Toy Story 5: El cinismo de la nostalgia

"Candil de la calle, oscuridad de su casa". La frase parece hacer referencia directa a Toy Story 5.La película de Pixar ha basado sus cinco entregas en torno a la lealtad incondicional entre Woody, el sheriff, y Buzz Lightyear, el guardián espacial, quienes, juntos, exploran la angustia de la pérdida, la transición hacia la madurez y la búsqueda de propósito ante el inevitable olvido de sus dueños, Andy y Bonnie.En esta ocasión, se presenta a una Jessy que, ante la llegada de LilyPad —un dispositivo inteligente que acapara la atención y el juego de Bonnie—, se ve orillada a encabezar una resistencia frente a lo que la película identifica como el fin de la creatividad analógica.
La trama no se limita a mostrar juguetes olvidados; coloca a una vaquera que personifica la resistencia en un campo de batalla que se torna desigual, pues la tablet no es sólo una herramienta, sino un catalizador que, a ojos de la narrativa, despoja al niño de su capacidad de fabular, reduciendo el juego a la pasividad de una interfaz.Pero es aquí donde la ficción no se separa mucho de la realidad y, lo que es más, se entrelaza con la esfera política, constatando por qué los medios son llamados el cuarto poder. En tiempos recientes, se ha vuelto bandera de combate el de las infancias secuestradas por la pantalla.
Basta con voltear a ver al gobierno de Francia, encabezado por Macron, con sus intentos de vetar redes sociales, o la intentona del británico a través de la Online Safety Act, que venden el prohibicionismo como un ejercicio de ciberseguridad, cuando en realidad se esconde la desidia administrativa que no ha diseñado políticas de alfabetización digital. Y entonces, los gobiernos, al igual que Jessy intenta "desconectar" a la niña para devolverla a su realidad, la política actual busca aislar al menor para evitarse la complejidad de regular algoritmos y proteger datos.Pero también asombra el doble juego de Pixar al validar la romantización del pasado, validando una nostalgia que más bien tiene que ver con el control del espectador que han perdido y que se ha visto reflejado en fracasos taquilleros como los de Star Wars ante estrellas del metaverso.
Por ello se aplaude la demonización de los espacios cibernéticos.Resulta cínico que Pixar utilice la tecnología más avanzada para sermonear al público sobre los peligros de lo digital, mientras los medios tradicionales celebran el mensaje porque, en el fondo, añoran los tiempos en que la información era predecible y fácilmente gobernable.Así que termina siendo una ironía que, en la cuna de la innovación, la postura sea el ataque a lo que ha sido su esencia. La tecnología no representa una amenaza a la humanidad, sino que puede convertirse en usar este acceso a grandes universos y convertirnos en sujetos con capacidad de análisis.
Aquel Hello! con el que Steve Jobs saludó al mundo desde la pantalla de una computadora no debe convertirse en un Goodbye.
Information from Milenio (México). Edited by: Noticias Today.
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