Policías, peregrinos, autobuses y camiones descargando sin parar han transformado la imagen habitual de la calle Cullera, en Latina, este sábado por la tarde. El Cedia 24 horas de Cáritas del barrio, donde se presta un techo a personas sinhogar, ha sido el lugar elegido por el papa León XIV para escribir la primera página de su viaje a España después de la recepción oficial con los Reyes en el Palacio Real, un acto inevitablemente institucional, propio de un jefe de Estado.

Los que allí se encontraban celebraban que el Papa haya decidido inaugurar su paso por Madrid "con los pobres": "Es una declaración de intenciones", aseguraban a este medio los voluntarios con evidente ilusión y a golpe de abanico y gorras con el lema del viaje: "Alzad la mirada".En el patio de Cedia apenas ha entrado el escenario y unas 200 sillas, todas ocupadas por representantes de entidades sociales. Sobre cada asiento les aguardaba una flor de cartulina.

Los asistentes debían escribir en ella sus deseos, agradecimiento o inquietudes para el Papa para, después colgarlas en un árbol instalado en el patio, convertido por unas horas en "símbolo de esperanza compartida". Entre el público, François, usuario del centro, ha agradecido en la flor "la labor de León XIV por los migrantes".

José Luis, ex preso de Soto del Real, le ha pedido que siga luchando "por romper muros". A las 18.30 horas, con puntualidad inglesa, ha llegado León XIV, desatando una ola de aplausos y vítores dentro y fuera del centro.

Primero, ha visitado las estancias del centro, con literas y comedores, después ha descubierto una placa conmemorativa y ha acabado subiendo al escenario. Después, León XIV ha escuchado atentamente los testimonios de dos usuarios del centro: Niurka, Khadri.

Y el de Alicia, una voluntaria. Después, ha tomado la palabra y se ha presentado como un vecino más.

El Papa construyó todo su discurso alrededor de las historias de Niurka, madre coraje con dos hijos nacidos lejos de su casa, Cuba; Khadry, una historia de migración con final feliz en forma de permiso de residencia y la de Alicia, acompañante social de mujeres vulnerables."Quién está en Madrid, es de Madrid. Y por tanto yo también estoy entre vosotros como un madrileño más", afirmaba.Cedia, un "Belén sencillo y acogedor"Después, el Sumo Pontífice sorprendió a los asistentes comparando el centro Cedia con un portal de Belén, "una casa donde la alegría y el dolor de algunos, son la alegría y el dolor de todos".

Madrid, recordaba, "es famosa por los nacimientos navideños que llenan la ciudad cada diciembre". Pero afirmó que la auténtica belleza del nacimiento se encontraba allí mismo, en ese "belén sencillo y acogedor" que voluntarios y trabajadores preparan literalmente día y noche para recibir a Jesús presente en quienes llaman a la puerta buscando ayuda.En general, la palabra que más veces apareció fue "encuentro".

León XIV reivindicó una Iglesia que no se limite a prestar ayuda material, sino que mire a los ojos. Para ello, recordó una reflexión del papa Francisco sobre "el riesgo de una caridad deshumanizada o reducida a mera asistencia".

En esta línea, el Pontífice lamentó que, en ocasiones, la caridad sea "despreciada o ridiculizada", como si se tratara de una preocupación secundaria. Frente a ello, reivindicó que la atención a los pobres constituye "el núcleo mismo del Evangelio" y advirtió contra las ideologías o planteamientos que terminan convirtiendo a "las personas vulnerables en categorías abstractas".Después del fin del discurso, se le ha entregado el árbol de la esperanza, lleno con las tarjetas en forma de flor donde los presentes han escrito sus deseos, peticiones o agradecimientos.

Una imagen sencilla, pero con la que el Cedia busca representar lo que es: un árbol que sostiene la esperanza de los que allí acuden. Una vez terminado el acto, el Papa ha visitado el templo parroquial antes de emprender su camino hacia la plaza de Lima, donde cientos de miles de jóvenes le esperan en una gran vigilia, el primero de sus actos masivos.

Así, el Papa irá encadenando actos hasta el martes, cuatro días en los que verá muchos lugares de la capital, grandes, pequeños, institucionales o íntimos, pero, como él ha prometido, con la intención de verlos "como un madrileño más".