En defensa del llanto

La frase británica dice que “toda carrera política termina en lágrimas”, a lo cual los españoles podemos oponer que las carreras políticas suelen terminar en el juzgado, con la excepción de un Mariano Rajoy que terminó —ahogó— su carrera política en whiskys. Hace apenas unos días, en todo caso, hemos visto a Keir Starmer cumplir con el dicho y llorar al anunciar su dimisión.
Y hay quien ha subrayado que mientras Starmer lloró al mencionar a su esposa y a sus hijos, en el mismo lugar y en el mismo trance, Theresa May lloró únicamente al mencionar “al país” que amo. Las lágrimas y sus causas son en efecto personalísimas, tanto que hay quien no las derrama nunca.
Cuando le tocó a ella despedirse de Downing Street, Margaret Thatcher se las arregló para sonreír de dientes afuera, pero un fotógrafo la captó con los ojos ya borrosos dentro del jaguar. Y luego de regalarle al mundo el Brexit, Cameron terminó su discurso de adiós no llorando sino —botarate hasta el final— silbando una canción.Seguir leyendo
Information from El País. Edited by: Noticias Today.
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