Juan Antonio Samaranch decía de los Juegos Olímpicos de 1992 que habían conseguido cambiar la mentalidad de los barceloneses. “Ahora son más optimistas, menos quejicas”, defendió, en una entrevista en La Vanguardia en marzo de 1996. No se ha perdido el deporte social –casi olímpico– de fiscalizar todos y cada uno de los 73 barrios de Barcelona, pero si algo consiguió ese verano, coinciden todos los que lo hicieron posible, es asentar una confianza que ya nunca se marchó.

Al frente de la metamorfosis, con permiso de Maragall, estuvo precisamente el ya desaparecido presidente del Comité Olímpico Internacional (COI), fallecido en el 2010, una figura a la que ayer se rindió homenaje justo el año en el que se cumplen 40 años de su “a la ville de... Barcelona”.Seguir leyendo...