado de complejidad a esas conversaciones.— ¿Cómo impactó la política de EE.UU. y la guerra en flujos de comercio y energía?— Lo primero es entender que esos cambios no van a desaparecer.
Hay cuestiones que cambiaron para siempre. El cuestionamiento de las reglas internacionales es algo con lo que debemos convivir.
Eso lleva a que los Estados busquen acuerdos con otros países que comparten ciertos intereses y valores. La pérdida de reglas y la prevalencia de la incertidumbre obligan a destinar mucha energía para mantener funcionando el sistema internacional.
Entonces, al menos entre los países que coincidimos en ciertos temas, trabajemos juntos en esos temas. — ¿Es posible pensar en una posición común frente a Estados Unidos?— Hay un componente casi psicológico en cómo se mira la relación con Estados Unidos desde Buenos Aires y desde Brasilia. No hay dudas de que Estados Unidos es un socio estratégico tanto para Brasil como para la Argentina.
A partir de ahí existen diferencias en la forma de relacionarse con el gobierno estadounidense que hoy pueden complicar las cosas, pero no creo que sea imposible.— Planteó la posibilidad de llevar más gas argentino a Brasil. ¿Cómo avanzan esos proyectos?— La opción más sencilla, que de alguna manera ya inició, es utilizar la capacidad ociosa del Gasbol para transportar gas argentino a través de Bolivia.
Ya llegaron las primeras moléculas de gas de Vaca Muerta a Brasil. Los volúmenes todavía son modestos y el precio aún no es muy competitivo, pero demuestra que el esquema puede funcionar.
Se analizan otras alternativas: un gasoducto directo hasta Uruguayana, en la frontera con Brasil; el uso del gasoducto Cruz del Sur a través de Uruguay; una ruta por Paraguay, que quiere convertirse en país de tránsito; o el paso por Bolivia. También está la opción del gas natural licuado (GNL).Probablemente el resultado final sea una combinación de distintas alternativas.
Lo importante es que el gas llegue a Brasil en volúmenes significativos y a precios competitivos. — ¿Y cómo se piensa el financiamiento?— El BNDES es posible fuente para una parte de los proyectos. Es una inversión de gran magnitud, que requiere una visión de largo plazo y tiempo para recuperar los recursos.
Pero ya existe interés y creo que será posible reunir todas las piezas del rompecabezas para que funcione.— Otro de los sectores clave en la relación bilateral y para el Mercosur es el automotriz. El acuerdo bilateral prevé que a partir de 2029 comience a regir el libre comercio de vehículos entre Argentina y Brasil.
¿Cómo ven ese escenario?— El tema es que no sabemos qué va a ser el sector automotriz mundial en dos o tres años. Empezamos con los biocombustibles, después con los híbridos, luego con los eléctricos y después no sé, con los drones.
Es un sector en el que el avance tecnológico tiene un impacto muy profundo. El sector es muy importante para la relación bilateral.
Representa una parte significativa del comercio entre ambos países y, cuando uno conversa con los productores, percibe preocupación (por los importados). A lo mejor habrá necesidad de adaptar el acuerdo a las nuevas realidades.
Lo que veo es una conciencia compartida sobre la importancia estratégica del sector y una disposición a encontrar formas de adecuarlo a lo que viene.— Argentina está impulsando programas como el RIGI para atraer inversiones. ¿Brasil lo ve como competencia?— No.
Lo que existe es mucho interés por lo que está ocurriendo en Argentina. El sector productivo brasileño está observando muy de cerca la evolución de las transformaciones que atraviesa el país.
Para cualquier empresa brasileña que quiera internacionalizarse por primera vez, la Argentina suele ser el destino natural.— ¿Qué sectores muestran hoy mayor dinamismo en la relación bilateral?— En alimentos existe un intercambio importante y, de hecho, Argentina mantiene superávit. Vende más de lo que compra a Brasil.
Pero asimismo hay un potencial de cooperación muy interesante. El acuerdo Mercosur-Unión Europea abre oportunidades para trabajar juntos en el sector agropecuario y adaptarnos a las nuevas exigencias que impone ese acuerdo.
Hacerlo de manera coordinada es mucho mejor.— Hay economías regionales, como la olivícola, que ven el acuerdo Mercosur-UE con preocupación. La semana pasada hubo una reunión del sector y planteaban, por ejemplo, el impacto que tiene el ingreso de aceite de oliva de España a través de Brasil.— Siempre va a haber sectores que se sientan amenazados.
De hecho, esa es una de las razones por las que el acuerdo con la Unión Europea demoró tanto tiempo en concretarse. Es un acuerdo muy ambicioso y, como tal, genera impactos en distintos sectores.
Cuanto más sofisticada es una economía, más sectores participan de la negociación y más compleja se vuelve.No es ningún secreto que en Brasil hubo sectores que inicialmente se opusieron al acuerdo. Por eso fue necesario un gran esfuerzo de construcción de consensos, primero dentro de Brasil y luego en el Mercosur, donde también existían visiones diferentes.
Finalmente se logró una posición común del bloque, que fue lo que permitió concluir las negociaciones con la Unión Europea.Siempre habrá sectores que perciban que la competencia los perjudica. Pero lo que hay que analizar es el balance general.
Y para Brasil ese balance es claramente positivo: los beneficios del acuerdo son mucho más relevantes que sus costos.— Este año hay elecciones. ¿Eso puede afectar las negociaciones?— Idealmente debería influir lo menos posible.
Hay factores que ayudan y otros que complican, pero los intereses comunes son muy fuertes. Por eso van a seguir presentes.
Creo que de ambos lados de la frontera está claro que, si trabajamos de manera coordinada, los dos ganamos.— ¿Un pálpito para el Mundial?— (Risas, señala su pin de Brasil). No sé si Neymar va a jugar.
Pero a Brasil suele irle mejor cuando llega sin grandes expectativas.
Information from El Cronista. Edited by: Noticias Today.
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