Mirar al detalle la factura de la luz exige tener en alta estima la labor que hace el Gobierno con los impuestos. Solo aproximadamente el 60% del recibo es por la electricidad.

El resto es una suma de recargos añadidos con el paso de los años, conforme las Cuentas acumulaban más déficit. Si se decide a leer esa factura, encontrará palabras como "peaje", "impuestos", "anualidades del déficit" o "sobrecoste de generación", cada una con una cifra extra que suma al total.

Y como le dé por comparar la carta de mayo con la que le enviarán en junio, detectará 11 puntos más de IVA. Hace tiempo que ese recibo no paga solo la luz, sino que es otra forma más de financiar el estado del bienestar.

Hasta ahí, bien. Los problemas llegan cuando se percibe que ese dinero financia asuntos menos defendibles.

Y en ese punto estamos.