Alejandro Davidovich, otra vez, derrotado por su malditismo. En los mejores escenarios, cuando juega ante miles de aficionados y le enfocan una docena de cámaras, la frustración y la mala suerte se le ponen delante y son rivales demasiado poderosos.

Toda la vida le han perseguido y, a sus 27 años, siguen haciéndolo. El tenista de enfrente importa, claro que importa, pero más importa él, lo que le ronda.

Este domingo, el español perdió por 6-7(4), 7-6(6), 6-3, 6-7(2) y 6-1 en octavos de final de Wimbledon ante Félix Auger-Aliassime, sin que su tenis lo mereciera.