Hay una hipnótica actividad que recorre el All England Tennis Club desde primera hora de la mañana. Son los cortacéspedes que, con la misma formalidad y marcial ejecución que los recogepelotas se entrenan por el recinto antes de la jornada, marchan sobre las pistas los jardineros recortando la hierba hasta la tradicional medida de los 8 milímetros.

Ni uno más, ni uno menos. Para que el juego se despliegue siempre en las mismas condiciones, desde el primer hasta el último día.

Pero desde hace algunas ediciones, también Londres convive con un aumento de las temperaturas en esta época del año, con olas de calor que han provocado algunos ajustes en el tradicional torneo de Grand Slam.Lo explica Neil Stubley , responsable de Pistas y Horticultura, que cumple con esta su edición número 31. En su equipo, 18 personas durante todo el año que aumenta hasta 31 durante los días en los que hay tenis.

Conoce todos los detalles, todas las semillas, todos los secretos y dificultades que esconde esta superficie única, tan viva como delicada, tan atractiva para los jugadores como vistosa para los aficionados, tan complicada de manejar como de cuidar y tratar.Entre las pistas de Roehampton donde se celebra la fase previa, las 16 de entrenamiento en Raynes Park y las 14 en las que discurre el cuadro principal del Grand Slam, son 88 pistas que Stubley conoce a la perfección, que protege y mima hasta el último detalle. Desde el final de la edición anterior (se renuevan todas las pistas entre agosto y septiembre) hasta el final de la siguiente.

Desde primera hora de la mañana hasta bien entrada la noche. «Todos los días probamos la altura del rebote de la pelota y la dureza de la superficie. Si se están endureciendo demasiado, podemos añadir un poco más de agua.

Si se ablandan demasiado, podemos simplemente suspender el riego y dejar que la naturaleza las seque un poco más», concede como primera faena del día, sobre las 9.30 de la mañana, todas las mañanas, una vez que las pistas se descubren de la lona que las protege por la noche. Al final del torneo serán 18.240 comprobaciones; las líneas del fondo se chequearán 31.200 veces para ver el comportamiento de la superficie; y en 1.822 ocasiones se verificará la altura correcta del bote de la pelota.Noticia relacionada general No No Wimbledon Zverev cambia de fantasmas: del ¿y si no gano nunca? al ¿y si no gano otro?

Laura MartaHasta ese color verde característico está estudiado al detalle para que sea atractivo, pero jugable; y no solo la naturaleza puede dar ese cóctel. Ese color verde viene del nitrógeno que las plantas descomponen, pero necesitan mucha agua, por lo que no sería viable para el juego al quedar más esponjoso de lo necesario.

Así que Stubley y su equipo añaden fertilizante con hierro una semana antes de que se estrene la Pista Central. A partir de ahí, el recorte diario a los 8 milímetros, y a esperar a que se vaya modificando el tapete en función de lo que digan los jugadores en cada partido, con esas 1.250 horas de juego que se estima se producen en estos 14 días de torneo.

Desde hace ya unos 20 años, la característica T marrón que iba creciendo conforme los tenistas sacaban y se iban a la red a volear se fue convirtiendo en una mancha por detrás de la línea de fondo desde la que todos los jugadores ejercen su máxima presión en los cada vez más potentes intercambios. Sí, incluso en la hierba.AFPEs una desgaste inevitable y un desafío mayúsculo, concede Stubley esa mezcla entre jugabilidad y viveza.

Son seis millones de toneladas de semillas, cuyas raíces estarán a unos 200 milímetros de profundidad, en 200 toneladas de tierra. Por eso hay exámenes cada día, no solo de la dureza, sino también de la cobertura en toda la pista, el índice de clorofila, la humedad (a través de una sonda de humedad que atraviesa varias pistas) y las grietas que puedan producirse con el desgaste.Un torneo que suele ser reticente a los cambios admitió una modificación total en uno de sus componentes más genuinos: las semillas.

Desde 2001, se utiliza la especie Lolium perenne, que comprobaron era más resistente al juego y tenía mayor duración. Sobre todo en un exigente ambiente como es el aire libre y en una ciudad que también vive cada año el aumento de las temperaturas.

Plantas más duras, menos hortensiasA lo largo de los años, Stubley y su equipo ha estudiado diferentes especies de césped que son más tolerantes a las condiciones secas para paliar estos cambios, con olas de calor y temperaturas que superan los 30 grados y que aumentan debido a la humedad.ReutersPero no solo el césped vive inmerso en esta adaptación a las nuevas circunstancias de veranos más calurosos. Martyn Falconer, jardinero jefe, también estudia la manera de que las 28.000 plantas permanezcan lo más vivas posibles desde el primer hasta el último día.

Por ejemplo, las 15.000 petunias aproximadas que pintan las 17 hectáreas de terreno, y las hortensias, marca de identidad del club pero que, poco a poco, van desapareciendo.Esto ha provocado que se mire hacia otras plantas como la lavanda, también moradas, y que resisten mejor la sequía. «Históricamente, siempre hemos tenido hortensias, que son plantas que necesitan mucha agua. Como parte de la tradición, no queremos eliminarlas por completo, así que nos centramos en ubicar las plantas que requieren más agua en las zonas más sombreadas», explica Stubley, que señala a plantas de hoja perenne como imagen del Wimbledon del futuro, y a ubicar a las que menos agua necesiten en zonas más soleadas. «A veces se pueden obtener ciertas variedades en la misma planta, como ocurre con el césped, que en realidad son más tolerantes a la sequía.

Así que, en realidad, obtienes la misma planta y el mismo aspecto, pero vive de forma ligeramente diferente», concede Stubley, que no le tiene miedo a esta «inevitable» transformación del paisaje, y que, asegura, no trastocará los colores esenciales verde, blanco y morado del All England Tennis club.