Este tramo de la calle San Ildefonso, Centro Histórico de Ciudad de México, tiene un lugar especial en la historia del país, pero antes de llegar tienes que sortear puestos ambulantes y carretillas empujadas a toda prisa por trabajadores que transportan bultos acumulados más allá de esta zona. Vibra el comercio informal y establecido.Es parte de corazón de lo que formó el Barrio universitario, empezando por la primera preparatoria y otras escuelas de estudios superiores en las que estudiaron y enseñaron ilustres mexicanos, hombres y mujeres; en esta una hondonada hay una exposición fotográfica al aire libre sobre futbol llanero y de barrio.“El juego bonito de las favelas brasileñas, el chido de los barrios y márgenes mexicanos”, escribe Gloria Muñoz Ramírez, directora de Desinformémonos, en un texto titulado Fuera de lugar. “El futbol comunitario” de las periferias “que se teje entre redes” y “sobre el concreto o el terreno sin pasto, entre la polvareda que levanta cada patada, con o sin gol como destino”.Y con el título Bolita por favor, fotografías de Jesús Hernández, con textos del escritor y periodista Herman Bellinghausen: “Hay de redes a redes.

En el mar pescan peces. Las mejores en tierra son las que atrapan el gol, la razón de ser de la bola, la vida y la banda, en pandilla o en familia, en torno a la cancha que bien puede ser el llano o la playa, el parque, el patio o la azotea”.Hiciste una escala para observar las fotos, montadas en bastidores a la intemperie, acompañado de tu amigo Jesús Navarro Reyes, economista del IPN, quien te había informado sobre la exposición de artesanos en el patio de Casa Tlaxcala, lo que dio pie para escudriñar joyas arquitectónicas.

Y te detuviste frente al número 40, una casona del siglo XVII1 donde vivió el poeta, escritor y héroe cubano José Martí, un inmueble remozado convertido en la representación del estado de Tlaxcala, donde asimismo hay una exposición con productos artesanales de algunos estados, asimismo de 32 piezas monumentales del artista César Menchaca.La sorpresa estaba a la vista.Y más todavía.Supiste entonces que el representante del Gobierno de Tlaxcala en CDMX es Ricardo Peralta Saucedo, cuyo padre fue catedrático en la Antigua Escuela Nacional de Jurisprudencia, ubicada en el número 28 de esa misma calle, recinto de la Facultad de Derecho de la UNAM, de la que Peralta es egresado y maestro.De pronto se te hicieron los ojos de plato cuando estuviste enfrente del conocido —¿controvertido?— personaje, ex subsecretario de Gobernación con Olga Sánchez Cordero, ella como titular en esa dependencia, asimismo durante poco tiempo de director de Aduanas en el sexenio de Andrés Manuel López Obrador.Pero ese es otro tema.Por lo pronto es un personaje que le emociona hablar de la obra de Menchaca, la mayor parte concentrada en una sala especial, asimismo de la planta baja y el primer piso de la casona.Tú venías a la exposición.Y sus colaboradores te llevaron con él.Los ojos de plato desaparecieron y todo volvió a la normalidad. El compañero camarógrafo propuso que el funcionario se colocara en uno de los balcones y tú en el siguiente, con la perspectiva al fondo del Antiguo Colegio San Ildefonso que se convirtió en la sede de la Escuela Nacional Preparatoria.Magnífica vista. —¿Por qué el título?— Le pusimos Mexicanizando al mundo, porque no tiene que ver solamente con una región del país, sino con todo México; por eso están los estados de la República; asimismo, la exposición del maestro Menchaca, tiene un significado muy especial: él viene de la comunidad Wixárika, conocida como huichol, cuyos integrantes radican en su taller de Ciudad de México; el maestro únicamente hace las esculturas, mientras el trabajo de las chaquiras, una a una, están tocadas por la comunidad en esta capital.Y es que el pueblo Wixárika abarca parte de Jalisco, Nayarit, Zacatecas y Durango, entre otros, recuerda Peralta Sucedo, quien detalla sobre los trabajos que realiza la etnia: “El arte Wixárika, que utiliza elementos sagrados como el peyote, el venado, el colibrí son y tienen un significado cósmico, acerca, entre muchas otras, de la ceremonia del venado”.—¿Y qué de especial tiene este caserón?—Una historia con antecedentes latinoamericano y mundial, porque en esta casa fue del licenciado Manuel Mercado, quien estudió en la Escuela Nacional de Jurisprudencia, que está en la esquina.Y también se desprende otro dato desconocido por muchos transeúntes, como sucede con varios inmuebles del Centro Histórico de Ciudad de México.Peralta detalla: “En esta casa Manuel Mercado conoció a José Martí, que vivió dos años; y a la vuelta, en la calle Del Carmen, Martí conoció a su primera esposa, con la cual procreó dos hijos, una mexicana que era hija de un comerciante”.Y en Casa Tlaxcala, a lo que venimos, hay una exposición de artesanos y emprendedores de diversas entidades, empezando por el estante de Aguascalientes, donde venden dulces de guayaba, mazapanes de sabores, cartonería y arte plumario.El representante de artesanos de esa entidad es Salvador Rodríguez Martínez, que se dedican a diferentes técnicas de productos artesanos de la entidad.Por ejemplo, comenta Rodríguez, la cartonería.—La verdad es que es una cartonería muy fina; otro compañero trabaja el arte objeto y pintura sobre madera; y yo —añade— me dedico al arte plumario.

Toda la pluma que utilizo es la muda de las aves, no se sacrifican, no se violentan.Y a la vuelta está la productora Lizette Vázquez, de Colima, un estado del Pacífico mexicano, “el cuarto más pequeño del país, pero con una grandeza extraordinaria, porque tenemos todos los microclimas”.De Tlaxcala viene Lua Polette González Rodríguez, encargada de la tienda de artesanías elaboradas por productores de esa entidad, que cuenta con sesenta municipios.—¿Y qué tenemos aquí?—Tenemos talavera de San Pablo del Monte, donde nace la talavera; los tallados en madera son del municipio de Tizatlán, como este bastón de mando.También hay artesanías y gastronomía de otras entidades, que con el paso de los días llegarán de otros estados.Y nos despedimos de esta casona en la que vivió José Martí, el poeta cubano cuya figura se multiplica en paredes de una sala especial, donde lucen las obras monumentales de Menchaca, distribuidas en pasillos, escaleras y rincones, asimismo de las reunidas en una sala especial, donde irradia una antigua reliquia: El lienzo de Tlaxcala, un documento “que da cuenta de un pueblo que se pensaba conquistador al igual que los españoles”.