Uno de los dichos más conocidos de la Biblia reza: “Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos”. Dependiente del espíritu, esta virtud no implica por lo tanto escasez material.

Bajo esa premisa, gestoras y profesionales de las finanzas ofrecen fondos que prometen rentabilidad invirtiendo solo en empresas alineadas con los principios de la Iglesia. Esto implica excluir compañías que vulneren los derechos humanos o inflijan daño a las personas, como negocios asociados a dictaduras, pero también aquellas vinculadas a otros axiomas: la fabricación de anticonceptivos o la investigación con células madre embrionarias, por citar algunos ejemplos.

Lejos de ser tan raros como un milagro, estos productos financieros son una realidad en franco ascenso.Seguir leyendo