La vendedora de buñuelos

SANTA ROSA.— En un contexto económico y laboral lleno de transformaciones, existe un relato instalado que suele etiquetar a los jóvenes como indiferentes o conformistas. No obstante, la realidad en las calles demuestra todo lo contrario.
La juventud actual no solo tiene ganas de trabajar, sino que inyecta una energía y una resiliencia que están transformando el día a día de nuestra comunidad.Un claro ejemplo de este empuje es Mía Valentina Rambur, una joven santarroseña de 20 años que personifica la búsqueda de autonomía, el esfuerzo diario y el deseo de superación de toda una generación.A pelearla en la calleMía Valentina inició hace poco a estudiar Procuración y Abogacía, pero al darse cuenta de que no era su verdadera vocación, decidió dejar la carrera. Lejos de quedarse de brazos cruzados, buscó activamente una salida laboral.
Vio una publicidad en la que solicitaban vendedores ambulantes, asistió a la entrevista y quedó seleccionada para formar parte de un emprendimiento local: una fábrica de buñuelos comandada por Eric Ayala.Desde el martes pasado, Mía sale a trabajar a la calle vendiendo buñuelos clásicos y rellenos (de manzana, banana y con pasas de uva). A pesar de las bajísimas temperaturas que se registran por estos días en la ciudad, su entusiasmo no decae."Estos días sí pasé frío"El gorro que le tapa el cabello y le llega hasta los lentes que le dan un cierto aire aniñado, y todas las ganas de vender el producto que ofrece.
Y hay que decirlo: la gente es empática, y por eso se paran al verla en esa esquina de Avellaneda y Lagos donde hizo su primera parada.Su trabajo consiste en salir al centro a vender por comisión. El éxito de su esfuerzo es evidente: el emprendimiento les entrega 10 docenas diarias por vendedor y Mía ha logrado agotar el stock en cada una de sus jornadas.
"Los días pasados se vendieron todos, y hoy también los vamos a vender todos", asegura con una confianza contagiosa.La cultura del trabajoLa historia de Mía refleja el espíritu de muchos jóvenes de entre 18 y 25 años. Su entorno familiar —hija de Miguel Horacio Rambur y Andrea Guillermina Jiménez, y hermana menor de Román Nicolás, quien estudia Ingeniería Civil— la acompaña en este camino donde el trabajo y el estudio se complementan como herramientas de progreso.El empleo actual en la venta ambulante no es el destino final de Mía, sino un escalón fundamental y digno.
El año que viene planea retomar sus estudios de manera virtual, apostando por partida doble a la Tecnicatura en Diseño Visual y a la Tecnicatura en Informática de Gestión, con la firme meta de capacitarse y conseguir un buen trabajo el día de mañana sin irse de su querida Santa Rosa.El emprendimiento para el que trabaja —que en la actualidad produce desde un departamento pero ahorra con el sueño de abrir un local propio— crece gracias a la dedicación de jóvenes como ella, que se animan a afrontar la calle, el frío o el calor con una sonrisa y una canasta llena de proyectos.Un llamado a la confianzaEl verdadero desafío actual no es la falta de voluntad de la juventud, sino la necesidad de conectar esas inmensas ganas de trabajar con oportunidades reales. Casos como el de Mía Valentina demuestran que, cuando se les abre una puerta, los jóvenes son los primeros en ponerse la camiseta, afrontar las adversidades climáticas o comerciales y demostrar de lo que son capaces.La juventud santarroseña está lista, activa y con las herramientas preparadas.
Solo hace falta confiar en ellos y dejarlos andar.
Information from La Arena (La Pampa). Edited by: Noticias Today.
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